Meditación sobre Mt 11,25-27 Después de llevar tiempo anunciando la venida del Reino de Dios en Corazín, Betsaida y Cafarnaún, los frutos del trabajo de Jesús son desoladores. Da la impresión de que el designio del Padre enviándonos a su Hijo para anunciar la venida del Reino de Dios ha fracasado totalmente; de nada han servido los milagros que Jesús ha hecho en esas ciudades. Eso es lo que expresa el juicio de Jesús: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti”....
Meditación sobre Jn 16,28-33 Estamos en el Cenáculo. La larga conversación de Jesús con sus discípulos toca a su fin. Ha sido una poderosa revelación y una sentida despedida. Jesús nos deja una declaración profunda y directa sobre su identidad y misión: “Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y voy al Padre”. Estas palabras contienen su Misterio: desde la Encarnación del Hijo de Dios a la Ascensión de Cristo Resucitado. Estas palabras contienen lo permanente, lo firme, lo inamovible del cristianismo. El fundamento es, como Jesús nos reveló al final del encuentro con Nicodemo, el Amor que su Padre Dios nos tiene: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo Único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo Único de D...