Ir al contenido principal

Acuérdate de Jesucristo

Meditación sobre 2 Tim 2,8-13

Timoteo fue uno de los más estrechos colaboradores de San Pablo; un hombre que gozó de su completa confianza y al que el Apóstol quería de un modo especial. Pablo le escribe desde la prisión, que esta vez es la antesala de la muerte. A Pablo la muerte no le altera. Él ha sido elegido apóstol de Cristo Jesús, por voluntad de Dios, para anunciar la Promesa de vida que está en Cristo Jesús; eso es lo que ha hecho y está tranquilo. Su confianza en Dios la expresa el Apóstol en una página conmovedora con la que se despide de su amigo:

Cuanto a mí, estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. He combatido el buen combate, he llegado a la meta en la carrera, he guardado la fe. Ya me está preparada la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que aman su Venida.

Pablo entiende su vida de apóstol como una ofrenda agradable a Dios –es lo que «derramado en libación» significa–; una ofrenda que sabe que Dios acepta complacido. El Apóstol ve su vida a la luz de los juegos deportivos de Grecia; lo importante es que ha combatido el buen combate, que ha llegado a la meta en la carrera y que ha vencido: ha guardado la fe. Para la corona de la victoria San Pablo confía en «el Señor, justo Juez». No le interesa el juicio del mundo ni le interesa nada que del mundo pueda recibir; ni siquiera le interesa el juicio de su propia conciencia; solo el juicio del Señor, justo Juez.

   Si pedimos a Dios que nos dé una fe fuerte, una fe que nos haga amar cada vez más intensamente el encuentro definitivo con el Señor, cuando se acerque el momento de nuestra partida veremos nuestra vida a la luz de estas palabras del Apóstol, y con el corazón lleno de paz.

En esta Carta, además de la despedida, escuchamos el testamento que Pablo deja a su colaborador; es una densa síntesis de la Redención:

Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, por el cual sufro hasta las cadenas como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada. Todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación en Cristo Jesús con la gloria eterna.

Acuérdate de Jesucristo. Es el testamento que nos deja el Apóstol a nosotros. Acuérdate de Jesucristo siempre; en todo lugar; en cualquier circunstancia de la vida. Acuérdate de Jesucristo y eso te llenará el corazón de paz y de alegría, la paz y la alegría que Él ha venido a traernos, la paz y la alegría que el mundo no puede dar pero que tampoco puede quitarnos.

   Acuérdate de Jesucristo en la hora del sufrimiento para unir tus fatigas y dolores a la Pasión del Señor. Descubrirás que no sufres en vano, que tu sufrimiento es eficaz para que la palabra de Dios resuene en el mundo entero; que sufres para que todos los cristianos alcancen la salvación en Cristo Jesús con la gloria eterna.

El Apóstol continúa:

Es cierta esta afirmación:

Si morimos con Él, también viviremos con Él;

si perseveramos, también reinaremos con Él;

si lo negamos, también Él nos negará;

si no somos fieles, Él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo.

Para vivir con Cristo hay que morir con Él. Si perseveramos día a día en este morir con Cristo para vivir con Él, cuando el Señor nos llame a su presencia nos dará a participar de su realeza, y reinaremos con Él.

   Jesucristo nos toma en serio; respeta nuestra libertad. Si lo negamos, también Él nos negará. Así nos lo dice en San Mateo:

“Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, Yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré Yo también ante mi Padre que está en los cielos”.

Pero Jesús permanece fiel; fiel al amor que nos tiene; fiel al poder de su Sangre derramada de perdonarnos los pecados y de reconciliarnos con su Padre Dios. Jesucristo no puede negarse a sí mismo. La Cruz es el testimonio definitivo de la fidelidad de Jesús a su Padre y a nosotros. La Resurrección es el sello que Dios pone a esa fidelidad.

   La fidelidad de Cristo es el fundamento sólido de nuestra esperanza; el único fundamento. Todo lo demás, antes o después, se hundirá en el abismo del tiempo y de la muerte. Sólo la fidelidad de Jesucristo permanecerá para siempre. A esa fidelidad podemos volver siempre. Esta seguridad es un estímulo para nuestra lucha por ser fieles al Señor. Hasta que Jesucristo nos resucite el último día. Por eso, Acuérdate de Jesucristo.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Si el Hijo os da la libertad

Meditación sobre Jn 8,31-36 Jesús está enseñando en el Templo. Lo que nos va a revelar en unas pocas palabras es completamente asombroso : Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en Él: “Si permanecéis en mi Palabra seréis verdaderamente mis discípulos, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.    Ellos le respondieron: “Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: «Seréis libres»?”    Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis verdaderamente libres”. Jesús habla de la libertad que solo Él, el Hijo, puede darnos: es la libertad de la gloria de los hijos de Dios: la libertad que nos hace verdaderamente libres, nos libera de la esclavitud del pecado y nos abre las puertas de la Casa del Padre para siempre. Para darnos esa libertad ha ...

Padre, ha llegado la Hora

Meditación sobre Jn 17,1-5 Justo después de la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, pocos días antes de la Pasión, San Juan nos dice: Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: “Señor, queremos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Qué bien expresada está lo que va a constituir la misión de los apóstoles de Jesús en la Iglesia: llevar a gente de toda procedencia al encuentro con Jesús. Jesús les respondió: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”. Ha llegado la hora que la creación esperaba desde el pecado del origen; la hora para la que el Hijo de Dios ha venido al mundo; la hora de la fecundidad. Ha llegado también la hora de la angustia del alma de Jesús: “Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy ...

Servid al Señor

  Meditación sobre Rom 12,9-21 San Pablo comienza la parte de la epístola que dedica a la conducta del cristiano con una revelación muy poderosa. Para entender las palabras del Apóstol, tenemos que escuchar antes el diálogo que nos ha dejado San Juan entre Jesús y la mujer samaritana. Primero habla la samaritana:  Le dijo la mujer: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron a Dios en este monte, y vosotros decís que el lugar donde se debe adorar está en Jerusalén”.     Le respondió Jesús: “Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación procede de los judíos. Pero llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre busca. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y en verdad”. Los adoradores que ...