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La suegra de Simón

 Meditación sobre Lc 4,38-44 Es sábado. Estamos en Cafarnaúm: Saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. Lucas nos ha dicho que, en la sinagoga, Jesús conminó al espíritu de un demonio inmundo diciéndole: “Cállate, y sal de él”. Y el demonio salió del hombre sin hacerle ningún daño. Ahora conmina a la fiebre, que también le obedece. Ya se ve que la posesión diabólica y la mucha fiebre se mueven en el mismo horizonte y, ante la autoridad y el poder de la palabra de Jesús, no tienen más remedio que obedecer. Con Jesús ha venido el Reino de Dios al mundo. Satanás y la muerte han perdido su poder.    Qué comportamiento tan noble el de la suegra de Simón. Tan noble y tan inteligente. Se ve que ella, que ha estado bajo el poder de la fiebre, quiere pertenecer al Reino de Dios que Jesús nos...
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Manda con autoridad y poder

 Meditación sobre Lc 4,31-37 Acompañamos a Jesús que baja de Nazaret a Cafarnaúm: Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y el sábado se puso a enseñarles. Y se quedaron admirados de su enseñanza, porque porque hablaba con autoridad. La autoridad con la que Jesús enseña las Escrituras de Israel brota de que todas alcanzan en Él su cumplimiento. San Pablo lo expresa admirablemente (2Co 1,19s): Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, a quien os predicamos Silvano, Timoteo y yo, no fue sí y no; en Él no hubo más que sí. Pues todas las promesas hechas por Dios han tenido su sí en Él. En Cafarnaúm, la palabra de Jesús va a manifestar también su autoridad en relación al mundo de Satanás. La ocasión es el encuentro de Jesús con un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo: Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: “¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el ...

Primer testimonio de Juan

Meditación sobre Jn 1,19-28 En el Prólogo con el que abre su Evangelio, san Juan ha hecho una doble referencia al Bautista. Lo primero que nos dice es que Juan es un hombre enviado por Dios: Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. Luego nos dice que Juan ha venido para dar testimonio de que el Hijo Único de Dios se ha hecho carne y ha puesto su Morada entre nosotros: Juan da testimonio de Él y clama: “Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”. En cuanto termina el Prólogo, el evangelista se centra en el testimonio de Juan: Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: “¿Quién eres tú?” Él confesó, y no negó; confesó: “Yo no soy el Cristo”. Y le preguntaron: “¿Qué, pues? ¿Eres tú Elí...

El encuentro con un leproso

Meditación sobre Mc 1,40-45 Jesús ha recorrido toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando demonios. Con este horizonte, el Evangelio continúa: Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: “Si quieres, puedes limpiarme”. Compadecido de él , extendió su mano, le tocó y le dijo: “Quiero, queda limpio”. Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. Este hombre tiene noticia de la predicación de Jesús y de los milagros que realiza y, del modo que sólo el Espíritu Santo conoce, ha adquirido la certeza de que en Jesús de Nazaret está obrando el Dios de Israel, el Dios vivo y dador de vida. Esa fe la expresa en su conducta, en el modo de acercarse, de postrarse, y de pedirle a Jesús: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús se compadece de él, extiende su mano, le toca, y le dice: “ Quiero, queda limpio” . Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio.    Realmente este hombre era digno de la compasión de Jesús porque esta enfermedad, además...

La conversión de san Pablo

Meditación sobre Ga 1,1-24 San Pablo abre la Carta a los Gálatas con la clara conciencia de su elección y con una admirable síntesis de la Redención: Pablo, apóstol, no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos, y todos los hermanos que conmigo están, a las Iglesias de Galacia. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, que se entregó a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso, según la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. La salvación nos viene por la entrega que Jesucristo hace de su vida por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso y hacernos hijos de su Padre Dios. Pero no ha sido iniciativa suya, sino obediencia a la voluntad de nuestro Dios y Padre. Resucitándolo de entre los muertos, el Padre manifiesta que ha aceptado la ofrenda de su Hijo, que lo ha hecho ...

Oh Dios, ten compasión de mí

Meditación sobre Lc 18,9-14 Vamos a escuchar una parábola de Jesús sobre la oración. El evangelista deja claro a quien dirige el Señor sus palabras y qué es lo que pretende: Dijo también esta parábola a algunos que confiaban mucho en sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás. Es una parábola dirigida a los que se tienen por justos –es decir, por santos–. Es una parábola que Jesús dirige a estas personas para que se conviertan mientras todavía están a tiempo. ¿A cuánta gente le habrá cambiado la vida esta parábola a lo largo de estos dos mil años de historia de la Iglesia? Escuchemos la parábola: “Dos hombres subieron al templo a orar, el uno fariseo, el otro publicano. El fariseo, en pie, oraba para sí de esta manera: «Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, adúlteros, injustos, ni como este publicano. Ayuno dos veces en la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo». Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levan...

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos

Meditación sobre Jn 14,15-26 Estamos en el Cenáculo. Jesús ha invitado a sus discípulos a creer en Él; ahora les va a invitar a que le amen; les va a decir cómo pueden saber que le aman y las maravillas que se siguen de amarle. La página es preciosa. Como siempre, la invitación que Jesús dirigió a sus discípulos hace dos mil años nos la dirige hoy a cada uno de nosotros. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y Yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de la verdad; que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce, pero vosotros lo conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros”. Jesús invita; no fuerza ni manipula; invita. Siempre el respeto de Dios por nuestra libertad. Si le amamos, nos dice, guardaremos sus mandamientos. Punto. No se trata de emociones y cosas parecidas; el único modo de tener clara conciencia de que amamos a Jesús es escuchar sus palabras, meditarlas en la oración y vivirlas. Las p...