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Jesús proclama el Evangelio de Dios

Meditación sobre Mc 1,14-20 Después del bautizo en el Jordán y de ser llevado por el Espíritu al desierto, donde permaneció cuarenta días, Jesús comienza la misión que su Padre le ha encomendado realizar. El evangelista va a marca claramente los tiempos: con Juan Bautista ha terminado el tiempo de la preparación; con Jesús se abre el tiempo del cumplimiento:   Después de haber sido apresado Juan, vino Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios y diciendo: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio”. Con la venida al mundo del Hijo de Dios se ha cumplido el tiempo de la promesa contenida en las palabras de Dios a la serpiente – Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar –. Y con el Hijo amado llega el Reino de Dios. Jesucristo ha venido a traernos el amor con el que el Padre le ama a Él y la vida que Él recibe del Padre. Cuando llegue la hor...

El mismo David le llama Señor

  Meditación sobre Mc 12,35-37 En cierta ocasión, nos dice San Mateo, Jesús dirigió a sus discípulos la pregunta clave, y de cuya respuesta depende la vida eterna, la pregunta que, del modo que solo Él conoce nos dirige a cada uno: Vosotros ¿quién decís que soy Yo? Simón Pedro contestó: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo . Y Jesús le dijo: Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos .     Jesús deja claro que Él es el Mesías -el Cristo–, el Hijo de Dios, y que esa revelación es obra de su Padre. Solo Dios nos puede revelar que su Hijo es el Mesías de Israel y, por tanto, el reino mesiánico que Jesucristo ha venido a implantar en el mundo es el Reino de Dios, el Reino en el que solo podremos entrar como hijos de Dios.    Esto no lo puede revelar la carne y la sangre, la sabiduría de este mundo. La ciencia humana se queda en un Mesías cuya descendencia de D...

María unge al Señor

Meditación sobre Jn 12,1-11 El Señor va a culminar la obra que el Padre le ha encomendado realizar. San Juan va a seguir la última semana de Jesús en la tierra con el mismo detalle con que siguió la primera. En la primera etapa del camino que le llevará a la muerte y resurrección, Jesús se encuentra con el amor agradecido de los tres hermanos de Betania y, muy particularmente, con el amor de María. Admirable encuentro: Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Y l a casa se llenó del olor del perfume. Qué precioso. Y ese olor, el buen olor de Cristo ungido por el perfume de nardo puro de María, se extenderá por el mundo entero. María no ha improv...

Yo soy el Dios de Abraham

  Meditación sobre Mc 12,18-27 Después de los sumos sacerdotes, los escribas, los fariseos, los ancianos, y hasta los herodianos, ahora le toca el turno a los saduceos que, con una historieta idiota pretenden poner en apuros a Jesús acerca de la resurrección de los muertos. Pobre gente. Y qué triste es ver el profundo desprecio que todos tienen a su religión, a las Escrituras, a las cosas santas, que usan como un instrumento para atacar al Señor. ¿Dónde ha quedado el santo temor de Dios del Israel fiel?    Una vez más la sabiduría de Dios, que se ha encarnado en Jesús de Nazaret, encuentra la manera de transformarlo todo en poderosa revelación. Qué razón tiene San Pablo cuando les escribe a los Corintios: Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres . La sabiduría de Dios es el sello del obrar de Jesús, que aprovecha toda ocasión para revelarnos el amor que Dios nos tiene e irnos...

Yo soy la Resurrección

Meditación sobre Jn 11,1-45 El evangelista nos ha dicho que los judíos de Jerusalén querían prender a Jesús. Por eso el Señor se marchó al otro lado del Jordán. Allí le llega la noticia de la enfermedad de Lázaro. Había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús: “Señor, aquel a quien amas, está enfermo”. Al oírlo Jesús, dijo: “Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.  Qué modo tan delicado el de estas hermanas de hacerle saber a Jesús que cuentan con su ayuda. Cuánto revela de la nobleza de su relación con Jesús. El Señor deja claro que con la enfermedad de Lázaro va a resplandecer el amor de Dios por la vida, y que esa gloria le va a envolver a Él. Las misteriosas palabras del Se...

¿Quién decís que soy Yo?

Meditación sobre Mc 8,27-3 Otra vez Jesús recorriendo los caminos de Galilea, esos caminos que tantas veces le sirvieron de aula para enseñar a sus discípulos. Nosotros le acompañamos. Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que soy Yo?” Ellos le dijeron: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas”. Y Él les preguntaba: “Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?” Pedro le contesta: “Tú eres el Cristo”. Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de Él. Jesús hace dos preguntas. Con la respuesta a la primera se ve que es buena gente esta de Galilea. Han escuchado a Jesús predicar, le han visto tratar a las personas, curarlas y liberarlas de los espíritus inmundos, y han llegado a la conclusión de que Dios está con Él, que es un hombre de Dios, que está en la línea de los grandes profetas de Israel.     La pregunta import...

¿Qué queréis que os conceda?

Meditación sobre Mc 10,35-45 Jesús camina hacia Jerusalén. Ya les ha dicho a sus discípulos que va a encontrarse con la Cruz y la Resurrección.  Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”. Él les dijo: “¿Qué queréis que os conceda?” Ellos le respondieron: “Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús les dijo: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que Yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con el que Yo voy a ser bautizado?” Ellos le dijeron: “Sí, podemos”. Jesús les dijo: “El cáliz que Yo voy a beber sí lo beberéis, y también seréis bautizados con el bautismo con el que Yo voy a ser bautizado, pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado”. Santiago y Juan quieren estar con Jesús en su gloria. Ese deseo es pura gracia de Dios; no lo puede poner en el corazón del hombr...