Meditación sobre Lc 23,50-56 San Lucas acaba de narrarnos la muerte de Jesús: Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” y, dicho esto, expiró. Ahora el cuerpo de Jesús va a ser sepultado. Es una escena de gran nobleza. Después de la violencia, los desprecios y las burlas que Jesús ha sufrido en la Pasión esta escena es muy consoladora. Solo están cuidando el cuerpo del Señor José de Arimatea y las mujeres de Galilea. Había un hombre llamado José, varón bueno y justo, miembro del Consejo, que no estaba de acuerdo con su decisión y sus acciones. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Éste se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Y lo descolgó, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido colocado todavía. Era ...
Meditación sobre Jn 3,13-21 Después del encuentro con Nicodemo, Jesús nos revela: “Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga la vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. El acontecimiento de la serpiente al que se refiere Jesús está relatado en Nm 21,4-9. El Hijo del hombre, que es el Hijo Unigénito de Dios, nos revela por qué ha bajado del cielo y por qué se ha dejado levantar en la Cruz. La razón de todo es el amor que su Padre Dios nos tiene. La finalidad es darnos la vida eterna, la vida de hijos de Dios. Lo que articula el Amor de Dios y la vida eterna es la fe en Jesucristo. Si estas palabras de Jesús se nos graban en el corazón llenarán nuestra vida de paz. En el origen está el amor que Dios me tiene. Ese...