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Yo estoy en el Padre y el Padre en mí

Meditación sobre Jn 14,1-14 Estamos en el Cenáculo. El Señor ya les ha dicho a sus discípulos que tiene que dejarlos; la tristeza les llena el corazón.  “No se turbe vuestro corazón: creéis en Dios; creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; de lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que donde esté Yo estéis también vosotros. Y adonde Yo voy sabéis el camino”. Jesús sabe que sus discípulos son verdaderos israelitas y creen en Dios; ahora les va a invitar a que tengan fe también en Él. Eso les confortará el corazón.     Jesús nos revela el designio que Dios tiene para nosotros. Es un designio asombroso de vida eterna y de comunión de vida con Jesús y con su Padre. Y Jesús nos revela que solo la fe nos puede llevar a conocer que la Cruz es el camino por el que el Hijo vuelve a la Casa del Padre para prepararnos un lugar.  ...
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Yo os daré descanso

Meditación sobre Mt 11,28-30 En esta preciosa página de Mateo, Jesús nos dirige tres invitaciones. En estas invitaciones nos revela rasgos de su biografía y nos dice cómo debe ser nuestra vida cristiana.  “Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y Yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Jesús ha venido al mundo a darnos descanso. Por eso nos invita a ir a Él; es pura gracia de Dios. Jesús se dirige a todo cristiano que desea, por encima de cualquier otra cosa, serle fiel. La fidelidad y el amor a Cristo Jesús, un día detrás de otro, desde la mañana hasta la noche, es fatigosa y, no pocos veces, agobiante. Claro que el cristianismo es una gran gracia de Dios; pero es una vida necesitada del descanso que solo Jesús nos puede dar. Por eso nos invita a ir a Él.     Jesús siempre nos da: nos da el amor co...

Bienaventurado el seno que te llevó

Meditación sobre Lc 11,27-28 Jesús ha estado enseñando acerca de la llegada del Reino de Dios. Sus palabras han entusiasmado a una de las mujeres que le escuchan: Aconteció que estando Él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: “Bienaventurado el seno que te llevó y los pechos que mamaste”. Él dijo: “Bienaventurados más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la guardan”. Qué admirable mujer. Jesús, el único que puede hacerlo, certifica que ha expresado una gran verdad: su Madre es bienaventurada; y lo es de un modo único, porque ha sido la persona elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo. Y Jesús nos revela la razón última de la bienaventuranza de su Madre: escucha la Palabra de Dios y la guarda. Ella lo ha hecho de un modo pleno. Así María abre el camino a todo el que quiera llegar a la santidad. Escuchar la Palabra de Dios y guardarla; qué expresión tan preciosa. Estas pocas palabras de Jesús –verdadera revelación–, contienen la biografía que Él...

El encuentro con el paralítico

Meditación sobre Mc 2,1-12 El encuentro de Jesús con un paralítico tuvo una cierta nota de espectáculo. Sucedió en Cafarnaúm, en lo que fue la casa de Jesús durante el tiempo de misión en Galilea. Entró de nuevo en Cafarnaúm. Al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.  Qué sitio tan privilegiado es Cafarnaúm; en esta ciudad ribereña del lago de Genesaret anunció Jesús la Palabra con particular frecuencia. Cuántas fueron las obras que Jesucristo realizó en esta pequeña ciudad. En Cafarnaúm había gente admirable. Vamos a conocer algunos. Es gente a la que no se les pone nada por delante con tal de que su amigo se encuentre con Jesús; gente que nos ha dejado un claro ejemplo de lo que es la verdadera amistad: llevar a nuestros amigos a encontrarse con Jesucristo. Le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abri...

Escuchar la palabra de Dios y guardarla

Meditación sobre Lc 8,19-21 En el Evangelio de San Juan, Jesús nos dice: “Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que viene a mí no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me ha enviado. Ésta es la voluntad de Aquel que me ha enviado: que no pierda nada de lo que Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día”. Jesús deja claro que Él ha bajado del cielo para hacer la voluntad de su Padre. Esa es la razón por está dispuesto a no perder nada de lo que el Padre le ha dado; incluso al precio de la Cruz. El corazón de la vida de Jesús es la voluntad de Aquel que le ha enviado. Con este horizonte escuchamos el relato que Lucas nos ha dejado de un encuentro de Jesús con su madre: Vinieron a verle su madre y sus hermanos, y no podían acercarse a Él a causa de la muchedumbre. Le anunciaro...

Yo te bendigo, Padre

Meditación sobre Lc 10,17-24 Jesús ha designado setenta y dos discípulos y los ha enviado, de dos en dos, a todas las ciudades y sitios adonde Él había de ir. El regreso: Los setenta y dos volvieron llenos de alegría, diciendo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”. Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño. Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en los cielos”. La clave es «en tu Nombre»: con Jesús ha llegado el Reino de Dios; con la llegada del Reino de Dios Satanás pierde su poder. Los discípulos han compartido la misión de Cristo y han comprobado el poder que dimana de ella. Por eso la alegría que llena a estos discípulos del Señor.     Pero Jesús, que siempre habla en el horizonte de la Salvación, lleva la alegría de estos hombr...

Señor, enséñanos a orar

Meditación sobre Lc 11,1-4 Nos dice San Lucas: Y sucedió que hallándose Él orando en cierto lugar, así que acabó, le dijo uno de los discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos”.  Jesús reza solo; Él es el Hijo de Dios; su relación con el Padre es única. Ver orar a Jesús debía ser conmovedor. Pedirle al Señor que nos enseñe a orar es una necesidad del corazón cristiano: ¿quién, si no, nos va a enseñar? Y que le pidamos que nos enseñe a orar es una necesidad del corazón de Cristo: para introducirnos en esa relación que tiene con su Padre ha venido el Hijo de Dios al mundo. Solo Jesús puede hacernos capaces de rezar como hijos de Dios. Él les dijo: “Cuando oréis, decid:  Padre,  santificado sea tu Nombre,  venga tu Reino. Danos cada día nuestro pan cotidiano; y perdónanos nuestros pecados,  porque también nosotros perdonamos  a todo el que nos debe; y no nos dejes caer en tentación”. “Cuando oréis, decid: Padre” . Jesús nos...