Meditación sobre Rom 8,28-39 El Apóstol va a cerrar este admirable capítulo de su Carta con un himno al Amor de Dios. Pero antes traza una síntesis del plan de salvación dispuesto y actuado por Dios: Por lo demás, sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados según su designio. Porque aquellos a los que ha conocido desde siempre, los ha predestinado a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que Éste sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó también los llamó; y a los que llamó también los justificó; y a los que justificó también los glorificó. Qué comienzo tan precioso. La clave de nuestra vida es responder a la llamada de Dios; amar a Dios. A partir de ahí Dios se encarga: intervendrá en todas las cosas para bien de los que han acogido su llamada. Tenemos que pedirle que nos dé la gracia necesaria para que le dejemos obrar. La finalidad del obrar de Dios en nosotros es que lleguemos a la plena conformidad ...
Meditación sobre 1 Jn 3,23-4,6 Jesús, en la sinagoga de Cafarnaúm, nos revela la obra de Dios (Jn 6,29): “Ésta es la obra de Dios: que creáis en quien Él ha enviado”. Y, a punto ya de encaminarse a Getsemaní, nos deja su mandamiento (Jn 15,12): “Éste es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como Yo os he amado”. Con el horizonte de estas palabras escuchamos lo que la Carta de San Juan nos dice del mandamiento de Dios: Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros conforme al mandamiento que nos dio. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. El mandamiento de Dios es que creamos en su Hijo y, fruto de esa fe, que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado. Si guardamos los mandamientos de Dios, Dios permanece en nosotros y nosotros en Él. Conocemos que Dios permanece en nosotros por el Espíritu que nos...