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Hacer la voluntad de Dios

 Meditación sobre Mt 12,46-50 En el Cenáculo, cuando está a punto de salir al encuentro con la Cruz, Jesús se dirige a su Padre Dios en una larga oración. Éste es el comienzo: “Padre, ha llegado la Hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que Tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que Tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame Tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese”. El corazón de este comienzo es lo que Jesús le dice al Padre que ya ha hecho: le ha glorificado en la tierra llevando a cabo la obra que el Padre le ha encomendado realizar. En estas pocas palabras Jesús nos ha dejado su biografía. Hacer la voluntad del Padre es lo que da sentido y valor a su vida. En Belén, en el taller de...
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El signo del pan

Meditación sobre Jn 6,1-15 El capítulo sexto del evangelio de San Juan está centrado en la revelación que Jesús nos deja del Misterio Eucarístico. El evangelista el capítulo introduce con el gran signo del pan. Después de esto partió Jesús al otro lado del mar de Galilea, de Tiberíades, y le seguía una gran muchedumbre, porque veían las señales que hacía con los enfermos. La muchedumbre que sigue a Jesús es gente que busca la vida, porque la vida es el verdadero anhelo del corazón humano: hemos sido creados por el Dios vivo y dador de vida, y hemos sido creados para la vida, para la vida plena, para la vida eterna, para la vida de hijos de Dios. Las curaciones que el Señor realiza son señales de que con Él ha llegado el Reino de Dios. Por eso las obras de Jesús son, para el que quiere ver, signos que llevan a la fe en Él. Subió Jesús a un monte y se sentó con sus discípulos. Estaba cercana la Pascua, la fiesta de los judíos. Levantando, pues, los ojos Jesús y contemplando la gran much...

Jesús nos invita

Meditación sobre Mt 11,28-30 Después de la preciosa oración de alabanza al Padre, Señor del cielo y de la tierra, Jesús nos dirige tres invitaciones: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados y Yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Jesús nos invita a ir a Él para darnos descanso. Solo Él, el Hijo Amado del Padre, puede hacerlo, porque ir a Jesús es encontrarse con el Amor con el que el Padre ama a su Hijo. Así lo expresa al final de la oración en el Cenáculo (Jn 17,25s): “Padre justo, el mundo no te conoció; pero Yo te conocí, y éstos han conocido que Tú me enviaste. Les he dado a conocer tu Nombre y lo daré a conocer, para que el Amor con que Tú me has amado esté en ellos y Yo en ellos. S olo en ese Amor, que se abre a la eternidad, encontraremos el descanso para nuestras almas. Todo lo demás está bajo el poder de la ang...

Dignos de Cristo

Meditación sobre Mt 10,32-42 El día que María y José llevaron a Jerusalén al Niño para presentarlo al Señor, el anciano Simeón fue Templo movido por el Espíritu. Al entrar los padres con el niño Jesús para cumplir lo que prescribía la Ley sobre Él, lo tomó en sus brazos y, después de bendecir a Dios y a los padres, le dijo a María, su madre (Lc 2,34s): “Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción –y a tu misma alma la traspasará una espada– , a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones”. Con este horizonte vamos a escuchar algunas de las instrucciones que Jesús dió a sus doce discípulos cuando los envió en misión apostólica. “A todo el que me confiese delante de los hombres, también Yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, también Yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”. Jesús es signo de contradicción. Ante Él cada uno tiene qu...

¿Quieres ser curado?

Meditación sobre Jn 5,1-18 Jesús vuelve a Jerusalén desde Caná de Galilea. Después de esto hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina, que se llama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba allí un hombre que llevaba treinta y ocho años en su enfermedad. Al verlo Jesús tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: “¿Quieres ser curado?” Le respondió el enfermo: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo voy otro baja antes que yo”. Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Jesús hace a este hombre la pregunta clave: “¿Quieres ser curado?” Es la pregunta que Jesús nos hace a cada hombre. Para hacernos esta pregunta ha venido el Hijo de Dios al mundo. Solo Él nos la puede hacer porque solo Él puede curar...

Si me amáis

Meditación sobre Jn 14,15-26 Estamos en el Cenáculo. Jesús ha invitado a sus discípulos a creer en Él; ahora les va a invitar a que le amen, y les va a revelar las maravillas que se siguen de acoger su invitación: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y Yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de la verdad; que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce, pero vosotros lo conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros”. Jesús invita; no fuerza; siempre invita. Si le amamos, nos dice, guardaremos sus mandamientos. Punto. No se trata de emociones y cosas parecidas. El único modo de tener clara conciencia de que amamos a Jesús es escuchar sus palabras, meditarlas en la oración, guardarlas en el corazón y vivirlas.    Si le amamos, el Hijo pedirá al Padre por nosotros. La primera Persona divina que el Padre nos ha enviado es el Hijo. Ahora nos enviará el Espíritu de la verdad, que permanecerá a ...

Sobre el Reino de los Cielos

 Meditación sobre Mt 13,31-35 Entre la exposición de la parábola de la cizaña del campo y su explicación, Mateo abre un espacio en el que coloca dos parábolas breves. La primera parábola breve es la del grano de mostaza: Otra parábola les propuso: “El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas”. Las parábolas de Jesús se entienden con claridad escuchándolas con el horizonte de la vida de la Iglesia: el contraste entre lo que era el Reino de los Cielos en la tierra cuando Jesús pronunció esta parábola y lo que es hoy. El mensaje que nos deja la historia de la Iglesia es claro: no hay que desanimarse; hay que trabajar para implantar el Reino de los Cielos en nuestro mundo sin desanimarse.    Ese «grano de mostaza que tomó un hombre y lo s...