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Mostrando entradas de mayo, 2026

Yo te alabo, Padre

Meditación sobre Mt 11,25-27 Después de llevar tiempo anunciando la venida del Reino de Dios en Corazín, Betsaida y Cafarnaún, los frutos del trabajo de Jesús son desoladores. Da la impresión de que el designio del Padre enviándonos a su Hijo para anunciar la venida del Reino de Dios ha fracasado totalmente; de nada han servido los milagros que Jesús ha hecho en esas ciudades. Eso es lo que expresa el juicio de Jesús: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti”....

La hora de la fe

 Meditación sobre Jn 16,28-33 Estamos en el Cenáculo. La larga conversación de Jesús con sus discípulos toca a su fin. Ha sido una poderosa revelación y una sentida despedida. Jesús nos deja una declaración profunda y directa sobre su identidad y misión: “Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y voy al Padre”. Estas palabras contienen su Misterio: desde la Encarnación del Hijo de Dios a la Ascensión de Cristo Resucitado. Estas palabras contienen lo permanente, lo firme, lo inamovible del cristianismo. El fundamento es, como Jesús nos reveló al final del encuentro con Nicodemo, el Amor que su Padre Dios nos tiene: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo Único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo Único de D...

También Cristo padeció por vosotros

Meditación sobre 1 Pe 2,18-25 San Pedro encabeza su Carta con una referencia a la acción de la Santísima Trinidad en los cristianos: Pedro, apóstol de Jesucristo, a los que viven como extranjeros en la Dispersión: en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según el previo conocimiento de Dios Padre, con la acción santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su Sangre. A vosotros gracia y paz abundantes. Después de una larga y preciosa bendición a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su gran misericordia, escuchamos lo que el apóstol de Jesucristo va a decir a los cristianos que tienen la condición social de siervos: Los siervos sed sumisos con todo respeto a vuestros dueños, no sólo a los buenos e indulgentes, sino también a los severos. Porque es gracia que uno, por consideración a Dios, soporte penas sufriendo injustamente pues, ¿qué gloria hay en soportar los golpes cuando habéis faltado? Pero si obrando el bien soportáis el sufr...

Bautizados en Cristo Jesús

Meditación sobre Rom 6,1-11 San Pablo acaba de decirnos: Así pues, como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procura toda la justificación que da la vida. En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos. Ahora el Apóstol nos va a decir cómo alcanzamos la justificación que da la vida, cómo vamos a ser constituidos justos: ¿Qué diremos, pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique? ¡De ningún modo! Los que hemos muerto  al pecado  ¿cómo seguir viviendo en él?    ¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con Él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos u...

El encuentro con Nicodemo

Meditación sobre Jn 3,1-13 Nicodemo es un hombre grande; se portó de forma magnífica, junto con José de Arimatea, en el Descendimiento y en la sepultura del Señor. Así nos lo dice Juan en el relato de la Pasión: los dos tuvieron el gran honor de tomar el cuerpo de Jesús muerto, envolverlo en lienzos con los aromas, y depositarlo en el sepulcro; fueron los últimos que pudieron manifestar su amor al Señor en esta tierra. Cuando, muy de mañana del primer día de la semana, las mujeres de Galilea lo intenten se encontrarán ya con Jesús Resucitado. San Juan nos cuenta el primer encuentro de Nicodemo con Jesús: Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde  Jesús de  noche y le dijo: “Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él”. Jesús le respondió: “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios”. Jesús va a lo esencia...

Pedid y recibiréis

Meditación sobre Jn 16,23b-27 Estamos en el Cenáculo. La larga conversación de Jesús con sus discípulos está llegando a su fin. Ya les ha dicho varias veces que tiene que ir al Padre y que tiene que ir solo, pero que volverá a buscarlos. Falta muy poco para que el Señor se encamine al encuentro con la Cruz. Jesús acaba de decirles a sus discípulos: “Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón, y vuestra alegría nadie os la podrá quitar” . Ahora se va a centrar en una dimensión importante de esa alegría: la oración de petición al Padre. “En verdad, en verdad os digo: cuanto pidiereis al Padre os lo dará en mi Nombre. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi Nombre; pedid y recibiréis para que sea cumplido vuestro gozo”. Jesús introduce con solemnidad esta revelación tan poderosa. Las palabras de Jesús nos abren el camino que nos lleva a la Casa del Padre y nos llenan el corazón de gozo: todo lo que pidamos al Padre en nombre de su Hijo nos lo dará. Y ese recibir lo que pidamos en nombr...

