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Tres parábolas del Reino

Meditación sobre Mt 13,44-53 Con la parábola del sembrador comienza la serie siete parábolas de Jesús sobre el Reino que Mateo ha agrupado en este capítulo de su Evangelio. Vamos a escuchar las tres últimas: “El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel”.  Qué parábola tan sencilla y tan preciosa. El mensaje es bien sencillo: entrar en el Reino de los Cielos es el tesoro, el único y verdadero tesoro que el hombre puede conseguir en esta vida. Comparado con el Reino de los Cielos todo lo demás –éxito, riquezas, poder, placer, etc.– no vale nada. Y realmente no vale nada, porque lo que no sea llegar a pertenecer al Reino de los Cielos está marcado con el sello de la muerte eterna. Todo pasará.    De lo dicho se sigue que la única manera de conseguir el Reino de los Cielos es vender todo lo que se tiene para comprar...
Entradas recientes

El Santo de Dios

Meditación sobre Jn 6,60-71 Estamos en la sinagoga de Cafarnaúm; Jesús ha terminado la revelación del misterio de la Eucaristía. Ahora el evangelista nos va a informar de la reacción de los que han escuchado al Señor:  Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: “Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?” Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: “¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen”.     Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: “Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre”. Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él.  Nos enteramos ahora que a Jesús ya le segu...

Yo soy el Pan vivo

Meditación sobre Jn 6,51-59 Estamos en la sinagoga de Cafarnaún. El pan del Cielo que el Padre nos da, el pan de Dios que baja del cielo y da la vida al mundo, del que Jesús nos habla cuando dice “Yo soy el Pan de vida” , es la Palabra de Jesús y la Eucaristía. En esta última parte del discurso Jesús trata más directamente de la Eucaristía. El realismo de las palabras de Jesús es tan fuerte que excluye cualquier interpretación en sentido figurado: “Yo soy el Pan vivo bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que Yo le voy a dar es mi carne, para la vida del mundo”. Discutían entre sí los judíos y decían: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”      Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera b...

Yo soy el Pan de vida

Meditación sobre Jn 6,34-50 Estamos en Cafarnaúm. Jesús nos ha revelad o que el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. Los que le escuchan le piden: Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús nos revela: Les dijo Jesús: “Yo soy el Pan de vida; el que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí no tendrá nunca sed. Pero os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis”. Qué revelación tan poderosa es ese «Yo, soy». Jesús afirma ser la salvación que todo hombre, lo sepa o no, va buscando. Y nos asegura que solo Él puede saciar el hambre y la sed de vida plena y eterna que Dios ha puesto en el corazón del hombre. Para eso ha venido al mundo. El que vaya a Él no tendrá hambre y el que crea en Él no tendrá nunca sed. Pero es necesaria la fe. Las palabras de Jesús solo se pueden acoger con la sabiduría de la fe. El Señor continúa su profunda revelación: “Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado de...

La obra de Dios

Meditación sobre Jn 6,22-33 Con cinco panes de cebada y dos peces, que reparte después de rezar la acción de gracias, Jesús ha alimentado a una enorme muchedumbre. Es el signo del pan, el signo de la Eucaristía, el signo de que Jesús ha traído al mundo la vida que recibe del Padre. El evangelista nos dice lo que sucedió al día siguiente: Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarlo a la orilla del mar, le dijeron: “Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?” Jesús va a lo esencial: Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque ...

Bienaventuranzas y lamentaciones

Meditación sobre Lc 6,12-26 El Evangelio nos revela la importancia de la oración en la vida de Jesús: En aquellos días salió al monte a orar y pasó toda la noche en oración a Dios. Qué expresión tan poderosa. Jesús, a solas en el monte, envuelto en la oscuridad y el silencio, pasa la noche en oración a Dios. Con esa oración comenzará una etapa decisiva de la Redención: Jesús va a elegir a sus Apóstoles: Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y de entre ellos eligió a doce, a los que denominó apóstoles: Simón, a quien también llamó Pedro, y su hermano Andrés, Santiago, Juan, a Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago de Alfeo, Simón, llamado Zelotes, Judas de Santiago y a Judas Iscariote, que fue el traidor. Los Doce son elegidos de entre los discípulos y, enseguida, reciben el apelativo de «apóstoles». Hay clara distinción entre los discípulos en general y el grupo de los Doce, a los que Jesús elige nominalmente. La referencia al traidor –elegido también–, proyecta la sombra de...

La mirada de Dios

Meditación sobre Lc 1,26-31 La Sagrada Escritura se abre con el relato de la Creación . Cada uno de los días en los que el autor estructura su narración se cierra con las mismas palabras: Y vio Dios que estaba bien . C uando Dios culmina su obra, el libro del Génesis dice: Vio Dios todo cuanto había hecho, y he aquí que estaba muy bien . La mirada de Dios se complace en su obra. Todo está muy bien porque todo lo ha hecho Dios con Sabiduría y Amor; todo es muy bueno, porque todo ha brotado del Corazón de Dios. El pecado transforma la mirada de Dios. El libro del Génesis nos dice (Gen 6,5s): Viendo Yahveh cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra, y cómo todos sus pensamientos y deseos de su corazón no eran de continuo sino el mal, Yahveh se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra, doliéndose grandemente en su corazón. Qué palabras tan tristes. La obra que ha brotado del Corazón de Dios como un desbordarse de su bondad, está ahora sumergida por la maldad que su...