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El Espíritu de Dios

Meditación sobre 1 Jn 3,23-4,6 Jesús, en la sinagoga de Cafarnaúm, nos revela la obra de Dios (Jn 6,29): “Ésta es la obra de Dios: que creáis en quien Él ha enviado”. Y, a punto ya de encaminarse a Getsemaní, nos deja su mandamiento (Jn 15,12): “Éste es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como Yo os he amado”. Con el horizonte de estas palabras escuchamos lo que la Carta de San Juan nos dice del mandamiento de Dios: Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros conforme al mandamiento que nos dio. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. El mandamiento de Dios es que creamos en su Hijo y, fruto de esa fe, que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado. Si guardamos los mandamientos de Dios, Dios permanece en nosotros y nosotros en Él.    Conocemos que Dios permanece en nosotros por el Espíritu que nos...
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Yo soy la Vid verdadera

Meditación sobre Jn 15,1-8 Los Profetas de Israel recurren a distintas imágenes para expresar, en la medida de lo posible, el amor de Dios por su pueblo. Una de estas es la imagen de la viña: Dios es el viñador e Israel es su viña exquisita . Página conmovedora es la canción de la viña del profeta Isaías (Is 5,1-4): Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña. Una viña tenía mi amigo en un fértil otero. La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces . Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, venid a juzgar entre mi viña y yo: ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo? Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces ? Cómo nos revela esta canción el amor que el Viñador ha derrochado en su viña. Qué triste que los habitantes de Jerusalén y los hombres de Judá, la cepa exquisita, hayan defraudado la esperanza y los...

Hacer la voluntad de Dios

 Meditación sobre Mt 12,46-50 En el Cenáculo, cuando está a punto de salir al encuentro con la Cruz, Jesús se dirige a su Padre Dios en una larga oración. Éste es el comienzo: “Padre, ha llegado la Hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que Tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que Tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame Tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese”. El corazón de este comienzo es lo que Jesús le dice al Padre que ya ha hecho: le ha glorificado en la tierra llevando a cabo la obra que el Padre le ha encomendado realizar. En estas pocas palabras Jesús nos ha dejado su biografía. Hacer la voluntad del Padre es lo que da sentido y valor a su vida. En Belén, en el taller de...

El signo del pan

Meditación sobre Jn 6,1-15 El capítulo sexto del evangelio de San Juan está centrado en la revelación que Jesús nos deja del Misterio Eucarístico. El evangelista el capítulo introduce con el gran signo del pan. Después de esto partió Jesús al otro lado del mar de Galilea, de Tiberíades, y le seguía una gran muchedumbre, porque veían las señales que hacía con los enfermos. La muchedumbre que sigue a Jesús es gente que busca la vida, porque la vida es el verdadero anhelo del corazón humano: hemos sido creados por el Dios vivo y dador de vida, y hemos sido creados para la vida, para la vida plena, para la vida eterna, para la vida de hijos de Dios. Las curaciones que el Señor realiza son señales de que con Él ha llegado el Reino de Dios. Por eso las obras de Jesús son, para el que quiere ver, signos que llevan a la fe en Él. Subió Jesús a un monte y se sentó con sus discípulos. Estaba cercana la Pascua, la fiesta de los judíos. Levantando, pues, los ojos Jesús y contemplando la gran much...

Jesús nos invita

Meditación sobre Mt 11,28-30 Después de la preciosa oración de alabanza al Padre, Señor del cielo y de la tierra, Jesús nos dirige tres invitaciones: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y Yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Jesús nos invita a ir a Él para darnos descanso. Solo Él, el Hijo Amado del Padre, puede hacerlo, porque ir a Jesús es encontrarse con el Amor con el que el Padre ama a su Hijo. Así lo expresa al final de la oración en el Cenáculo (Jn 17,25s): “Padre justo, el mundo no te conoció; pero Yo te conocí, y éstos han conocido que Tú me enviaste. Les he dado a conocer tu Nombre y lo daré a conocer, para que el Amor con que Tú me has amado esté en ellos y Yo en ellos. S olo en ese Amor, que se abre a la eternidad, encontraremos el descanso para nuestras almas. Todo lo demás está bajo el poder de la ang...

Dignos de Cristo

Meditación sobre Mt 10,32-42 El día que María y José llevaron a Jerusalén al Niño para presentarlo al Señor, el anciano Simeón fue Templo movido por el Espíritu. Al entrar los padres con el niño Jesús para cumplir lo que prescribía la Ley sobre Él, lo tomó en sus brazos y, después de bendecir a Dios y a los padres, le dijo a María, su madre (Lc 2,34s): “Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción –y a tu misma alma la traspasará una espada– , a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones”. Con este horizonte vamos a escuchar algunas de las instrucciones que Jesús dió a sus doce discípulos cuando los envió en misión apostólica. “A todo el que me confiese delante de los hombres, también Yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, también Yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”. Jesús es signo de contradicción. Ante Él cada uno tiene qu...

¿Quieres ser curado?

Meditación sobre Jn 5,1-18 Jesús vuelve a Jerusalén desde Caná de Galilea. Después de esto hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina, que se llama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba allí un hombre que llevaba treinta y ocho años en su enfermedad. Al verlo Jesús tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: “¿Quieres ser curado?” Le respondió el enfermo: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo voy otro baja antes que yo”. Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Jesús hace a este hombre la pregunta clave: “¿Quieres ser curado?” Es la pregunta que Jesús nos hace a cada hombre. Para hacernos esta pregunta ha venido el Hijo de Dios al mundo. Solo Él nos la puede hacer porque solo Él puede curar...