Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de junio, 2026

El encuentro con un leproso

Meditación sobre Mc 1,40-45 Jesús ha recorrido toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando demonios. Con este horizonte, el Evangelio continúa: Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: “Si quieres, puedes limpiarme”. Compadecido de él , extendió su mano, le tocó y le dijo: “Quiero, queda limpio”. Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. Este hombre tiene noticia de la predicación de Jesús y de los milagros que realiza y, del modo que sólo el Espíritu Santo conoce, ha adquirido la certeza de que en Jesús de Nazaret está obrando el Dios de Israel, el Dios vivo y dador de vida. Esa fe la expresa en su conducta, en el modo de acercarse, de postrarse, y de pedirle a Jesús: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús se compadece de él, extiende su mano, le toca, y le dice: “ Quiero, queda limpio” . Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio.    Realmente este hombre era digno de la compasión de Jesús porque esta enfermedad, además...

La conversión de san Pablo

Meditación sobre Ga 1,1-24 San Pablo abre la Carta a los Gálatas con la clara conciencia de su elección y con una admirable síntesis de la Redención: Pablo, apóstol, no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos, y todos los hermanos que conmigo están, a las Iglesias de Galacia. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, que se entregó a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso, según la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. La salvación nos viene por la entrega que Jesucristo hace de su vida por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso y hacernos hijos de su Padre Dios. Pero no ha sido iniciativa suya, sino obediencia a la voluntad de nuestro Dios y Padre. Resucitándolo de entre los muertos, el Padre manifiesta que ha aceptado la ofrenda de su Hijo, que lo ha hecho ...

Oh Dios, ten compasión de mí

Meditación sobre Lc 18,9-14 Vamos a escuchar una parábola de Jesús sobre la oración. El evangelista deja claro a quien dirige el Señor sus palabras y qué es lo que pretende: Dijo también esta parábola a algunos que confiaban mucho en sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás. Es una parábola dirigida a los que se tienen por justos –es decir, por santos–. Es una parábola que Jesús dirige a estas personas para que se conviertan mientras todavía están a tiempo. ¿A cuánta gente le habrá cambiado la vida esta parábola a lo largo de estos dos mil años de historia de la Iglesia? Escuchemos la parábola: “Dos hombres subieron al templo a orar, el uno fariseo, el otro publicano. El fariseo, en pie, oraba para sí de esta manera: «Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, adúlteros, injustos, ni como este publicano. Ayuno dos veces en la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo». Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levan...

Yo soy la Puerta

Meditación sobre Jn 10,1-10 En esta preciosa página del Evangelio de San Juan Jesús nos revela quién es Él y para qué ha venido al mundo. Lo hace con las imágenes del pastor, el rebaño, el redil y su puerta. Son imágenes que tienen una larga tradición en las Escrituras de Israel para expresar el amor y el cuidado de Dios por su pueblo. Escuchemos. “En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.    A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. La clave es la puerta; entrar por la puerta al redil de las ovejas. La puerta es lo que cualifica al pastor: el que e...

Yo estoy en el Padre y el Padre en mí

Meditación sobre Jn 14,1-14 Estamos en el Cenáculo. El Señor ya les ha dicho a sus discípulos que tiene que dejarlos y que, donde Él va, ellos no pueden ir ahora. La tristeza les llena el corazón. Jesús les anima con una revelación asombrosa: “No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que donde esté Yo estéis también vosotros. Y adonde Yo voy sabéis el camino”. El Señor invita a sus discípulos a tener fe en Dios y a tener también fe en Él. Es la fe que fortalece y serena el corazón del cristiano. Jesús les revela que todo responde al Amor que su Padre Dios les tiene. Por ese Amor nos envía a su Hijo y dispone las cosas para que podamos estar con Él, en su Casa, para siempre. La fe nos lleva a conocer que la Pasión y la Cruz es el camino por el que el Hijo vuelve...

La oración de intercesión

Meditación sobre Lc 23,32-34 El capítulo 18 del libro del Génesis nos ha dejado el relato del día que Abraham comprendió que la Elección y la Promesa de Dios – “Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra” – conllevaba la responsabilidad de interceder por todos los hombres. Por eso Abraham le pide a Dios –de un modo extraordinariamente simpático– que no destruya a Sodoma y a Gomorra.    Con esta primera oración de intercesión Abraham abre un camino que Moisés y los Profetas de Israel continuarán: actuarán como mediadores que se ponen «en la brecha» ante Dios para rogar por el perdón y la salvación del pueblo. Así Abraham, Moisés y los Profetas de Israel han ido preparando el horizonte hermenéutico que nos ha ayudado a los cristianos a comprender que la salvación de toda la humanidad se realiza por la intercesión de uno solo: Jesucristo. El camino de la intercesión, que es una de las líneas de fuerza del Antiguo Testamento, alcanza su etapa decisiva en la oración de Cri...

Bienaventurado el seno que te llevó

Meditación sobre Lc 11,27–28 Jesús ha estado enseñando acerca de la llegada del Reino de Dios. La enseñanza ha entusiasmado a una de las mujeres que le escuchan: Aconteció que estando Él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: “Bienaventurado el seno que te llevó y los pechos que mamaste”. Él dijo: “Bienaventurados más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la guardan”. Escuchar la Palabra de Dios y guardarla; qué expresión tan preciosa. ¿Por qué puedo escuchar la Palabra de Dios? Porque Dios nos la dirige desde los tiempos de los Profetas por el amor que nos tiene y por el deseo de que lleguemos a ser bienaventurados. Así nos lo dice la Carta a los Hebreos en su comienzo: Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos . El que tiene la esperanza de llegar a ser bienaventur...

Padre nuestro

Meditación sobre Mt 6,5-15 Estamos en el corazón del Sermón del Monte. Jesús nos enseña cómo tenemos que orar: “Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.    Y al orar no empleéis muchas palabras como los gentiles, que se figuran que por su locuacidad van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo”. Cualquier sitio es bueno para hacer la oración, porque la oración la hacemos con el corazón y en nuestro corazón, cuando hacemos la oración, está nuestro Padre Dios. Tampoco hay que hablar mucho: Dios Padre nos conoce. Después de esta enseñanza tan consoladora, ahora Jesús nos enseña lo...