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Mostrando entradas de noviembre, 2025

La fe de María

Meditación sobre Lc 1,36-45 Nos dice San  Lucas que las últimas palabras que  el ángel Gabriel dirigió a María cuando vino a anunciarle el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios fueron: “Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque  para Dios no hay nada imposible”.   Y la respuesta de María a todo lo que Dios, por medio del ángel, le había revelado y a la invitación que le había hecho de ser madre de Jesús fue: Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Terminada su misión,    el ángel se retiró de su presencia y María, acogiendo la sugerencia del ángel, se encaminó a casa de Isabel: En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno. Isabel quedó l...

¡Oh mujer, grande es tu fe!

Meditación sobre Mt 15,21-28 Jesús, enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm, nos revela: “Nadie puede venir a mí si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y  Yo lo  resucitaré el último día".   Lo que mueve al Padre a enviarnos a su Hijo y a llevarnos al encuentro con Él es la compasión: Dios, que no puede padecer, puede compadecer ; y se compadece de su criatura sometida al poder de Satanás y de la muerte. Y la razón última por la que el Dios vivo y dador de vida nos lleva al encuentro con su Hijo es para que Jesús nos resucite el último día. Con el horizonte de las palabras de Jesús vamos a escuchar lo que nos dice San Mateo: Después que Jesús salió de allí, se retiró a la región de Tiro y Sidón. En esto una mujer cananea, venida de aquellos contornos, se puso a gritar diciendo: “¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! Mi hija está poseída cruelmente por el demonio”. Pero Él no le  contestaba palabra . Los discípulos se le acercaron y le rogaron, diciendo: “Desp...

Conoceréis que Yo soy

Meditación sobre Jn 8,21-30 Jesús está enseñando en el Templo de Jerusalén. Como siempre en se enseñanza, Jesús nos deja una profunda revelación sobre sí mismo: Jesús les dijo otra vez: “Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado.  Adonde Yo  voy, vosotros no podéis ir”. Los judíos se decían: “¿Es que se va a suicidar, pues dice: «Adonde yo voy, vosotros no podéis ir»?” Él les decía: “Vosotros sois de abajo, Yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, Yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados”. Si no creen que en Jesús está Dios que viene a salvarlos de la esclavitud del pecado –es el sentido del: «Yo Soy» en Éxodo 3,14– no podrán acompañarlo cuando vuelva a la Casa del Padre.    Tres veces les dice Jesús que morirán en sus pecados.  No es una amenaza; es una invitación a la conversión. Jesús no ha venido a condenar sino a salvar; ha sido enviado ...

Ser discípulo de Jesús

 Meditación sobre Lc 14,25-33 Otra vez Lucas nos presenta a Jesús en camino rodeado de mucha gente que acude a escuchar sus enseñanzas. Es una imagen de lo que va a ser la vida de la Iglesia. Entre esa multitud estamos nosotros, que acompañamos al Señor a lo largo del camino de nuestra vida escuchando sus palabras y procurando guardarlas. Vamos a escuchar las condiciones que Jesús nos pone a los que queremos seguirlo. Caminaba con Él mucha gente, y volviéndose les dijo: “Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Jesús nos dice que para ser discípulo suyo hay que cargar con la propia cruz y seguirlo. ¿A qué se refiere cuando nos habla de llevar cada uno su cruz? Me parece que, para entenderlo –y esta es la clave de esta enseñanza de Jesús– tenemos que irnos al Cenáculo. Jesús, que está a...

Yo le conozco y guardo su palabra

Meditación sobre Jn 8,48-59 Seguimos en el Templo de Jerusalén. La profunda enseñanza de Jesús se realiza ahora en el marco de la polémica. Jesús acaba de decirles a los judíos unas verdades muy duras. Seguro que lo ha hecho para provocar en ellos la conversión. Jesús ha venido al mundo a salvar. Los judíos le respondieron: “¿No decimos, con razón, que eres samaritano y que tienes un demonio?” Respondió Jesús: “Yo no tengo un demonio; sino que honro a mi Padre, y vosotros me  deshonráis  a mí. Pero  Yo no  busco mi gloria; ya hay quien la busca y juzga. En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi palabra no verá la muerte jamás”. Con un lenguaje solemne, Jesús nos deja una revelación muy poderosa. Él ha venido al mundo a honrar a su Padre y a traernos la palabra de Dios, que es portadora de vida; el que guarda su palabra, el que la escucha y la vive, no verá la muerte jamás. Aquí está la clave de todo. Si la palabra de Jesús es portadora de vida eterna entonces...

El encuentro con María Magdalena

Meditación sobre Jn 20,1-18 Amanece el día que ya no tendrá ocaso. Movida por el amor a Jesús, y con el deseo de prestarle un último servicio, María Magdalena se dirige al sepulcro. El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro, cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús amaba y les dice: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto”. María es la primera persona que lleva a los apóstoles la novedad del sepulcro vacío. Pedro y Juan toman en serio la noticia: Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vend...

Tu Padre te recompensará

Meditación sobre Mt 6,1-6.16-18 Escuchamos a Jesús en el Sermón del Monte: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres con el fin de que os vean; de otro modo no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”. Estas palabras de Jesús son la clave de lectura de este capítulo. Lo primero que hay que preguntarse es por qué nuestro Padre que está en los cielos tiene interés por nosotros. La respuesta es clara: por el Amor que nos tiene. No puede haber otra razón. Jesús nos revela que el Padre nos ama con el Amor con el que le ama a Él .    Jesús invita, no impone. Cada uno tiene que elegir ante quién quiere vivir; qué recompensa quiere recibir y de quién espera recibirla. Ésta es la opción radical que el Señor presenta a nuestra libertad.    En lo que sigue Jesús se va a centrar en la limosna, la oración y el ayuno, pilares principales de la vida religiosa de Israel. Realmente, podemos aplicar lo que nos dice a todas las dimensiones de l...