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Mostrando las entradas etiquetadas como Evangelio según San Lucas

El padre misericordioso

Meditación sobre Lc 15,1-32 San Lucas estructura este capítulo en tres parábolas precedidas de un breve encabezamiento. El encabezamiento nos da la clave de lectura de las parábolas. Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: “Éste acoge a los pecadores y come con ellos”. Es verdad. Jesús acoge a los pecadores y come con ellos –lo que era particularmente escandaloso para los escribas y fariseos–. Todo es verdad; es la verdad que da razón de la Encarnación del Verbo  de Dios: para esto ha venido el Hijo de Dios al mundo.    Acogiendo a los pecadores el Señor nos revela que su Padre es rico en misericordia. La crítica de estos escribas y fariseos certifica que Jesús está cumpliendo la obra que el Padre le ha encomendado realizar, que es el ministerio de la misericordia y del perdón. La respuesta del Señor a esa crítica son tres parábolas. Las dos primeras son gemelas: Entonces les dijo esta parábola:...

La muerte de Jesús

Meditación sobre Lc 23,44-49 San Lucas nos dice que cuando crucificaron a Jesús había una inscripción: «Este es el Rey de los judíos». Muchos de los que estaban allí se burlaron. Una persona, que también cuelga de la cruz, no se burla; se toma la inscripción en serio y le dice al Señor:  “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino” . Jesús –«Yahvé salva»– también se toma en serio a esta persona:  “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” . Cómo supo este hombre quién es Jesús. Eso solo Dios Padre lo sabe. Así nos lo reveló Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm: “Nadie puede venir a mí si no le atrae el Padre que me ha enviado; y Yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos enseñados por Dios». Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí”. Esta es la clave de todo encuentro con Jesús. Y esta es la clave del encuentro entre el Crucificado y este hombre al que la tradición llama «el buen ladrón». Ese encuentro que le da al Señor ...

El encuentro con la pecadora

Meditación sobre Lc 7,36-50 El relato que Lucas nos ha dejado del encuentro de Jesús con una mujer pecadora es conmovedor. El Espíritu Santo, con la colaboración de los Profetas, ha grabado en el corazón de esa mujer el sello del Israel fiel: la conciencia del propio pecado y la seguridad de que su Dios es grande en perdonar. Escuchemos el relato: Un fariseo le rogó que comiera con él, y entrando en la casa del fariseo se puso a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume y, estando detrás de Él, a sus pies, llorando, comenzó a bañar con lágrimas sus pies y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies y los ungía con el perfume. Esta mujer conoce a Jesús; del modo que sólo el Espíritu Santo sabe esta mujer ha adquirido la certeza de que en Jesús de Nazaret ha venido al mundo la misericordia de Dios. Y va a su encuentro. Sabe que el Señor entenderá el lenguaje del fras...

La Crucifixión

 Meditación sobre Lc 23,32-43 Estamos en el camino del Calvario. Después de narrarnos el encuentro de Jesús con las Hijas de Jerusalén, San Lucas continúa; Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con Él. Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a Él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Dividiendo sus vestidos, echaron suerte sobre ellos. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo es rico en misericordia. En el Corazón de Jesús habita la plenitud de la misericordia divina corporalmente. El Hijo de Dios ha venido al mundo a ejercer el ministerio de la misericordia. Eso es lo primero que hace en cuanto es crucificado en el Calvario. Y allí, entre dos malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda, del Corazón de Cristo brota la oración que envolverá la tierra entera y llegará hasta el Trono de su Padre Dios pidiendo por los que le crucifican –que es pedir por...

Señor, enséñanos a orar

Meditación sobre Lc 11,1-4 Nos dice  San Lucas: Y sucedió que hallándose Él orando en cierto lugar, así que acabó le dijo uno de los discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos”. Ver orar a Jesús debía ser algo conmovedor. Jesús reza solo. Su relación con el Padre es única. Para introducirnos en esa relación única ha venido el Hijo de Dios al mundo. Por eso la petición de ese discípulo es una petición que cada cristiano tiene que hacer propia. Solo la oración que Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, dirige al Padre es verdadera oración. Por eso solo Jesús puede enseñarnos a rezar y solo Él, introduciéndonos en su oración, puede hacernos capaces de rezar como hijos de Dios. Él les dijo: “Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino. Danos cada día nuestro pan cotidiano; y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos dejes caer en tentación”. Jesús nos dice que tenemos que...

Quédate con nosotros

Meditación sobre Lc 24,13-35 Estamos en Jerusalén. Estamos en el primer día de la semana, el día en el que Jesucristo ha Resucitado. Las mujeres de Galilea, que han ido al sepulcro muy de mañana, no hallaron el cuerpo del Señor. También Pedro fue al sepulcro y tampoco encontró nada. Dos de los discípulos del Señor en los que San Lucas se va a centrar se alejan de Jerusalén entristecidos por los acontecimientos y decididos a dejar la Iglesia. Jesús les sale al encuentro: Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban velados para que no le conocieran. Él les dijo: “¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?” Ellos se pararon  con aire  entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: “¿Eres tú el único residente en Jerusalén que...

La oración de intercesión

Meditación sobre Lc 23,32-34 Las Escrituras de Israel están cuajadas de oraciones de intercesión. No pocas de ellas son magníficas; forman un largo camino que Israel, sabedor que su Dios es rico en Misericordia y grande en perdonar, fue recorriendo con confianza. La Misericordia de Dios abre espacio a la oración de intercesión. El camino de la intercesión alcanza su etapa decisiva en la oración de Jesús en la Pasión. Desde la Cruz Jesús pide al Padre por el mundo entero. L a primera palabra de Jesús en la Cruz, según el relato de San Lucas, es la oración de intercesión: Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con Él. Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, lo crucificaron allí a Él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.  Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Son nuestros pecados, no los soldados, los que crucificaron a Jesús en el lugar llamado Calvario. San Pedro, en su primera Carta, lo explica admirablemente:...

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí

 Meditación sobre Lc 23,26-31 Lucas nos acaba de decir que Pilato cedió ante lo que la muchedumbre pedía: soltó a Barrabás –un asesino–  y a Jesús se lo entregó a su voluntad. El relato continúa: Cuando le llevaban echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús.   Con el estilo claro y elegante que le caracteriza, San Lucas nos deja una información que emociona. Un hombre, Simón de Cirene, quizá un campesino, tiene el honor y la extraordinaria dignidad de cargar con la cruz y llevarla detrás de Jesús. Tantísimos cristianos a lo largo de la historia habrán deseado prestarle al Señor este servicio en su Pasión. Qué nobleza debe de tener este hombre a los ojos de Dios. ¿Cómo habrá sido el encuentro de Simón de Cirene con Jesucristo Resucitado?    Simón nos abre un camino, un camino que se recorre haciendo todo el bien que podamos. Un camino en el que no importa si conocemos la persona ...