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Yo estoy en el Padre y el Padre en mí

Meditación sobre Jn 14,1-14 Estamos en el Cenáculo. El Señor ya les ha dicho a sus discípulos que tiene que dejarlos y que, donde Él va, ellos no pueden ir. La tristeza les llena el corazón. Jesús les tranquiliza con una revelación asombrosa: “No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones. De lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que donde esté Yo estéis también vosotros. Y adonde  Yo voy  sabéis el camino”. El Señor invita a sus discípulos a creer; a creer en Dios y a creer también en Él. Esa es la fe que fortalece y serena el corazón del cristiano. Jesús les revela que todo responde al Amor que su Padre Dios les tiene. Por ese Amor nos envía a su Hijo y dispone las cosas para que podamos estar con Él, en su Casa, para siempre. La fe nos lleva a conocer que la Pasión y la Cruz es el camino por el...
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El Señor se volvió y miró a Pedro

 Meditación sobre Lc 22,54-62 En la Última Cena Jesús le dijo a Pedro:  “¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos” . Pedro no presta atención al grandioso horizonte de las palabras de Jesús:  “Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte” . Jesús le dice:  “Te digo, Pedro: No cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces que me conoces” . Con este horizonte escuchamos lo que San Lucas nos dice que sucedió una vez que apresaron a Jesús. Pedro no ha escuchado a Jesús y él mismo se meterá en la trampa. Después de apresarlo se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le seguía de lejos. Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos. Una criada, al verlo sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: “Este tam...

Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas

 Meditación sobre Lc 22,47-53 Seguimos en el monte de los Olivos. Jesús acaba de terminar su oración. Todavía estaba hablando cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero y se acercó a Jesús para darle un beso. Jesús le dijo: “¡Judas, con un  beso entregas  al Hijo del hombre!”   Jesús corta en seco a Judas con las que van a ser las últimas palabras que le dirija. Es una palabra estremecedora. Qué largo y triste camino el que Judas ha recorrido desde que escuchó la palabra de Jesús invitándole a ser uno de los Doce hasta este terrible momento. Pero las palabras que Jesús dirige a Judas hay que entenderlas en el horizonte de otras palabras que nos ha dejado e n el Evangelio de San Juan: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; Yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre” . La razón última de que Jesús e...

En el monte de los Olivos

 Meditación sobre Lc 22,39-46 Jesús y sus discípulos han terminado la Última Cena. San Lucas nos dice: Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos; los discípulos le siguieron. Jesús sale a pasar la noche en el monte de los Olivos. Lo ha hecho otras noches, pero lo que esta noche va a vivir allí será muy especial. Llegado al lugar les dijo: “Pedid que no caigáis en tentación”. Y se apartó de ellos como un tiro de piedra. Puesto de rodillas oraba diciendo: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y entrando en agonía oraba con más intensidad. Y le sobrevino un sudor como de gotas de sangre que caían hasta el suelo. Qué relato tan sencillo y tan conmovedor. Con esta oración entra Jesús en la hora del poder de las tinieblas, hora de angustia y tristeza de muerte. Lo hace movido por el amor y la obediencia a su Padre Dios y por el amor a los suyos hasta el extremo. Par...

José, el esposo de María

Meditación sobre Mt 1,18-25 Mateo abre su Evangelio diciendo:  Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham  y, después de una larga genealogía, concluye:  y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo . Tras una breve referencia al total de las generaciones, el evangelista prosigue: La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y antes de empezar a estar juntos ellos se  encontró  encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.    Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”. Todo sucede entre los dos esposos y el ...

La añoranza de Jerusalén

 Meditación sobre Sal 137 El Espíritu Santo ha grabado en el corazón de Israel fiel el sello del anhelo de Dios y del lugar de su presencia. Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y llorábamos, acordándonos  de Sión. En los álamos de la orilla teníamos colgadas nuestras cítaras. Israel ha sido deportado a Babilonia, Jerusalén ha sido conquistada y el Templo destruido. La situación de los judíos es dramática. Las lágrimas y las cítaras colgadas de los álamos expresan la tristeza de los israelitas. El recuerdo de Sión contiene una profunda tentación: ¿Habrá sido todo una alucinación propiciada por casualidades históricas? Moisés, la Alianza del Sinaí, la Tierra Prometida, Jerusalén y el Templo ¿ha sido obra de Dios o pura obra humana de la que ya no queda nada? Lo que van a pedirles los deportadores  ahonda esta tentación: Allí nos pidieron nuestros  deportadores  cánticos, nuestros raptores alegría: «¡Cantad para nosotros un cantar de Sión!» Babi...

La misericordia de Dios

 Meditación sobre  Salmo 113 El Salterio encabeza este Salmo dándonos una buena clave de lectura: Alabanza al Señor, que se abaja desde el cielo para exaltar al desvalido ¡Aleluya! Alabad, siervos del Señor, alabad el Nombre del Señor. Bendito sea el Nombre del Señor, ahora y por siempre, sin fin. Desde la salida del sol hasta el ocaso, alabado sea el Nombre del Señor. El Salmo, que nos va a dejar una profunda revelación del misterio de Dios, comienza con una preciosa invitación a vivir alabando el Nombre del Señor desde la salida del sol hasta el ocaso; ahora y por siempre; sin fin. Así, con nuestra colaboración, la alabanza de Dios llenará la tierra; y la creación cumplirá su finalidad. Que la alabanza del Creador es la finalidad de la creación está expresado en no pocos lugares de las Escrituras de Israel, especialmente en el precioso «Cántico de los tres jóvenes» del libro de Daniel.    Podemos alabar ininterrumpidamente el Nombre del Señor porque todas las activ...