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El prendimiento

  Meditación sobre Mc 14,41-52 Jesús termina la oración en Getsemaní con un anuncio dramático a sus discípulos: “Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos! ¡vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca”.   Jesús sabe que ha llegado la hora decretada por el Padre, y se introduce en la Pasión con particular señorío; y de forma serena y deliberada se dejó entregar en manos de los pecadores. Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El que le iba a entregar les había dado esta contraseña: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es, prendedle y llevadle con cautela». Nada más llegar, se acerca a él y le dice: «Rabbí», y le dio un beso. Ellos le echaron mano y le prendieron. Uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la orej...

Getsemaní

  Meditación sobre Mc 14,32-42  En el Cenáculo, a punto de encaminarse al Huerto de los olivos, Jesús dice a sus discípulos: “Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado. Levantaos. Vámonos de aquí”. La Pasión a la que Jesús se encamina es el testimonio que nos deja del amor a su Padre y de su obediencia, de que obra según el Padre le ha ordenado. Nadie le fuerza, nadie le impone nada, ni el Príncipe de este mundo, ni el sanedrín, ni Pilatos, ni nadie. Jesús sufrió la Pasión porque, cuando llegó la hora determinada por su Padre Dios, serena y deliberadamente se sometió al sufrimiento. Eso es Getsemaní: Van a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: “Sentaos aquí, mientras yo hago oración”. Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: “Mi alma está triste hasta el...

Mi casa será casa de oración

  Meditación sobre Lc 19,45-48 En lo que muchos consideran el comienzo de la tercera parte del libro de Isaías, escuchamos un oráculo que expresa el sentido y el valor que el Templo de Jerusalén tiene a los ojos del Dios de Israel. Las palabras del Señor dejan claro que los lazos para formar parte de la comunidad de su pueblo ya no serán estrictamente los de la sangre; lo esencial será el amor a Dios y la obediencia a su Alianza. Porque esto dice el Señor:  “En cuanto a los extranjeros adheridos a Yahveh para su ministerio, para amar el nombre de Yahveh, y para ser sus siervos, a todo aquel que guarda el sábado sin profanarlo y a los que se mantienen firmes en mi alianza, Yo les traeré a mi monte santo y les alegraré en mi casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios serán gratos sobre mi altar. Porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”. Qué palabras tan preciosas. El Dios de Israel se refiere al Templo con el título: «mi casa de oración»; y especif...

El testimonio de Dios

Meditación sobre 1 Jn 5 A punto de terminar su evangelio, San Juan dice:  Muchos otros signos hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no han sido escritos en este libro. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su Nombre. La finalidad y la razón de todo lo que ha escrito, nos dice el Apóstol, es la fe; la fe en Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios. Fruto de esa fe, la filiación divina, la vida en su Nombre. Con este horizonte escuchamos el último capítulo de su primera Carta. Todo el que cree que Jesús es el Cristo, de Dios ha nacido; y todo el que ama al que engendró, ama también al que ha nacido de Él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos, porque todo el que ha nacido de Dios, vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al m...

La Venida de Cristo

  Meditación sobre Lc 12,35-48 Jesús nos da muchos consejos. Son consejos escatológicos –no sapienciales– que se ordenan a nuestra salvación, a llevarnos con Él a la casa de su Padre Dios. Y al Señor le da mucha alegría comprobar que obedecemos lo que nos dice que, como en el caso de estas palabras que le vamos a escuchar, cuando vuelve a casa nos encuentra haciendo lo que nos ha pedido. Y no solo una vez sino hasta la tercera vigilia. Y es que Jesús ha venido a hacernos felices a los hombres, y llamarnos a su servicio es la forma, la única forma, de conseguirlo. Escuchemos sus consejos: “Tened ceñidas vuestras cinturas y encendidas las lámparas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encu...

Tres consejos de Jesús

Meditación sobre Mt 7,13-23  Nos acercamos al final del Sermón de la Montaña, el primero de los cinco grandes discursos en los que San Mateo reúne las enseñanzas de Jesús sobre el Reino de Dios. En este final, bajo la perspectiva del Juicio, Jesús nos da tres consejos que señalan las condiciones exigidas para entrar en el Reino de Dios.  “Entrad por la puerta angosta, porque amplia es la puerta y ancho el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la Vida, y qué pocos son los que la encuentran!”. La clave es la puerta. ¿Por qué puerta ha entrado Jesús? