Meditación sobre Is 52,13-53,12 Esta profecía del Siervo sufriente de Yahveh me parece la revelación más profunda que nos ha dejado el Antiguo Testamento sobre el Misterio de Cristo. Jesús nos dirá que es necesario que se cumpla en Él lo que está escrito en esta profecía (Lc 22,37). La profecía manifiesta el carácter de expiación vicaria de los sufrimientos redentores del Siervo de Dios: Mirad: mi Siervo triunfará, será ensalzado, enaltecido y encumbrado. Como muchos se horrorizaron de él –tan desfigurado estaba que no tenía aspecto de hombre ni apariencia de ser humano–, así él asombrará a muchas naciones. Por su causa los reyes cerrarán la boca, al ver lo que nunca les habían narrado y contemplar lo que jamás habían oído. Habla Dios. Deja claro que la última palabra la tendrá la exaltación: su Siervo triunfará y, una vez realizada la Redención, Dios lo ensalzará, lo enaltecerá y lo encumbrará. Pero el camino será terrible y el Siervo de Dios quedará completamente desfigurado...
Meditación sobre Lc 7,36-50 El relato que Lucas nos ha dejado del encuentro de Jesús con una mujer pecadora es conmovedor. El Espíritu Santo, con la colaboración de los Profetas, ha grabado en el corazón de esa mujer el sello del Israel fiel: la conciencia del propio pecado y la seguridad de que su Dios es grande en perdonar. Escuchemos el relato: Un fariseo le rogó que comiera con él, y entrando en la casa del fariseo se puso a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume y, estando detrás de Él, a sus pies, llorando, comenzó a bañar con lágrimas sus pies y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies y los ungía con el perfume. Esta mujer conoce a Jesús y, del modo que sólo el Espíritu Santo sabe, esta mujer ha adquirido la certeza de que en Jesús de Nazaret ha venido al mundo la misericordia de Dios. Y va a su encuentro. Sabe que el Señor entenderá el lenguaje del f...