Ir al contenido principal

Entradas

Parábola de la cizaña del campo

Meditación sobre Mt 13,24-30.36-43 San Mateo agrupa siete parábolas en las que Jesús revela el misterio del Reino de los Cielos en lo que ahora es el capítulo número trece de su Evangelio. Este capítulo comienza así: Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas Ahí, a orillas del mar, escuchando a Jesús que nos habla muchas cosas en parábolas, estamos todos. Vamos a escuchar una parábola de Jesús a la que los discípulos se refieren con la expresión: «La parábola de la cizaña del campo». Luego escucharemos la explicación que Jesús nos ha dejado de esta parábola. Otra parábola les propuso, diciendo:    “El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produj...
Entradas recientes

Escuchad la parábola del sembrador

 Meditación sobre Mt 13,1-23 Estamos en Cafarnaúm, a orillas del lago de Genesaret. El relato que nos va a dejar Mateo se abre con una preciosa escena. Preciosa es también la parábola que Jesús nos va a dirigir: Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a sentarse en una barca; toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas. Jesús, la Palabra consustancial de Dios, ha puesto su cátedra en una barca de pescadores, y tiene como escenario el lago de Genesaret y el cielo de Galilea. La muchedumbre que le escucha no ha hecho más que crecer a lo largo de los siglos. Entre ese gentío estamos todos. Decía: “Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino; vinieron las aves y se las comieron. Otra parte cayó en un pedregal, donde no tenía mucha tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se acostó y, por no tener...

La suegra de Simón

 Meditación sobre Lc 4,38-44 Es sábado. Estamos en Cafarnaúm: Saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. Lucas nos ha dicho que, en la sinagoga, Jesús conminó al espíritu de un demonio inmundo diciéndole: “Cállate, y sal de él”. Y el demonio salió del hombre sin hacerle ningún daño. Ahora conmina a la fiebre, que también le obedece. Ya se ve que la posesión diabólica y la mucha fiebre se mueven en el mismo horizonte y, ante la autoridad y el poder de la palabra de Jesús, no tienen más remedio que obedecer. Con Jesús ha venido el Reino de Dios al mundo. Satanás y la muerte han perdido su poder.    Qué comportamiento tan noble el de la suegra de Simón. Tan noble y tan inteligente. Se ve que ella, que ha estado bajo el poder de la fiebre, quiere pertenecer al Reino de Dios que Jesús nos...

Manda con autoridad y poder

 Meditación sobre Lc 4,31-37 Acompañamos a Jesús que baja de Nazaret a Cafarnaúm: Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y el sábado se puso a enseñarles. Y se quedaron admirados de su enseñanza, porque porque hablaba con autoridad. La autoridad con la que Jesús enseña las Escrituras de Israel brota de que todas alcanzan en Él su cumplimiento. San Pablo lo expresa admirablemente (2Co 1,19s): Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, a quien os predicamos Silvano, Timoteo y yo, no fue sí y no; en Él no hubo más que sí. Pues todas las promesas hechas por Dios han tenido su sí en Él. En Cafarnaúm, la palabra de Jesús va a manifestar también su autoridad en relación al mundo de Satanás. La ocasión es el encuentro de Jesús con un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo: Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: “¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el ...

Primer testimonio de Juan

Meditación sobre Jn 1,19-28 En el Prólogo con el que abre su Evangelio, san Juan ha hecho una doble referencia al Bautista. Lo primero que nos dice es que Juan es un hombre enviado por Dios: Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. Luego nos dice que Juan ha venido para dar testimonio de que el Hijo Único de Dios se ha hecho carne y ha puesto su Morada entre nosotros: Juan da testimonio de Él y clama: “Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”. En cuanto termina el Prólogo, el evangelista se centra en el testimonio de Juan: Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: “¿Quién eres tú?” Él confesó, y no negó; confesó: “Yo no soy el Cristo”. Y le preguntaron: “¿Qué, pues? ¿Eres tú Elí...

El encuentro con un leproso

Meditación sobre Mc 1,40-45 Jesús ha recorrido toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando demonios. Con este horizonte, el Evangelio continúa: Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: “Si quieres, puedes limpiarme”. Compadecido de él , extendió su mano, le tocó y le dijo: “Quiero, queda limpio”. Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. Este hombre tiene noticia de la predicación de Jesús y de los milagros que realiza y, del modo que sólo el Espíritu Santo conoce, ha adquirido la certeza de que en Jesús de Nazaret está obrando el Dios de Israel, el Dios vivo y dador de vida. Esa fe la expresa en su conducta, en el modo de acercarse, de postrarse, y de pedirle a Jesús: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús se compadece de él, extiende su mano, le toca, y le dice: “ Quiero, queda limpio” . Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio.    Realmente este hombre era digno de la compasión de Jesús porque esta enfermedad, además...

La conversión de san Pablo

Meditación sobre Ga 1,1-24 San Pablo abre la Carta a los Gálatas con la clara conciencia de su elección y con una admirable síntesis de la Redención: Pablo, apóstol, no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos, y todos los hermanos que conmigo están, a las Iglesias de Galacia. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, que se entregó a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso, según la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. La salvación nos viene por la entrega que Jesucristo hace de su vida por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso y hacernos hijos de su Padre Dios. Pero no ha sido iniciativa suya, sino obediencia a la voluntad de nuestro Dios y Padre. Resucitándolo de entre los muertos, el Padre manifiesta que ha aceptado la ofrenda de su Hijo, que lo ha hecho ...