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Dignos de Cristo

Meditación sobre Mt 10,32-42 El día que María y José llevaron a Jerusalén al Niño para presentarlo al Señor, el anciano Simeón fue Templo movido por el Espíritu. Al entrar los padres con el niño Jesús para cumplir lo que prescribía la Ley sobre Él, lo tomó en sus brazos y, después de bendecir a Dios y a los padres, le dijo a María, su madre (Lc 2,34s): “Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción –y a tu misma alma la traspasará una espada– , a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones”. Con este horizonte vamos a escuchar algunas de las instrucciones que Jesús dió a sus doce discípulos cuando los envió en misión apostólica. “A todo el que me confiese delante de los hombres, también Yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, también Yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”. Jesús es signo de contradicción. Ante Él cada uno tiene qu...
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¿Quieres ser curado?

Meditación sobre Jn 5,1-18 Jesús vuelve a Jerusalén desde Caná de Galilea. Después de esto hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina, que se llama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba allí un hombre que llevaba treinta y ocho años en su enfermedad. Al verlo Jesús tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: “¿Quieres ser curado?” Le respondió el enfermo: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo voy otro baja antes que yo”. Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Jesús hace a este hombre la pregunta clave: “¿Quieres ser curado?” Es la pregunta que Jesús nos hace a cada hombre. Para hacernos esta pregunta ha venido el Hijo de Dios al mundo. Solo Él nos la puede hacer porque solo Él puede curar...

Si me amáis

Meditación sobre Jn 14,15-26 Estamos en el Cenáculo. Jesús ha invitado a sus discípulos a creer en Él; ahora les va a invitar a que le amen, y les va a revelar las maravillas que se siguen de acoger su invitación: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y Yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de la verdad; que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce, pero vosotros lo conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros”. Jesús invita; no fuerza; siempre invita. Si le amamos, nos dice, guardaremos sus mandamientos. Punto. No se trata de emociones y cosas parecidas. El único modo de tener clara conciencia de que amamos a Jesús es escuchar sus palabras, meditarlas en la oración, guardarlas en el corazón y vivirlas.    Si le amamos, el Hijo pedirá al Padre por nosotros. La primera Persona divina que el Padre nos ha enviado es el Hijo. Ahora nos enviará el Espíritu de la verdad, que permanecerá a ...

Sobre el Reino de los Cielos

 Meditación sobre Mt 13,31-35 Entre la exposición de la parábola de la cizaña del campo y su explicación, Mateo abre un espacio en el que coloca dos parábolas breves. La primera parábola breve es la del grano de mostaza: Otra parábola les propuso: “El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas”. Las parábolas de Jesús se entienden con claridad escuchándolas con el horizonte de la vida de la Iglesia: el contraste entre lo que era el Reino de los Cielos en la tierra cuando Jesús pronunció esta parábola y lo que es hoy. El mensaje que nos deja la historia de la Iglesia es claro: no hay que desanimarse; hay que trabajar para implantar el Reino de los Cielos en nuestro mundo sin desanimarse.    Ese «grano de mostaza que tomó un hombre y lo s...

Parábola de la cizaña del campo

Meditación sobre Mt 13,24-30.36-43 San Mateo agrupa siete parábolas en las que Jesús revela el misterio del Reino de los Cielos en lo que ahora es el capítulo número trece de su Evangelio. Este capítulo comienza así: Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas Ahí, a orillas del mar, escuchando a Jesús que nos habla muchas cosas en parábolas, estamos todos. Vamos a escuchar una parábola de Jesús a la que los discípulos se refieren con la expresión: «La parábola de la cizaña del campo». Luego escucharemos la explicación que Jesús nos ha dejado de esta parábola. Otra parábola les propuso, diciendo:    “El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produj...

Escuchad la parábola del sembrador

 Meditación sobre Mt 13,1-23 Estamos en Cafarnaúm, a orillas del lago de Genesaret. El relato que nos va a dejar Mateo se abre con una preciosa escena. Preciosa es también la parábola que Jesús nos va a dirigir: Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a sentarse en una barca; toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas. Jesús, la Palabra consustancial de Dios, ha puesto su cátedra en una barca de pescadores, y tiene como escenario el lago de Genesaret y el cielo de Galilea. La muchedumbre que le escucha no ha hecho más que crecer a lo largo de los siglos. Entre ese gentío estamos todos. Decía: “Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino; vinieron las aves y se las comieron. Otra parte cayó en un pedregal, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se acostó y, por no tener...

La suegra de Simón

 Meditación sobre Lc 4,38-44 Es sábado. Estamos en Cafarnaúm: Saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. Lucas nos ha dicho que, en la sinagoga, Jesús conminó al espíritu de un demonio inmundo diciéndole: “Cállate, y sal de él”. Y el demonio salió del hombre sin hacerle ningún daño. Ahora conmina a la fiebre, que también le obedece. Ya se ve que la posesión diabólica y la mucha fiebre se mueven en el mismo horizonte y, ante la autoridad y el poder de la palabra de Jesús, no tienen más remedio que obedecer. Con Jesús ha venido el Reino de Dios al mundo. Satanás y la muerte han perdido su poder.    Qué comportamiento tan noble el de la suegra de Simón. Tan noble y tan inteligente. Se ve que ella, que ha estado bajo el poder de la fiebre, quiere pertenecer al Reino de Dios que Jesús nos...