Meditación sobre Jn 16,16-23 La conversación de Jesús con sus discípulos en el Cenáculo, además de una poderosa revelación, ha sido una larga despedida: el Hijo les ha anunciado que tiene que ir al Padre; también les ha asegurado que le volverán a ver. La conversación llega a su fin. Habla Jesús: “Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver”. Jesús ya les ha revelado varias veces este misterio a sus Apóstoles. El Señor dejará de ser visto por ellos como lo ha sido hasta entonces; lo volverán a ver, pero lo verán de un modo nuevo. El «ya no me veréis» que Jesús dice a sus discípulos mantendrá una dimensión de verdad: cuando Jesús sea sepultado se cerrará una etapa de ver al Hijo de Dios encarnado; una etapa que se abrió en Belén y que ha durado poco más de treinta años. Los que, como los apóstoles y, sobre todo, María y José han podido ver con sus ojos a Jesús y escuchar con sus oídos sus palabras han sido verdaderamente privilegiados. Así se lo había dicho ...
Meditación sobre Lc 23,50-56 San Lucas acaba de narrarnos la muerte de Jesús: Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” y, dicho esto, expiró. Ahora el cuerpo de Jesús va a ser sepultado. Es una escena de gran nobleza. Después de la violencia, los desprecios y las burlas que Jesús ha sufrido en la Pasión esta escena es muy consoladora. Solo están cuidando el cuerpo del Señor José de Arimatea y las mujeres de Galilea. Había un hombre llamado José, varón bueno y justo, miembro del Consejo, que no estaba de acuerdo con su decisión y sus acciones. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Éste se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Y lo descolgó, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido colocado todavía. Era ...