Meditación sobre Lc 22,47-53 Seguimos en el monte de los Olivos. Jesús acaba de terminar su oración. Todavía estaba hablando cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero y se acercó a Jesús para darle un beso. Jesús le dijo: “¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!” Jesús corta en seco a Judas con las que van a ser las últimas palabras que le dirija. Es una palabra estremecedora. Qué largo y triste camino el que Judas ha recorrido desde que escuchó la palabra de Jesús invitándole a ser uno de los Doce hasta este terrible momento. Pero las palabras que Jesús dirige a Judas hay que entenderlas en el horizonte de otras palabras que nos ha dejado e n el Evangelio de San Juan: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; Yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre” . La razón última de que Jesús e...
Meditación sobre Lc 22,39-46 Jesús y sus discípulos han terminado la Última Cena. San Lucas nos dice: Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos; los discípulos le siguieron. Jesús sale a pasar la noche en el monte de los Olivos. Lo ha hecho otras noches, pero lo que esta noche va a vivir allí será muy especial. Llegado al lugar les dijo: “Pedid que no caigáis en tentación”. Y se apartó de ellos como un tiro de piedra. Puesto de rodillas oraba diciendo: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y entrando en agonía oraba con más intensidad. Y le sobrevino un sudor como de gotas de sangre que caían hasta el suelo. Qué relato tan sencillo y tan conmovedor. Con esta oración entra Jesús en la hora del poder de las tinieblas, hora de angustia y tristeza de muerte. Lo hace movido por el amor y la obediencia a su Padre Dios y por el amor a los suyos hasta el extremo. Par...