Meditación sobre Lc 24,13-35 Estamos en Jerusalén. Estamos en el primer día de la semana, el día en el que Jesucristo ha Resucitado. Las mujeres de Galilea, que han ido al sepulcro muy de mañana, no hallaron el cuerpo del Señor. También Pedro fue al sepulcro y tampoco encontró nada. Dos de los discípulos del Señor en los que San Lucas se va a centrar se alejan de Jerusalén entristecidos por los acontecimientos y decididos a dejar la Iglesia. Jesús les sale al encuentro: Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban velados para que no le conocieran. Él les dijo: “¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?” Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: “¿Eres tú el único residente en Jerusalén que...
Meditación sobre Jn 3,13-21 Después del encuentro con Nicodemo, Jesús continúa: “Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga la vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. El acontecimiento de la serpiente al que se refiere Jesús está relatado en Nm 21,4-9. El Hijo del hombre, que es el Hijo Unigénito de Dios, nos revela por qué ha bajado del cielo y por qué se ha dejado levantar en la Cruz. Lo que está en el origen y es razón de todo es el amor que su Padre Dios nos tiene. La finalidad es darnos la vida eterna, la vida de hijos de Dios. Lo que articula el Amor de Dios y la vida eterna es la fe en Jesucristo. Si estas palabras de Jesús se nos graban en el corazón llenarán nuestra vida de paz. En el origen está el am...