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Las Bienaventuranzas

 Meditación sobre Mt 5,1-12 En el Cenáculo, muy cerca ya de encaminarse al encuentro con la Cruz, respondiendo a una pregunta de Tomás, Jesús nos revela: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Con este horizonte nos disponemos a escuchar al Señor. San Mateo nos ha dicho que Jesús recorría toda la Galilea enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia del pueblo. Y nos ha dicho también que le seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán. El evangelista continúa: Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. En este admirable marco va a resonar la palabra de Jesús: Tomando la palabra, les enseñaba diciendo: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Jesús no hace sociología; Jesús habla en el horizonte de la vida eterna. Con esta bienaventuranza nos dice que es Dios el que d...
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Bendito el hombre que confía en el Señor

Meditación sobre Jer 17,5-10 Los Profetas de Israel. Siempre los Profetas de Israel. Los oráculos de los Profetas han ido revelando a lo largo de los siglos el misterio del corazón de Dios y de sus relaciones con Israel. Luego, esa sabiduría que solo puede proceder de Dios se ha ido difundiendo en los Salmos y en tantos libros del Antiguo Testamento y, desde ahí, ha pasado a la vida de la Iglesia. Nada se ha perdido. Los Profetas  han hecho grande a Israel.    En esta preciosa página del profeta Jeremías el Señor, Dios de Israel, trata, con el tema de los dos caminos, de animar a los israelitas a que recorran el camino que lleva al encuentro definitivo con Él. Escuchemos: Así dice el Señor: “Maldito el hombre que confía en el hombre y pone en la carne su apoyo, alejando su corazón del Señor. Será como el tamarisco en la estepa: no verá venir el bien, vivirá en los sitios áridos del desierto, en tierra salada, donde nadie puede vivir”. ¿Por qué el ...

Misericordia, Dios mío

 Meditación sobre el Salmo 51 (50) El Salmo, conocido desde hace siglos como «Salmo Miserere» y que pertenece al grupo de los siete Salmos Penitenciales de la Iglesia Católica, es una escuela de cómo vivir la filiación divina.  El Libro del Salterio lo introduce diciendo: Del maestro de coro. Salmo. De David.   Cuando el profeta Natán le visitó después que aquél se había unido a Betsabé. Nos centramos en algunas estrofas. La primera contiene una magnífica revelación: Tenme piedad, oh Dios, según tu amor; por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa y de mi pecado purifícame. Cómo se nota la influencia de los Profetas de Israel en esta profunda oración; la influencia de esos magníficos oráculos en los que Dios se revela rico en misericordia y grande en perdonar. Es el amor de su Dios lo que le da completa seguridad al salmista de que va a ser lavado de su culpa y purificado de su pecado. Pedirle perdón a Dios es experimentar la felicidad de encon...

Sí, Padre

 Meditación sobre Lc 10,17-24 Jesús ha designado setenta y dos discípulos y los ha enviado de dos en dos a todas las ciudades y sitios adonde Él había de ir. El regreso: Los setenta y dos volvieron llenos de alegría, diciendo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”. Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño. Pero no os  alegréis  de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos”. Jesús comenzó la proclamación de la Buena Nueva anunciando la cercanía del Reino de Dios e invitando a la conversión y a la fe en el Evangelio. Con la llegada del Reino de Dios Satanás pierde su poder. Es el fruto de la Evangelización. Satanás cae de ese cielo al que Cafarnaúm quería encumbrarse, de esa altura de la soberbia y del poder que se había arrogado  con el pecado del h...

Misión de los setenta y dos discípulos

Meditación sobre Lc 10,1-16 Nos dice Lucas que, como se iban cumpliendo los días de su ascensión, Jesús se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén. Envió mensajeros delante de sí para prepararle posada. El evangelista continúa: Después de esto, designó  el Señor  a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios adonde Él había de ir. Y les dijo:    “La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Lo que Jesús dice a sus enviados no deja de ser un misterio. Solo el Hijo nos puede revelar que el Dueño de la mies , que es su Padre Dios, ha preparado mucha gente para recibir el Evangelio, pero tiene pocos obreros para anunciarlo. Por eso Jesús dice a este primer grupo de enviados que empiecen su misión con la oración y que no dejen de rogar al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. En la Iglesia las cosas serán siempre así. Seguimos escuchando al Señor: “Id; mir...

Pero Yo os digo

Meditación sobre Mt 5,43-48 San Mateo ha situado en el corazón del Discurso de la Montaña unas preciosas palabras de Jesús. Son palabras que contienen una revelación muy poderosa: “ Habéis oído que se dijo:  Amarás a tu prójimo  y odiarás a tu enemigo. Pero Yo os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos”. “ Pero Yo os digo” . En estas palabras de Jesús está la clave de todo: ¿Quién es el Yo que nos habla? La fe cristiana nos dice: es Dios, Dios Hijo. Esa es la clave del cristianismo. Si acoges este misterio en la fe, entonces lo que Jesús te dice es lo único importante en tu vida; como es lo único importante en la historia de la humanidad. El cielo y la tierra pasarán; las palabras de Jesús no pasarán. La razón última de todo en la Iglesia es facilitarnos escuchar cada vez más profundamente lo que Jesús nos dice.    La r...

El envío de los Doce

Meditación sobre Mc 6,7–13 Nos dice San Marcos que la enseñanza de Jesús no ha sido acogida en su patria; pero eso no le desanima. Él ha salido del Padre y ha venido al mundo para predicar el Evangelio de Dios y, cuando termine su misión, dejará otra vez el mundo y volverá al Padre. Sus Apóstoles continuarán su misión. Serán responsables de que el cristianismo se abra a los gentiles y no quede encerrado en el mundo judío como una secta más. Jesús comienza enviándolos a las ovejas perdidas de la Casa de Israel: Y llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles potestad sobre los espíritus impuros. Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón; y que fueran calzados con sandalias y que no llevaran dos túnicas. Y les dijo:    “Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os  escuchan , marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta d...