Meditación sobre Lc 10,1-16 Nos dice Lucas que, como se iban cumpliendo los días de su ascensión, Jesús se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén. Envió mensajeros delante de sí para prepararle posada. El evangelista continúa: Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios adonde Él había de ir. Y les dijo: “La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Lo que Jesús dice a sus enviados no deja de ser un misterio. Solo el Hijo nos puede revelar que el Dueño de la mies , que es su Padre Dios, ha preparado mucha gente para recibir el Evangelio, pero tiene pocos obreros para anunciarlo. Por eso Jesús dice a este primer grupo de enviados que empiecen su misión con la oración y que no dejen de rogar al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. En la Iglesia las cosas serán siempre así. Seguimos escuchando al Señor: “Id; mir...
Meditación sobre Mt 5,43-48 San Mateo ha situado en el corazón del Discurso de la Montaña unas preciosas palabras de Jesús. Son palabras que contienen una revelación muy poderosa: “ Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero Yo os digo: amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos”. “ Pero Yo os digo” . En estas palabras de Jesús está la clave de todo: ¿Quién es el Yo que nos habla? La fe cristiana nos dice: es Dios, Dios Hijo. Esa es la clave del cristianismo. Si acoges este misterio en la fe, entonces lo que Jesús te dice es lo único importante en tu vida; como es lo único importante en la historia de la humanidad. El cielo y la tierra pasarán; las palabras de Jesús no pasarán. La razón última de todo en la Iglesia es facilitarnos escuchar cada vez más profundamente lo que Jesús nos dice. La r...