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Mostrando las entradas etiquetadas como Escritos del NT

La gran misericordia de Dios

 Meditación sobre 1 Pe 1,1-9 San Pedro nos escribe esta Carta para ayudarnos a alcanzar la salvación, que es la meta de nuestra fe. Hasta esa hora gloriosa en la que entraremos en nuestra verdadera patria, todos vivimos como extranjeros en la dispersión. Pedro, apóstol de Jesucristo, a los que viven como extranjeros en la dispersión: en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según el previo conocimiento de Dios Padre, con la acción santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su Sangre. A vosotros gracia y paz abundantes. La tierra es de Dios y, aunque el hombre no tiene en ella morada permanente, vivimos ya como elegidos de Dios Padre para, con la acción santificadora del Espíritu, obedecer a Jesucristo y ser rociados con su Sangre. Es la Nueva y Definitiva Alianza en la Sangre de Cristo cuyo fruto es la gracia y paz abundante. La alianza del Sinaí en la sangre de los novillos inmolados como sacrificio fue un tipo. Ahora, un una precios...

El Nombre dado a los hombres

Meditación sobre Hch 4,1-12 Estamos en Jerusalén, pocos días después de Pentecostés. Todos los apóstoles, han quedado llenos del Espíritu Santo. Pedro, tal como el Señor se lo pidió, está fortaleciendo en la fe de los demás discípulos. A raíz de un discurso en el Templo, Pedro es detenido junto con Juan: Estaban hablando al pueblo cuando se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos, molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban en la persona de Jesús la resurrección de los muertos. Les echaron mano y les pusieron bajo custodia hasta el día siguiente, pues  había  caído ya la tarde. Pero muchos de los que oyeron la Palabra abrazaron la fe, y el número de hombres llegó a unos cinco mil . Es el primer conflicto de los Apóstoles con las autoridades de Jerusalén. En el Cenáculo, poco antes de encaminarse a la Pasión, Jesús les había advertido: “Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mu...

Vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad

Meditación sobre Heb 10,1-18 El autor de la Carta está contraponiendo el Sacrificio de Cristo con los sacrificios del Antiguo Testamento: No conteniendo, en efecto, la Ley más que una sombra de los bienes futuros y no la realidad de las cosas, no puede nunca, mediante unos mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, dar la perfección a los que se acercan. De otro modo, ¿no habrían cesado de ofrecerlos, desde el momento que los que ofrecen ese culto no tendrían ya conciencia de pecado una vez purificados? Al contrario, con esos sacrificios se renueva de año en año el recuerdo de los pecados. Es imposible, de hecho, que la sangre de toros y machos cabríos elimine los pecados.   La Ley, que todo lo que contiene son sacrificios de toros y machos cabríos, no es más que una sombra de los bienes futuros. Por eso los sacrificios que Israel ha ofrecido a Dios durante siglos según la ley de Moisés, no pueden eliminar los pecados. Pero, cuando es el Israel fiel el que los ofrece...

Permanecer en Jesucristo

Meditación sobre 1 Jn 3,1-10 El corazón del cristianismo es el Amor que el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo nos tiene.  San Juan lo expresa con fuerza: Mirad qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios, ¡y realmente lo somos! Por eso el mundo no nos conoce, porque no le  conoció a Él . Queridísimos: ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como es. El Amor del Padre en el origen. Siempre. El Amor con el que el Padre ama al Hijo y que Jesucristo ha venido a traernos. Así se lo dirá al Padre justo al final de la oración en el Cenáculo: “Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero Yo te he conocido y éstos han conocido que Tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que Tú me has amado esté en ellos y Yo en ellos”. En el amor del Padre podemos fundamentar nuestra...

El mundo pasa

Meditación sobre 1 Jn 2,1-17 En esta carta el apóstol se dirige a los cristianos con el mayor afecto. Con el mismo afecto le escuchamos: Hijitos míos,  os escribo  esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos un Intercesor ante el Padre: Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. Qué palabras tan profundas y tan esperanzadoras. Cómo contrasta la sencillez de su consejo paterno con la poderosa revelación que nos hace. El  contraste responde a que cada uno de nuestros pecados, por muy trivial que nos parezca, vive en el horizonte escatológico, en el ámbito de las realidades últimas donde nos jugamos la salvación. Por eso sólo Jesucristo, que es el Hijo y el Justo, puede ser nuestro Intercesor ante el Padre. Cristo es la Víctima de expiación por los pecados; su Sacrificio es permanente y de valor universal. En este horizonte hay que escuchar la invitación que Juan nos ...

Vencer con Cristo

 Meditación sobre Ap 2-3 El libro del Apocalipsis se abre con una poderosa revelación de Jesucristo Resucitado. De esta revelación toma el autor del libro los rasgos de Jesucristo que aparecen en las cartas que dirige a las siete iglesias de Asia. El valor simbólico del número siete sugiere que son cartas que Cristo envía a la Iglesia universal. Esas cartas contienen lo que va a ser la vida de la Iglesia a lo largo de los siglos; su lucha para mantenerse fiel a Jesucristo y los peligros a los que estará expuesta. Escuchemos: Al Ángel de la Iglesia de Efeso, y escribe: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que camina entre los siete candeleros de oro. Conozco tu conducta: tus fatigas y paciencia; y que no puedes soportar a los malvados y que pusiste a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo y descubriste su engaño. Tienes paciencia y has sufrido por mi nombre sin desfallecer. Pero tengo contra ti que has perdido tu amor de antes. Date cuenta, pues,...

Los nombres de Jesucristo

Meditación sobre Ap 1,1-8 El  libro del Apocalipsis se abre diciendo: Revelación de Jesucristo, que Dios le ha comunicado para revelar a sus siervos lo que va a suceder pronto. Y Él la manifestó, enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, quien  ha atestiguado todo lo que vio: la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Bienaventurado el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella; porque el tiempo está cerca. La revelación que Juan se dispone a escribir a la Iglesia tiene su origen en Dios, que se la comunica a Jesucristo. Este la manifiesta, por medio de su ángel, a su siervo Juan, y esta revelación concluye su camino en la asamblea litúrgica, donde es leída en voz alta. Todos los que escuchan y guardan las palabras de esta profecía son bienaventurados. Esta es la primera bienaventuranza de las siete –número de plenitud– que contiene el Apocalipsis. Es muy significativo que la primera bienaventuranza sea acoger la palab...

La subida de Jesucristo al Padre

  Meditación sobre Heb 9,11s San Juan nos dice que el encuentro de Jesús Resucitado con María Magdalena fue así: [María] se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré”. Jesús le dice: “María”. Ella se vuelve y le dice en hebreo: “Rabbuní” –que quiere decir: «Maestro»–. Dícele Jesús: “No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras. Jesús da mucha importancia a que todavía no ha subido al Padre. Para llevar a plenitud la obra que Dios le ha encargado realizar, Jesús tiene que subir al Padre. La Carta a los Hebreos nos explica la razón de la Ascensión del Señor.    Est a Car...