Meditación sobre Mc 1,40-45 Jesús ha recorrido toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando demonios. Con este horizonte, el Evangelio continúa: Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: “Si quieres, puedes limpiarme”. Compadecido de él , extendió su mano, le tocó y le dijo: “Quiero, queda limpio”. Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. Este hombre tiene noticia de la predicación de Jesús y de los milagros que realiza y, del modo que sólo el Espíritu Santo conoce, ha adquirido la certeza de que en Jesús de Nazaret está obrando el Dios de Israel, el Dios vivo y dador de vida. Esa fe la expresa en su conducta, en el modo de acercarse, de postrarse, y de pedirle a Jesús: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús se compadece de él, extiende su mano, le toca, y le dice: “ Quiero, queda limpio” . Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. Realmente este hombre era digno de la compasión de Jesús porque esta enfermedad, además...
Meditación sobre Ga 1,1-24 San Pablo abre la Carta a los Gálatas con la clara conciencia de su elección y con una admirable síntesis de la Redención: Pablo, apóstol, no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos, y todos los hermanos que conmigo están, a las Iglesias de Galacia. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, que se entregó a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso, según la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. La salvación nos viene por la entrega que Jesucristo hace de su vida por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso y hacernos hijos de su Padre Dios. Pero no ha sido iniciativa suya, sino obediencia a la voluntad de nuestro Dios y Padre. Resucitándolo de entre los muertos, el Padre manifiesta que ha aceptado la ofrenda de su Hijo, que lo ha hecho ...