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Escuchar la palabra de Dios y guardarla

Meditación sobre Lc 8,19-21 En el Evangelio de San Juan, Jesús nos dice: “Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que viene a mí no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me ha enviado. Ésta es la voluntad de Aquel que me ha enviado: que no pierda nada de lo que Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día”. Jesús deja claro que Él ha bajado del cielo para hacer la voluntad de su Padre. Esa es la razón por está dispuesto a no perder nada de lo que el Padre le ha dado; incluso al precio de la Cruz. El corazón de la vida de Jesús es la voluntad de Aquel que le ha enviado. Con este horizonte escuchamos el relato que Lucas nos ha dejado de un encuentro de Jesús con su madre: Vinieron a verle su madre y sus hermanos, y no podían acercarse a Él a causa de la muchedumbre. Le anunciaro...
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Yo te bendigo, Padre

Meditación sobre Lc 10,17-24 Jesús ha designado setenta y dos discípulos y los ha enviado, de dos en dos, a todas las ciudades y sitios adonde Él había de ir. El regreso: Los setenta y dos volvieron llenos de alegría, diciendo: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre”. Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño. Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en los cielos”. La clave es «en tu Nombre»: con Jesús ha llegado el Reino de Dios; con la llegada del Reino de Dios Satanás pierde su poder. Los discípulos han compartido la misión de Cristo y han comprobado el poder que dimana de ella. Por eso la alegría que llena a estos discípulos del Señor.     Pero Jesús, que siempre habla en el horizonte de la Salvación, lleva la alegría de estos hombr...

Señor, enséñanos a orar

Meditación sobre Lc 11,1-4 Nos dice San Lucas: Y sucedió que hallándose Él orando en cierto lugar, así que acabó, le dijo uno de los discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos”.  Jesús reza solo; Él es el Hijo de Dios; su relación con el Padre es única. Ver orar a Jesús debía ser conmovedor. Pedirle al Señor que nos enseñe a orar es una necesidad del corazón cristiano: ¿quién, si no, nos va a enseñar? Y que le pidamos que nos enseñe a orar es una necesidad del corazón de Cristo: para introducirnos en esa relación que tiene con su Padre ha venido el Hijo de Dios al mundo. Solo Jesús puede hacernos capaces de rezar como hijos de Dios. Él les dijo: “Cuando oréis, decid:  Padre,  santificado sea tu Nombre,  venga tu Reino. Danos cada día nuestro pan cotidiano; y perdónanos nuestros pecados,  porque también nosotros perdonamos  a todo el que nos debe; y no nos dejes caer en tentación”. “Cuando oréis, decid: Padre” . Jesús nos...

Jesucristo es el Señor

Meditación sobre Flp 2,1-11 San Pablo abre el segundo capítulo de su Carta a la Iglesia de Filipos con un admirable ruego: Así pues, por la consolación en Cristo y por el consuelo de la caridad, por la comunión en el Espíritu y por las entrañas de misericordia, colmad mi gozo con vuestro mismo sentir, con vuestra misma caridad y concordia y con vuestros mismos anhelos. No actuéis por rivalidad ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada uno a los demás como superiores, buscando no el propio interés, sino el de los demás. Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús.  Ahora el Apóstol se centra en Jesucristo. La doctrina sobre Cristo que va a exponer el Apóstol es de un valor dogmático extraordinario y constituye, quizá, la fórmula más precisa y acabada de la cristología paulina. Es un himno cristológico, un verdadero canto a Cristo, que es exaltado por Dios y constituido «Señor» por encima de toda la creación. En la primera parte el sujeto es Jesuc...

Salió el sembrador a sembrar su semilla

Meditación sobre Lc 8,4-15 San Lucas presenta en pocos rasgos la vida de predicador de Jesús: Como se reunió mucha gente, e iban hacia Él de todas las ciudades, les dijo por medio de una parábola. Con esta parábola Jesús nos deja la clave de su vida de predicador. Esta clave tiene dos momentos: la siembra de la semilla, y la tierra en la que la semilla se siembra. Escuchemos al Señor: “Salió el sembrador a sembrar su semilla. Y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar se secó por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos la ahogaron; y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado”.      Dicho esto, clamó: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Lo esencial de la siembra, el mensaje que Jesús quiere que se nos grabe en el corazón, es que siempre hay semilla que encuentra tierra buena y da fruto abund...

El Misterio de su Voluntad

Meditación sobre Ef 1,1-14 San Pablo abre la Carta a los Efesios con un saludo, en el que queda de manifiesto la clara conciencia que tiene el Apóstol de su elección, y de la dignidad de los cristianos. Tres veces cita a Cristo Jesús. La voluntad del Dios y Padre nuestro en el origen de todo: Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso: la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo estén con vosotros. Ahora Pablo eleva su corazón a Dios en una gran oración de bendición; es un himno a la bondad del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los cielos en Cristo.  Toda bendición nos llega de Dios; y toda bendición nos llega en Cristo. Jesucristo es la bendición por excelencia, la bendición que contiene toda bendición que nos llega de su Dios y Padre. Todas son bendiciones espirituales, porqu...

Misericordia quiero, que no sacrificio.

Meditación sobre Mt 9,9-13 Estamos en Cafarnaúm. Jesús acaba de perdonar los pecados y curar a un paralítico. El evangelista continúa: Pasando Jesús de allí, vio a un hombre, llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.  El relato de la vocación de Mateo no puede ser más sobrio. Con Cristo llega el Reino de Dios, y en cada una de sus palabras resuena la última hora. Cuando Mateo escucha a Jesús que le dice: «Sígueme», este hombre descubre que seguir al Señor es lo único que puede llenar de sentido su vida, y abrirla a la eternidad. Por eso su respuesta: «Él se levantó y le siguió». Todo tiene el vigor de lo definitivo que Jesús ha traído al mundo.    ¿Qué hubiese sido de este hombre si se hubiera quedado sentado en su despacho de impuestos? No es difícil imaginarlo. Pero se dejó mover por el Espíritu Santo y siguió a Jesús. A partir de ese día su vida fue alucinante: Apóstol y Evangelista, escuchó al Señor día a...