Meditación sobre Jn 14,15-26 Estamos en el Cenáculo. Jesús ha invitado a sus discípulos a creer en Él; ahora les va a invitar a que le amen, y les va a revelar las maravillas que se siguen de acoger su invitación: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y Yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de la verdad; que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce, pero vosotros lo conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros”. Jesús invita; no fuerza; siempre invita. Si le amamos, nos dice, guardaremos sus mandamientos. Punto. No se trata de emociones y cosas parecidas. El único modo de tener clara conciencia de que amamos a Jesús es escuchar sus palabras, meditarlas en la oración, guardarlas en el corazón y vivirlas. Si le amamos, el Hijo pedirá al Padre por nosotros. La primera Persona divina que el Padre nos ha enviado es el Hijo. Ahora nos enviará el Espíritu de la verdad, que permanecerá a ...
Meditación sobre Mt 13,31-35 Entre la exposición de la parábola de la cizaña del campo y su explicación, Mateo abre un espacio en el que coloca dos parábolas breves. La primera parábola breve es la del grano de mostaza: Otra parábola les propuso: “El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas”. Las parábolas de Jesús se entienden con claridad escuchándolas con el horizonte de la vida de la Iglesia: el contraste entre lo que era el Reino de los Cielos en la tierra cuando Jesús pronunció esta parábola y lo que es hoy. El mensaje que nos deja la historia de la Iglesia es claro: no hay que desanimarse; hay que trabajar para implantar el Reino de los Cielos en nuestro mundo sin desanimarse. Ese «grano de mostaza que tomó un hombre y lo s...