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Hacer lo que el Señor nos dice

Meditación sobre Lc 6,43–49 Llegamos al final del Discurso en el llano. El Señor nos va a revelar el misterio del corazón del hombre: “No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni tampoco árbol malo que dé buen fruto. Pues cada árbol se conoce por su fruto; no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas del zarzal.     El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno, y el malo de su mal tesoro saca lo malo: porque de la abundancia del corazón habla su boca”. El mensaje es claro. Aplicarlo a nuestra vida es sencillo. ¿Quién ha puesto lo bueno en el corazón de ese hombre para que pueda sacarlo? Dios Padre, porque solo Dios es bueno. Así se lo dijo Jesús a cierto hombre que le preguntó:  “Maestro bueno, ¿qué puedo hacer para heredar la vida eterna?” Le respondió Jesús: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno solo: Dios”. Solo Dios es bueno; y el hombre vive desde el corazón. El que abre su corazón a la bondad de Dios es un árbol que da ...
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Perdonar de corazón

Meditación sobre Mt 18,21-35  En cierta ocasión se acercó Pedro a Jesús. Pedro se acercó entonces y le dijo: “Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces?” Dícele Jesús: “No digo Yo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. En la Escritura el número siete hace referencia a algo acabado y perfecto. Setenta veces siete significa: siempre. Jesús le está diciendo a Pedro: perdona sin límite.  La fórmula elegida por Jesús nos lleva al origen, al canto de Lámec, que encontramos en el libro del Génesis poco después de asesinato de Abel a manos de su hermano mayor Caín: Dijo, pues, Lámec a sus mujeres:  “Adá y Selá, oíd mi voz;  mujeres de Lámec,  dad oído a mis palabras.  Por una herida maté a un hombre,  y a un muchacho por un rasguño;  pues Caín será vengado siete veces,  Lámec lo será setenta veces siete” . Este terrible canto es expresión de la venganza, del rechazo radical del perdón, que ...

Tres parábolas del Reino

Meditación sobre Mt 13,44-53 Con la parábola del sembrador comienza la serie siete parábolas de Jesús sobre el Reino que Mateo ha agrupado en este capítulo de su Evangelio. Vamos a escuchar las tres últimas: “El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel”.  Qué parábola tan sencilla y tan preciosa. El mensaje es bien sencillo: entrar en el Reino de los Cielos es el tesoro, el único y verdadero tesoro que el hombre puede conseguir en esta vida. Comparado con el Reino de los Cielos todo lo demás –éxito, riquezas, poder, placer, etc.– no vale nada. Y realmente no vale nada, porque lo que no sea llegar a pertenecer al Reino de los Cielos está marcado con el sello de la muerte eterna. Todo pasará.    De lo dicho se sigue que la única manera de conseguir el Reino de los Cielos es vender todo lo que se tiene para comprar...

El Santo de Dios

Meditación sobre Jn 6,60-71 Estamos en la sinagoga de Cafarnaúm; Jesús ha terminado la revelación del misterio de la Eucaristía. Ahora el evangelista nos va a informar de la reacción de los que han escuchado al Señor:  Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: “Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?” Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: “¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen”.     Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: “Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre”. Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él.  Nos enteramos ahora que a Jesús ya le segu...

Yo soy el Pan vivo

Meditación sobre Jn 6,51-59 Estamos en la sinagoga de Cafarnaún. El pan del Cielo que el Padre nos da, el pan de Dios que baja del cielo y da la vida al mundo, del que Jesús nos habla cuando dice “Yo soy el Pan de vida” , es la Palabra de Jesús y la Eucaristía. En esta última parte del discurso Jesús trata más directamente de la Eucaristía. El realismo de las palabras de Jesús es tan fuerte que excluye cualquier interpretación en sentido figurado: “Yo soy el Pan vivo bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que Yo le voy a dar es mi carne, para la vida del mundo”. Discutían entre sí los judíos y decían: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”      Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera b...

Yo soy el Pan de vida

Meditación sobre Jn 6,34-50 Estamos en Cafarnaúm. Jesús nos ha revelad o que el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo. Los que le escuchan le piden: Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús nos revela: Les dijo Jesús: “Yo soy el Pan de vida; el que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí no tendrá nunca sed. Pero os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis”. Qué revelación tan poderosa es ese «Yo, soy». Jesús afirma ser la salvación que todo hombre, lo sepa o no, va buscando. Y nos asegura que solo Él puede saciar el hambre y la sed de vida plena y eterna que Dios ha puesto en el corazón del hombre. Para eso ha venido al mundo. El que vaya a Él no tendrá hambre y el que crea en Él no tendrá nunca sed. Pero es necesaria la fe. Las palabras de Jesús solo se pueden acoger con la sabiduría de la fe. El Señor continúa su profunda revelación: “Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado de...

La obra de Dios

Meditación sobre Jn 6,22-33 Con cinco panes de cebada y dos peces, que reparte después de rezar la acción de gracias, Jesús ha alimentado a una enorme muchedumbre. Es el signo del pan, el signo de la Eucaristía, el signo de que Jesús ha traído al mundo la vida que recibe del Padre. El evangelista nos dice lo que sucedió al día siguiente: Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarlo a la orilla del mar, le dijeron: “Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?” Jesús va a lo esencial: Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque ...