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Mostrando entradas de 2026

La obra de Dios

Meditación sobre Jn 6,22-33 Con cinco panes de cebada y dos peces, que reparte después de rezar la acción de gracias, Jesús ha alimentado a una enorme muchedumbre. Es el signo del pan, el signo de la Eucaristía, el signo de que Jesús ha traído al mundo la vida que recibe del Padre y se abre a la eternidad. El evangelista nos dice lo que sucedió al día siguiente: Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarlo a la orilla del mar, le dijeron: “Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?” Jesús va a lo esencial: Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis vi...

El Santo de Dios

Meditación sobre Jn 6,60-71 Enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm, Jesús ha terminado la revelación del misterio de la Eucaristía. Ahora el evangelista nos va a informar de la reacción de los que le han escuchado al Señor: Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: “Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?”    Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: “¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida . Pero hay entre vosotros algunos que no creen”.    Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: “Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre”. Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Nos enteramos ahora que a Jesús ya le seguían ...

Tres parábolas del Reino

 Meditación sobre Mt 13,44-53 Con la parábola del sembrador comienza la serie siete parábolas de Jesús sobre el Reino que Mateo ha agrupado en este capítulo de su Evangelio. Vamos a escuchar las tres últimas: “El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel”. Qué parábola tan sencilla y tan preciosa. El mensaje es bien sencillo: entrar en el Reino de los Cielos es el tesoro, el único y verdadero tesoro que el hombre puede conseguir en esta vida. Comparado con el Reino de los Cielos todo lo demás –éxito, riquezas, poder, placer, etc.– no vale nada. Y realmente no vale nada, porque lo que no sea llegar a pertenecer al Reino de los Cielos está marcado con el sello de la muerte eterna. Todo pasará.    De lo dicho se sigue que la única manera de conseguir el Reino de los Cielos es vender todo lo que se tiene para comprar el ...

Los caminos de Jesús

Meditación sobre Lc 24,1-12 San Lucas termina el relato de la Pasión del Señor diciéndonos que las mujeres que le habían acompañado desde Galilea vieron el sepulcro y cómo era colocado el cuerpo de Jesús; cuando todo terminó regresaron, prepararon aromas y mirra, y el sábado descansaron según el precepto.    Qué magníficas mujeres. Qué amor tienen a Jesús y qué deseo de tener una última manifestación de afecto con Él. Pero qué sorpresa se van a llevar. Lo que Dios tiene preparado para estas mujeres de Galilea es único: El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro, y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.    No sabían que pensar de esto cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? N...

A quien tiene se le dará

 Meditación sobre Mt 13,10-17 Jesús termina la parábola del sembrador diciendo: “El que tenga oídos, que oiga” . El Señor nos invita a tener en cuenta que el que oye sus palabras se mueve en el misterio de la gracia de Dios y de la libertad del hombre para corresponder a esa gracia. Las parábola de Jesús, pura gracia de Dios, nos invita a vivir la libertad de acoger la invitación que nos hace. El que oye una parábola de Jesús puede decidirse a entrar en ella; eso le cambiará la vida y le irá llevando a ser verdadero discípulo de Cristo. Pero también puede considerar la parábola como un relato ingenioso y desentenderse. Jesús va a revelar este misterio : Y acercándose los discípulos le dijeron: “¿Por qué les hablas en parábolas?”    Él les respondió: “A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, ...

Escuchad la parábola del sembrador

Meditación sobre Mt 13,1-9,18-23 Estamos en Cafarnaúm. El relato que nos va a dejar Mateo se abre con una preciosa escena: Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a sentarse en una barca; toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas. Jesús ha puesto su cátedra en una barca de pescadores y tiene como escenario el lago de Genesaret y el cielo de Galilea. La muchedumbre que le escucha no ha hecho más que crecer a lo largo de los siglos. Entre ese gentío estamos todos. Decía: “Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al echar la semilla parte cayó junto al camino; vinieron las aves y se las comieron. Otra parte cayó en un pedregal, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron. Otra parte cayó en tierra buena y dio fruto: el...

Yo he salido y vengo de Dios

Meditación sobre Jn 8,37-47 Estamos en el Templo de Jerusalén. Jesús, dirigiéndose a los judíos, nos ha revelado el misterio de la libertad cristiana, la libertad que Él ha venido a darnos. Los judíos se indignan porque se consideran insultados; piensan que son descendencia de Abraham, que nunca han sido esclavos de nadie, y que no necesitan que nadie venga a darles la libertad. Pobres. En esta actitud está ya lo esencial de lo que vamos a escuchar ahora. Habla Jesús: “Ya sé que sois linaje de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no cala en vosotros. Yo hablo lo que he visto junto a mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído de vuestro padre”.    Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les dice: “Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre”. Jesús es claro en su revelación. Estos hombres no esc...

Si el Hijo os da la libertad

Meditación sobre Jn 8,31-36 Jesús está enseñando en el Templo de Jerusalén. Lo que nos va a revelar en unas pocas palabras es completamente asombroso : Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en Él: “Si permanecéis en mi Palabra seréis verdaderamente mis discípulos, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Hay que detenerse en la cadencia de la frase. Jesús se dirige a los que creen en Él; y lo hace con un «si» condicional. Jesús invita a los que quieran permanecer en su Palabra, a los que quieran vivir en su Palabra para toda la eternidad. Esos –y no otros– serán verdaderamente sus discípulos. Y los que lleguen a ser verdaderamente sus discípulos porque permanecen en su Palabra conocerán la verdad; y la verdad los hará libres.    Todo empieza con la fe: la fe en Cristo nos hace capaces de acoger su Palabra y permanecer en ella; de llegar a ser verdaderamente sus discípulos y de conocer la verdad que nos hará verdaderamente libres.    Ahora proced...

Estos son mi madre y mis hermanos

Meditación sobre Mc 3,31-35 Después del encuentro de Jesús con la samaritana los discípulos, que han ido al pueblo a comprar comida, se preocupan de que Jesús se alimente. El Señor les paga ese interés con una poderosa revelación (Jn 4,31s): Los discípulos le insistían diciendo: “Rabbí, come”. Pero Él les dijo: “Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis”. Los discípulos se decían unos a otros: “¿Le habrá traído alguien de comer?” Les dice Jesús: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” . Jesús nos deja su biografía en unas pocas palabras; y nos revela la razón de su venida al mundo: Él es el enviado del Padre, y hacer la voluntad del Padre es lo que da sentido y valor a su vida. En Belén, en el taller de Nazaret, predicando en las sinagogas de Galilea, en la Cruz, Jesús está cumpliendo la voluntad de su Padre y llevando a cabo su obra. Ése es su alimento; eso es lo que da valor Redentor a su vida. Con el horizonte de estas palabras d...

Vete, tu hijo vive

Meditación sobre Jn 4,43-54 El encuentro de Jesús con la Samaritana culmina en que muchos samaritanos de su ciudad llegan a creer en Jesús. El evangelista continúa: Pasados dos días partió de allí para Galilea. Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. El comentario de Jesús sobre el profeta quizá señale la diferencia entre el recibimiento de los galileos, que parece fruto del espectáculo, y la profunda acogida en la fe de los samaritanos. El relato continúa: Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde Él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. Entonces Jesús le dijo: “...