Meditación sobre Rom 13,7-14 Pablo abre la segunda parte de la Carta a los Romanos de un modo poderoso: Os exhorto, por tanto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios: éste es vuestro culto espiritual. Y no os amoldéis a este mundo, sino, por el contrario, transformaos con una renovación de la mente, para que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, agradable y perfecto. Con este doble horizonte escuchamos lo que ahora nos va a decir: Dad a cada cual lo que se debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor. Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo ha cumplido plenamente la Ley. En efecto, lo de: ‘ No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás’ y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: ‘ Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ . La caridad no hace mal al prój...
Meditación sobre Mt 11,28-30 Después de revelarnos que nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar, Jesús invita a todo el que quiera acoger esa revelación: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y Yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Solo Jesús, el Hijo Amado del Padre, puede darnos descanso; un descanso que se abre a la vida eterna. Solo Él nos puede revelar que ha venido al mundo a librarnos del poder del pecado y a trasladarnos al Reino del Amor del Padre. Solo en ese Reino encontraremos el descanso para nuestras almas. Todo lo demás está marcado con el sello del pecado y de la muerte. Jesús nos invita a tomar sobre nosotros su yugo. En el Cenáculo, cuando está a punto de salir al encuentro con la Cruz, el Señor nos explica de qué yugo se trata: “Ya no hablaré muchas cosas ...