Volveré a veros

Meditación sobre Jn 16,16-23 La conversación de Jesús con sus discípulos en el Cenáculo, además de una poderosa revelación, ha sido una larga despedida: el Hijo les ha anunciado que tiene que ir al Padre; también les ha asegurado que le volverán a ver. La conversación llega a su fin. Habla Jesús: “Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver”. Jesús ya les ha revelado varias veces este misterio a sus Apóstoles. El Señor dejará de ser visto por ellos como lo ha sido hasta entonces; lo volverán a ver, pero lo verán de un modo nuevo. El «ya no me veréis» que Jesús dice a sus discípulos mantendrá una dimensión de verdad: cuando Jesús sea sepultado se cerrará una etapa de ver al Hijo de Dios encarnado; una etapa que se abrió en Belén y que ha durado poco más de treinta años. Los que, como los apóstoles y, sobre todo, María y José han podido ver con sus ojos a Jesús y escuchar con sus oídos sus palabras han sido verdaderamente privilegiados. Así se lo había dicho ...

La sepultura de Jesús

Meditación sobre Lc 23,50-56 San Lucas acaba de narrarnos la muerte de Jesús: Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” y, dicho esto, expiró. Ahora el cuerpo de Jesús va a ser sepultado. Es una escena de gran nobleza. Después de la violencia, los desprecios y las burlas que Jesús ha sufrido en la Pasión esta escena es muy consoladora. Solo están cuidando el cuerpo del Señor José de Arimatea y las mujeres de Galilea. Había un hombre llamado José, varón bueno y justo, miembro del Consejo, que no estaba de acuerdo con su decisión y sus acciones. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Éste se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Y lo descolgó, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido colocado todavía. Era el dí...

Tanto amó Dios al mundo

Meditación sobre Jn 3,13-21 Por el modo como Jesús se va a referir al acontecimiento de la serpiente de bronce (Nm 21,4-9), me parece que está hablando de la hora en la que será levantado en el madero de la Cruz: “Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga la vida eterna”. El que mira al Crucificado con la luz de la fe conocerá en Él al Hijo Unigénito de Dios, al Salvador. Y esta fe le abrirá las puertas de la vida eterna. Ahora seguimos escuchando, teniendo como horizonte hermenéutico al Crucificado: “Porque tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha c...

Yo soy el Pan vivo

Meditación sobre Jn 6,48-59 Estamos en la sinagoga de Cafarnaún. Jesús nos está revelando el misterio de la Eucaristía. Sus palabras son ahora de un realismo tan fuerte que excluyen  cualquier interpretación en sentido figurado: “Yo soy el Pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron;  éste  es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el Pan vivo bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que  Yo le  voy a dar es mi carne, para la vida del mundo”. Qué palabras tan concisas y poderosas. Qué fuerza tienen ese doble «Yo soy» cuando es Dios Hijo quien lo revela. Jesús nos dice que el maná fue un tipo. Él es el verdadero Pan de vida, el Pan vivo bajado del cielo;  el que coma de ese pan, que es su carne, vivirá para siempre. San Juan continúa: Discutían entre sí los judíos y decían: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”    Jesús les dijo: “En verdad, en verdad ...

Mujer, ahí tienes a tu hijo

Meditación sobre Jn 19,25-30 Una vez que Jesús ha sido crucificado y los soldados se han repartido sus vestiduras, San Juan nos dice: Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María mujer de Clopás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Desde el ya lejano día en el que el ángel Gabriel se presentó en Nazaret para anunciarle que Dios la había elegido para ser la Madre de su Hijo, María supo que llegaría esta hora; aceptó la maternidad divina consciente de lo que Dios le pedía. Ha llegado la hora de ofrecer a su hijo Jesús al Padre; de llevar a perfección  lo que, con su esposo José, realizó en el Templo de Jerusalén cuando el niño tenía pocas semanas de vida. En el Calvario vive María  la verdadera «Presentación» de su Hijo; y en el Calvario vive Ma...