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Mostrando entradas de julio, 2026

La suegra de Simón

 Meditación sobre Lc 4,38-44 Es sábado. Estamos en Cafarnaúm: Saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. Lucas nos ha dicho que, en la sinagoga, Jesús conminó al espíritu de un demonio inmundo diciéndole: “Cállate, y sal de él”. Y el demonio salió del hombre sin hacerle ningún daño. Ahora conmina a la fiebre, que también le obedece. Ya se ve que la posesión diabólica y la mucha fiebre se mueven en el mismo horizonte y, ante la autoridad y el poder de la palabra de Jesús, no tienen más remedio que obedecer. Con Jesús ha venido el Reino de Dios al mundo. Satanás y la muerte han perdido su poder.    Qué comportamiento tan noble el de la suegra de Simón. Tan noble y tan inteligente. Se ve que ella, que ha estado bajo el poder de la fiebre, quiere pertenecer al Reino de Dios que Jesús nos...

Manda con autoridad y poder

 Meditación sobre Lc 4,31-37 Acompañamos a Jesús que baja de Nazaret a Cafarnaúm: Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y el sábado se puso a enseñarles. Y se quedaron admirados de su enseñanza, porque porque hablaba con autoridad. La autoridad con la que Jesús enseña las Escrituras de Israel brota de que todas alcanzan en Él su cumplimiento. San Pablo lo expresa admirablemente (2Co 1,19s): Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, a quien os predicamos Silvano, Timoteo y yo, no fue sí y no; en Él no hubo más que sí. Pues todas las promesas hechas por Dios han tenido su sí en Él. En Cafarnaúm, la palabra de Jesús va a manifestar también su autoridad en relación al mundo de Satanás. La ocasión es el encuentro de Jesús con un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo: Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: “¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el ...

Primer testimonio de Juan

Meditación sobre Jn 1,19-28 En el Prólogo con el que abre su Evangelio, san Juan ha hecho una doble referencia al Bautista. Lo primero que nos dice es que Juan es un hombre enviado por Dios: Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. Luego nos dice que Juan ha venido para dar testimonio de que el Hijo Único de Dios se ha hecho carne y ha puesto su Morada entre nosotros: Juan da testimonio de Él y clama: “Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”. En cuanto termina el Prólogo, el evangelista se centra en el testimonio de Juan: Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: “¿Quién eres tú?” Él confesó, y no negó; confesó: “Yo no soy el Cristo”. Y le preguntaron: “¿Qué, pues? ¿Eres tú Elí...