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¡Crucifícalo, crucifícalo!

 Meditación sobre Lc 23,13-25 Pilato, al saber que Jesús era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Este, después de burlarse del Señor, se lo devolvió. El relato de San Lucas continúa: Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo y les dijo: “Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis. Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. Así que le castigaré y le soltaré”.   Ahora es Pilato el que convoca a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo. Ahora, de forma oficial, con la autoridad que le da el ser el Procurador romano y el haber investigado el caso públicamente, Pilato declara que no ha hallado en ese hombre ninguno de los delitos de que le acusan, que nada ha hecho que merezca la muerte. Pero no deja a Jesús en libertad.    El castigo era la fla...
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La Hora de Jesús

Meditación sobre Jn 13,1-20 San Juan abre su Evangelio con un prólogo en el que hace una síntesis admirable del misterio de Jesucristo. También con un prólogo, esta vez más breve, nos introduce en el relato de la Pasión y Resurrección de Jesús. La fiesta de la Pascua judía, que era la conmemoración de la liberación de la esclavitud de Egipto, hace de fondo al relato de la Cena de Jesús, que sabe que ha llegado su Hora. Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su Hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Es la Hora que la humanidad esperaba desde que el pecado del origen lo encerró todo en el ámbito de la muerte y transformó la creación en un gigantesco sepulcro al que, generación tras generación, los hombres iban pasando para no salir jamás. Jesús va a abrir el camino para que todo el que quiera seguirle pueda pasar de este mundo al Padre. Los amó hasta el extremo . En el Co...

¿Eres tú el Rey de los judíos?

 Meditación sobre Lc 23,1-12 Después de la farsa del juicio en casa del sumo sacerdote, donde Jesús se revela como el Hijo del hombre que estará sentado a la diestra del poder de Dios, San Lucas continúa el relato: Y levantándose todos ellos, le llevaron ante Pilato. Comenzaron a acusarle diciendo: “Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey”. Pilato le preguntó: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” Él le respondió: “Sí, tú lo dices”. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: “Ningún delito encuentro en este hombre”. Estos hombres dicen verdad cuando informan a Pilato que Jesús ha revelado que Él es  Cristo Rey. Lo triste es que no le han hecho ningún caso. Y también es muy triste que tampoco Pilato le hace ningún caso cuando Jesús le dice que, efectivamente, Él es el Mesías, el Rey de los judíos.    Pilato se comporta con cierta autoridad. Él es el representante del Cesar y las tr...

Si tú eres el Cristo, dínoslo

 Meditación sobre Lc 22,63-71 Estamos en el atrio de la casa del sumo sacerdote. Después de las negaciones de Pedro, ahora descargan sobre Jesús las primeras burlas. Los ultrajes y los desprecios tienen una presencia grande en la Pasión del Hijo de Dios. Los hombres que le tenían preso se burlaban de Él y le golpeaban; y cubriéndolo con un velo le preguntaban: “¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?” Y le insultaban diciéndole otras muchas cosas. La maldad que descarga sobre el Señor en su Pasión tiene un alto contenido de burla. Si meditas despacio los cuatro Evangelios te sorprenderá la cantidad de burlas a las que Jesús se somete sin una queja. Te sorprenderá la cantidad y variedad de personas que se consideran con el derecho y la autoridad de burlarse de Jesús. Y pensarás: «yo soy uno de los que, tantas veces, me he burlado del Señor».    Las burlas de Jesús manifiestan la particular vileza del corazón pecador; y la humildad de Jesús. ¿Por qué Jesús, que es Dios, se...

Yo estoy en el Padre y el Padre en mí

Meditación sobre Jn 14,1-14 Estamos en el Cenáculo. El Señor ya les ha dicho a sus discípulos que tiene que dejarlos y que, donde Él va, ellos no pueden ir. La tristeza les llena el corazón. Jesús les tranquiliza con una revelación asombrosa: “No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones. De lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que donde esté Yo estéis también vosotros. Y adonde  Yo voy  sabéis el camino”. El Señor invita a sus discípulos a creer; a creer en Dios y a creer también en Él. Esa es la fe que fortalece y serena el corazón del cristiano. Jesús les revela que todo responde al Amor que su Padre Dios les tiene. Por ese Amor nos envía a su Hijo y dispone las cosas para que podamos estar con Él, en su Casa, para siempre. La fe nos lleva a conocer que la Pasión y la Cruz es el camino por el...

El Señor se volvió y miró a Pedro

 Meditación sobre Lc 22,54-62 En la Última Cena Jesús le dijo a Pedro:  “¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos” . Pedro no presta atención al grandioso horizonte de las palabras de Jesús:  “Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte” . Jesús le dice:  “Te digo, Pedro: No cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces que me conoces” . Con este horizonte escuchamos lo que San Lucas nos dice que sucedió una vez que apresaron a Jesús. Pedro no ha escuchado a Jesús y él mismo se meterá en la trampa. Después de apresarlo se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le seguía de lejos. Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos. Una criada, al verlo sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: “Este tam...

Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas

 Meditación sobre Lc 22,47-53 Seguimos en el monte de los Olivos. Jesús acaba de terminar su oración. Todavía estaba hablando cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero y se acercó a Jesús para darle un beso. Jesús le dijo: “¡Judas, con un  beso entregas  al Hijo del hombre!”   Jesús corta en seco a Judas con las que van a ser las últimas palabras que le dirija. Es una palabra estremecedora. Qué largo y triste camino el que Judas ha recorrido desde que escuchó la palabra de Jesús invitándole a ser uno de los Doce hasta este terrible momento. Pero las palabras que Jesús dirige a Judas hay que entenderlas en el horizonte de otras palabras que nos ha dejado e n el Evangelio de San Juan: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; Yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre” . La razón última de que Jesús e...