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Sí, Padre

 Meditación sobre Lc 10,17-24 Jesús ha designado setenta y dos discípulos y los ha enviado de dos en dos a todas las ciudades y sitios adonde Él había de ir. El regreso: Los setenta y dos volvieron llenos de alegría, diciendo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”. Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño. Pero no os  alegréis  de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos”. Jesús comenzó la proclamación de la Buena Nueva anunciando la cercanía del Reino de Dios e invitando a la conversión y a la fe en el Evangelio. Con la llegada del Reino de Dios Satanás pierde su poder. Es el fruto de la Evangelización. Satanás cae de ese cielo al que Cafarnaúm quería encumbrarse, de esa altura de la soberbia y del poder que se había arrogado  con el pecado del h...
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Misión de los setenta y dos discípulos

Meditación sobre Lc 10,1-16 Nos dice Lucas que, como se iban cumpliendo los días de su ascensión, Jesús se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén. Envió mensajeros delante de sí para prepararle posada. El evangelista continúa: Después de esto, designó  el Señor  a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios adonde Él había de ir. Y les dijo:    “La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Lo que Jesús dice a sus enviados no deja de ser un misterio. Solo el Hijo nos puede revelar que el Dueño de la mies , que es su Padre Dios, ha preparado mucha gente para recibir el Evangelio, pero tiene pocos obreros para anunciarlo. Por eso Jesús dice a este primer grupo de enviados que empiecen su misión con la oración y que no dejen de rogar al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. En la Iglesia las cosas serán siempre así. Seguimos escuchando al Señor: “Id; mir...

Pero Yo os digo

Meditación sobre Mt 5,43-48 San Mateo ha situado en el corazón del Discurso de la Montaña unas preciosas palabras de Jesús. Son palabras que contienen una revelación muy poderosa: “ Habéis oído que se dijo:  Amarás a tu prójimo  y odiarás a tu enemigo. Pero Yo os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos”. “ Pero Yo os digo” . En estas palabras de Jesús está la clave de todo: ¿Quién es el Yo que nos habla? La fe cristiana nos dice: es Dios, Dios Hijo. Esa es la clave del cristianismo. Si acoges este misterio en la fe, entonces lo que Jesús te dice es lo único importante en tu vida; como es lo único importante en la historia de la humanidad. El cielo y la tierra pasarán; las palabras de Jesús no pasarán. La razón última de todo en la Iglesia es facilitarnos escuchar cada vez más profundamente lo que Jesús nos dice.    La r...

El envío de los Doce

Meditación sobre Mc 6,7–13 Nos dice San Marcos que la enseñanza de Jesús no ha sido acogida en su patria; pero eso no le desanima. Él ha salido del Padre y ha venido al mundo para predicar el Evangelio de Dios y, cuando termine su misión, dejará otra vez el mundo y volverá al Padre. Sus Apóstoles continuarán su misión. Serán responsables de que el cristianismo se abra a los gentiles y no quede encerrado en el mundo judío como una secta más. Jesús comienza enviándolos a las ovejas perdidas de la Casa de Israel: Y llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles potestad sobre los espíritus impuros. Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón; y que fueran calzados con sandalias y que no llevaran dos túnicas. Y les dijo:    “Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os  escuchan , marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta d...

Yo te alabo, Padre

Meditación sobre Mt 11,25-30 Cuando llevaba ya tiempo anunciando el Reino de Dios, Jesús dirigió unas palabras que suenan muy duras a las ciudades donde había predicado con más frecuencia: ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún  subsistiría  el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti.   No es una condena. El Hijo de Dios ha venido al mundo a salvar, no a condenar. Es una advertencia fuerte de lo que les espera a estas ciudades tan privilegiadas si no se convierten. ¿Cuál fue la reacción de estas ciud...

Yo he rogado por ti

 Meditación sobre Lc 22,31-38 Estamos en la Última Cena. Jesús les ha dicho a sus discípulos:  “Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas” . Ahora cambia completamente el horizonte. Primero se dirige a Simón: “¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos”. El hombre, por el pecado, rechaza ser siervo de Dios y, libremente, se hace esclavo de Satanás. En la medida del pecado Satanás adquiere poder sobre él ante Dios.    Jesús ruega a Dios por Simón. Solo por Simón. Qué fuerza tienen estas palabras de Jesús:  “Yo he rogado por ti” . Cristo le pide al Padre una sola cosa: que la fe de Simón no desfallezca. Jesús sabe que su Padre le escucha; por eso dice:  “cuando hayas vuelto” . Entonces Simón estará en condiciones de cumplir la misión que Jesucristo le encarga. Solo Pedro podrá, por voluntad de ...

Cuarto canto del Siervo

Meditación sobre Is 52,13-53,12 Esta profecía del Siervo sufriente de Yahveh me parece la revelación más profunda que nos ha dejado el Antiguo Testamento sobre el Misterio de Cristo. Jesús nos dirá que es necesario que se cumpla en Él lo que está escrito en esta profecía (Lc 22,37). La profecía manifiesta el carácter de expiación vicaria de los sufrimientos redentores del Siervo de Dios: Mirad: mi Siervo triunfará, será ensalzado, enaltecido y encumbrado. Como muchos se horrorizaron de él –tan desfigurado estaba que no tenía aspecto de hombre ni apariencia de ser humano–, así él asombrará a muchas naciones. Por su causa los reyes cerrarán la boca, al ver lo que nunca les habían narrado y contemplar lo que jamás habían oído. Habla Dios. Deja claro que la última palabra la tendrá la exaltación: su Siervo triunfará y, una vez realizada la Redención, Dios lo ensalzará, lo enaltecerá y lo encumbrará. Pero el camino será terrible y el Siervo de Dios quedará completamente desfigurado...