Ir al contenido principal

Entradas

Salió el sembrador a sembrar su semilla

Meditación sobre Lc 8,4-15 San Lucas presenta en pocos rasgos la vida de predicador de Jesús: Como se reunió mucha gente, e iban hacia Él de todas las ciudades, les dijo por medio de una parábola. Con esta parábola Jesús nos deja la clave de su vida de predicador. Esta clave tiene dos momentos: la siembra de la semilla, y la tierra en la que la semilla se siembra. Escuchemos al Señor: “Salió el sembrador a sembrar su semilla. Y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar se secó por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos la ahogaron; y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado”.      Dicho esto, clamó: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Lo esencial de la siembra, el mensaje que Jesús quiere que se nos grabe en el corazón, es que siempre hay semilla que encuentra tierra buena y da fruto abund...
Entradas recientes

El Misterio de su Voluntad

Meditación sobre Ef 1,1-14 San Pablo abre la Carta a los Efesios con un saludo, en el que queda de manifiesto la clara conciencia que tiene el Apóstol de su elección, y de la dignidad de los cristianos. Tres veces cita a Cristo Jesús. La voluntad del Dios y Padre nuestro en el origen de todo: Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso: la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo estén con vosotros. Ahora Pablo eleva su corazón a Dios en una gran oración de bendición; es un himno a la bondad del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los cielos en Cristo.  Toda bendición nos llega de Dios; y toda bendición nos llega en Cristo. Jesucristo es la bendición por excelencia, la bendición que contiene toda bendición que nos llega de su Dios y Padre. Todas son bendiciones espirituales, porqu...

Misericordia quiero, que no sacrificio.

Meditación sobre Mt 9,9-13 Estamos en Cafarnaúm. Jesús acaba de perdonar los pecados y curar a un paralítico. El evangelista continúa: Pasando Jesús de allí, vio a un hombre, llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.  El relato de la vocación de Mateo no puede ser más sobrio. Con Cristo llega el Reino de Dios, y en cada una de sus palabras resuena la última hora. Cuando Mateo escucha a Jesús que le dice: «Sígueme», este hombre descubre que seguir al Señor es lo único que puede llenar de sentido su vida, y abrirla a la eternidad. Por eso su respuesta: «Él se levantó y le siguió». Todo tiene el vigor de lo definitivo que Jesús ha traído al mundo.    ¿Qué hubiese sido de este hombre si se hubiera quedado sentado en su despacho de impuestos? No es difícil imaginarlo. Pero se dejó mover por el Espíritu Santo y siguió a Jesús. A partir de ese día su vida fue alucinante: Apóstol y Evangelista, escuchó al Señor día a...

Tanto amó Dios al mundo

Meditación sobre Jn 3,13-21 Después de las enseñanzas a Nicodemo, Jesús nos revela: “Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga la vida eterna”.  Jesús es el Hijo del hombre que ha bajado del cielo y, una vez que termine la obra que Dios le ha encomendado realizar, subirá al cielo. La obra que su Padre le ha encomendado realizar es darnos la vida eterna. Dios obra por nuestra salvación. Siempre. Solo.     La historia de la serpiente del desierto se encuentra en el capítulo 21 del libro de los Números: el israelita mordido por una serpiente venenosa quedaba curado al mirar la serpiente de bronce que el Señor mandó a Moisés levantar en un mástil.    Jesús, el Hijo del hombre, será levantado en la Cruz, para que todo el que crea en Él tenga la vida eterna. Todo pecador que mire al Cruci...

El encuentro con la pecadora

Meditación sobre Lc 7,36-50 El relato que Lucas nos ha dejado del encuentro de Jesús con una mujer pecadora es conmovedor. El Espíritu Santo, con la colaboración de los Profetas, ha ido grabando en el corazón de esa mujer el sello del Israel fiel: la conciencia del propio pecado y la seguridad de que su Dios es grande en perdonar. Escuchemos el relato: Un fariseo le rogó que comiera con él, y entrando en la casa del fariseo se puso a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume y, estando detrás de Él, a sus pies, llorando, comenzó a bañar con lágrimas sus pies y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies y los ungía con el perfume.  Esta mujer conoce a Jesús; del modo que sólo el Espíritu Santo sabe esta mujer ha adquirido la certeza de que en Jesús de Nazaret ha venido al mundo la misericordia de Dios. Y va a su encuentro movida por el arrepentimiento de sus pe...

Las mujeres de Galilea

Meditación sobre el Evangelio de San Lucas  Después de relatarnos el encuentro de Jesús con la pecadora arrepentida, San Lucas nos deja un breve resumen de la actividad del Señor: Y aconteció luego de esto que recorrió Él una tras otra las ciudades y aldeas predicando y anunciando el Evangelio del Reino de Dios. Con Él iban los Doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, la llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios, y Juana, la mujer de Cuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que les asistían con sus bienes. Qué tierra tan privilegiada es Galilea. En Galilea se encarnó el Hijo de Dios, allí vivió la Sagrada Familia tantos años, y en esa región comenzó Jesús a proclamar la Buena Nueva de Dios. Ninguna otra tierra en el mundo ha tenido una relación tan estrecha con Jesucristo. Los escrituristas que conocen bien esta región  consideran que ha dejado una huella profunda en Jesús, y que sus parábol...

Mujer, ahí tienes a tu hijo

  Meditación sobre Jn 19,25-30 Una vez que Jesús ha sido crucificado y los soldados se han repartido sus vestiduras, San Juan nos dice: Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María mujer de Clopás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.  Desde el ya lejano día en el que el ángel Gabriel se presentó en Nazaret para anunciarle que Dios la había elegido para ser la Madre de su Hijo, María supo que llegaría esta hora. Ella, buena conocedora de las Escrituras de Israel, aceptó la maternidad divina consciente de lo que Dios le pedía.     Ha llegado la hora de ofrecer a su hijo Jesús al Padre; de llevar a perfección lo que, con su esposo José, realizó en el Templo de Jerusalén cuando el niño tenía pocas semanas de vida. En el Calvario viv...