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Vosotros sois mis amigos

Meditación sobre Jn 15,12-17 Estamos en el Cenáculo. Jesús acaba de revelarnos que ha venido al mundo a traernos el amor con el que el Padre le ama a Él y a invitarnos a permanecer en su amor guardando sus mandamientos; continúa desarrollando esta revelación. “Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como Yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que Yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Jesús nos revela el rasgo que caracteriza la grandeza de su amor: dar su vida por sus amigos. Y nos revela que el que quiera llegar a ser su amigo tiene que hacer lo que Jesús nos manda: amar a todos con el amor con el que Él le ama. No hay otro modo de llegar a ser amigo de Jesús. Quizá debamos empezar pidiéndole al Señor que nos enseñe a amar como Él nos ama.   ...
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Como el Padre me amó

Meditación sobre Jn 15,9-11 Estamos en el Cenáculo; Jesús está a punto de salir al encuentro con la Cruz. La revelación que nos va a dejar ahora es particularmente  profunda y conmovedora: “Como el Padre me amó, así os he amado Yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor, como Yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su Amor. Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría sea completa”. Jesús nos revela que Él es el Hijo Amado del Padre; y que permanecer en el amor del Padre guardando sus mandamientos es la razón de su vivir.    Jesús nos revela que ha venido al mundo para amarnos con el amor con el que su Padre le ama a Él; y que tiene la esperanza de que permanezcamos en su amor.    Jesús nos revela que guardar sus mandamientos es el único modo de permanecer en el amor que nos tiene; por eso es el criterio de vida del cristiano. Para guardar los mandamientos de Jesús hay que escu...

Tampoco Yo te condeno

Meditación sobre Jn 8,1-11 Estamos en Jerusalén; el Señor está ya cerca de la Pasión. San Juan nos dice: Jesús se fue al monte de los Olivos. De madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. El Señor ha puesto su cátedra en el Templo de Jerusalén. El Templo alcanza la hora verdaderamente grande de su historia; ha cumplido la misión a la que Dios le destinó. Hoy, allí, en el Templo de Jerusalén, estamos todos los que deseamos, mas que nada en el mundo, escuchar la enseñanza de Jesús, porque tenemos la certeza de que solo Él tiene palabras de vida eterna. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?” Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarlo. Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. El com...

Beberéis mi cáliz

Meditación sobre Mt 20,17-28 Nos dice San Mateo: Cuando subía Jesús camino de Jerusalén tomó aparte a sus doce discípulos y les dijo: “Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles para burlarse de Él y azotarlo y crucificarlo, pero al tercer día resucitará”. Jesús nos dice que sube a Jerusalén para cumplir la voluntad de su Padre Dios. Es lo que la expresión «será entregado» significa. En último extremo todo responde al designio de Dios. Por eso la última palabra la tendrá la Resurrección. Es el designio de Dios y el amor obediente y humilde de Jesús a su Padre, lo que da valor redentor a las burlas, a la flagelación y a la cruz. Así nos lo dirá en el Cenáculo, cuando esté a punto de llegar esa hora terrible: “Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder. Pero ha de saber el mundo que amo al Padre y ...

Yo soy el Pan vivo

Meditación sobre Jn 6,48-59 Estamos en la sinagoga de Cafarnaún. Jesús nos está revelando el misterio de la Eucaristía. Sus palabras son ahora de un realismo tan fuerte que excluyen cualquier interpretación en sentido figurado: “Yo soy el Pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. É ste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el Pan vivo bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que Yo le voy a dar es mi carne, para la vida del mundo”. Qué palabras tan concisas y poderosas. Qué fuerza tienen ese doble «Yo soy» cuando es Dios Hijo quien lo revela. Jesús nos dice que el maná fue un tipo. Él es el verdadero Pan de vida, el Pan vivo bajado del cielo;  el que coma de ese pan vivirá para siempre. Cuántas veces utiliza el Señor la idea –y la palabra– de vida en este breve texto. En esta palabra de cuatro letras «vida» se contiene toda la obra de Dios: la Creación y la Redención, la Encarnación de...

La obra de Dios

Meditación sobre Jn 6,22-33 Con cinco panes de cebada y dos peces, que reparte después de rezar la acción de gracias, Jesús ha alimentado a una enorme muchedumbre. Es el signo del pan, el signo de la Eucaristía, el signo de que Jesús ha traído al mundo la vida que recibe del Padre y se abre a la eternidad. El evangelista nos dice lo que sucedió al día siguiente: Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarlo a la orilla del mar, le dijeron: “Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?” Jesús va a lo esencial: Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis vi...

Yo soy el Pan de vida

Meditación sobre Jn 6,34-47 Estamos en Cafarnaúm. Jesús acaba de revelarnos que es su Padre, no Moisés, el que nos da el verdadero pan del Cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. La petición de los que le escuchan está muy puesta en razón: Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. La respuesta de Jesús es una poderosa revelación: Les dijo Jesús: “Yo soy el Pan de vida; el que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí no tendrá nunca sed. Pero os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él tenga vida eterna, y que Yo lo resucite el último día”. Revelando que ...