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Sal y luz

Meditación sobre Mt 5,13-16 Justo después de enseñarnos l as Bienaventuranzas, que hacen de pórtico al Sermón del Monte y que son camino para llegar al Reino de los Cielos, el Señor nos dice: “ Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Para nada vale ya sino para ser tirada fuera y ser pisoteada por los hombres”. Un primer sentido de esta palabra de Jesús brota del hecho de que la sal preserva de la corrupción. E l pecado, que abrió la puerta a la muerte, convirtió la Creación en un gran pudridero. Jesús nos da el poder de ser sal de la tierra, de preservar al mundo de la corrupción. La Carta a los Hebreos lo expresa así: ¡Cuánto más la Sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!   La Sangre de Cristo tiene el poder de purificar de obras muertas nuestra conciencia y de convertirlo todo en culto al Dios vivo. Un culto...
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Jesús nos invita

Meditación sobre Mt 11,28-30 Después de la preciosa oración de alabanza al Padre, Señor del cielo y de la tierra, Jesús nos dirige tres invitaciones: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y Yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Solo Jesús, el Hijo Amado del Padre, puede darnos descanso. Ir a Jesús es encontrarse con el Amor de Dios y con el descanso que brota de ese Amor; el descanso que se abre a la vida eterna. Solo Jesús nos puede revelar que ha venido al mundo a librarnos del poder del pecado y a trasladarnos al Reino del Amor de su Padre. Solo en ese Reino encontraremos el descanso para nuestras almas. Todo lo demás está marcado con el sello del pecado y de la muerte eterna. Jesús nos invita a tomar sobre nosotros su yugo. En el Cenáculo, cuando está a punto de salir al encuentro con la Cruz, el Señor nos explica...

Yo les he dado a conocer tu Nombre

Meditación sobre Jn 17,20-26 L a oración en el Cenáculo es, en el Evangelio de San Juan, la puerta por la que Jesús entra en la Pasión. Escuchamos el final de esta admirable oración. Jesús ha estado intercediendo ante su Padre por sus apóstoles; ahora lo va a hacer por nosotros: “No ruego solo por éstos, sino también por aquellos que por medio de su palabra creerán en mí, para que todos sean uno. Como Tú, Padre, en mí y Yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado”. Qué oración tan preciosa. Jesús ruega al Padre por nosotros. Le pide que todos seamos uno. Pero es una unidad que no responde a programas sociológicos, culturales ni cosas por el estilo; es la unidad que tiene su origen y fundamento en la comunión del Padre y el Hijo. Esta es la unidad que el Hijo ha venido a traernos. Fruto de esa unidad es que el mundo llegue a creer que Jesús es el enviado del Padre. En esta fe está la Salvación. En esta fe está la verdad fundamental y l...

Yo les he dado tu Palabra

Meditación sobre Jn 17,6-19 Después de pedirle al Padre que lo glorifique, la oración de Jesús en el Cenáculo se centra en los que el Padre le ha dado. Jesús le dice al Padre, y nos revela a nosotros, cómo ha realizado la obra que le ha encomendado realizar. “He manifestado tu Nombre a los que me diste del mundo. Tuyos eran, Tú me los confiaste y ellos han guardado tu Palabra. Ahora han conocido que todo lo que me has dado proviene de Ti, porque las palabras que me diste se las he dado. Ellos las han recibido y han conocido verdaderamente que Yo salí de Ti y han creído que Tú me enviaste”. El Hijo ha venido al mundo para manifestar, a los que quieran acoger esa revelación, el Misterio de su Padre Dios. Qué importancia tiene para Jesús que sus discípulos sean un don que el Padre le ha hecho, que hayan guardado la Palabra del Padre y que hayan llegado a creer que Jesús es el Hijo de Dios que el Padre nos ha enviado.    En el cristianismo todo gira alrededor del misterio del don...

Padre, ha llegado la Hora

Meditación sobre Jn 17,1-5 Justo después de la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, pocos días antes de la Pasión, San Juan nos dice: Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: “Señor, queremos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Qué bien expresada está lo que va a constituir la misión de los apóstoles de Jesús en la Iglesia: llevar a gente de toda procedencia al encuentro con Jesús. Jesús les respondió: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”. Ha llegado la hora que la creación esperaba desde el pecado del origen; la hora para la que el Hijo de Dios ha venido al mundo; la hora de la fecundidad. Ha llegado también la hora de la angustia del alma de Jesús: “Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy ...

Yo soy el Pan de vida

Meditación sobre Jn 6,32-47 Estamos en la sinagoga de Cafarnaúm. Los judíos le hablan a Jesús del maná, el pan enviado por Dios a los israelitas durante los años que estos deambularon por el desierto, y el Señor se sirve de ese pan, que tanta importancia tiene en las Escrituras de Israel, para irlos introduciendo en el misterio de la Eucaristía; “En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Poderosa revelación. Solo el Padre puede darnos el pan de Dios, el pan que baja del cielo y da la vida al mundo. Enseguida Jesús nos va a decir que Él es ese pan. Les dijo Jesús: “Yo soy el Pan de vida; el que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí no tendrá nunca sed. Pero os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echa...

No estás lejos del Reino de Dios

Meditación sobre Mc 12,28-34 Estamos ya muy cerca de la Pasión. Desde que Jesús hizo su entrada mesiánica en Jerusalén, el evangelista ha ido recogiendo los innobles intentos de los príncipes de los sacerdotes, de los escribas y los ancianos, de los fariseos, los herodianos, y los saduceos para sorprender a Jesús y tener algo de lo que acusarle. Ahora nos encontramos con la actitud leal y bienintencionada de un escriba. Este encuentro es como una brisa de aire fresco en la atmósfera putrefacta de Jerusalén. Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le contestó: “El primero es: «Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas». El segundo es: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No existe otro mandamiento mayor que éstos”. Este escriba es grande: h...