Meditación sobre Jn 5,1-18 Jesús vuelve a Jerusalén desde Caná de Galilea. Después de esto hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina, que se llama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba allí un hombre que llevaba treinta y ocho años en su enfermedad. Al verlo Jesús tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: “¿Quieres ser curado?” Le respondió el enfermo: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo voy otro baja antes que yo”. Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Jesús hace a este hombre la pregunta clave: “¿Quieres ser curado?” Es la pregunta que Jesús nos hace a cada hombre. Para hacernos esta pregunta ha venido el Hijo de Dios al mundo. Solo Él nos la puede hacer porque solo Él puede curar...
Meditación sobre Jn 14,15-26 Estamos en el Cenáculo. Jesús ha invitado a sus discípulos a creer en Él; ahora les va a invitar a que le amen, y les va a revelar las maravillas que se siguen de acoger su invitación: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y Yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de la verdad; que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce, pero vosotros lo conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros”. Jesús invita; no fuerza; siempre invita. Si le amamos, nos dice, guardaremos sus mandamientos. Punto. No se trata de emociones y cosas parecidas. El único modo de tener clara conciencia de que amamos a Jesús es escuchar sus palabras, meditarlas en la oración, guardarlas en el corazón y vivirlas. Si le amamos, el Hijo pedirá al Padre por nosotros. La primera Persona divina que el Padre nos ha enviado es el Hijo. Ahora nos enviará el Espíritu de la verdad, que permanecerá a ...