Meditación sobre Mt 6,5-15 Estamos en el corazón del Sermón del Monte. Jesús nos enseña cómo tenemos que orar: “Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y al orar no empleéis muchas palabras como los gentiles, que se figuran que por su locuacidad van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo”. Cualquier sitio es bueno para hacer la oración, porque la oración la hacemos con el corazón y en nuestro corazón, cuando hacemos la oración, está nuestro Padre Dios. Tampoco hay que hablar mucho: Dios Padre nos conoce. Después de esta enseñanza tan consoladora, ahora Jesús nos enseña lo...
Meditación sobre Mt 5,13-16 Justo después de enseñarnos l as Bienaventuranzas, que hacen de pórtico al Sermón del Monte y que son camino para llegar al Reino de los Cielos, el Señor nos dice: “ Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Para nada vale ya sino para ser tirada fuera y ser pisoteada por los hombres”. Un primer sentido de esta palabra de Jesús brota del hecho de que la sal preserva de la corrupción. E l pecado, que abrió la puerta a la muerte, convirtió la Creación en un gran pudridero. Jesús nos da el poder de ser sal de la tierra, de preservar al mundo de la corrupción. La Carta a los Hebreos lo expresa así: ¡Cuánto más la Sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo! La Sangre de Cristo tiene el poder de purificar de obras muertas nuestra conciencia y de convertirlo todo en culto al Dios vivo. Un culto...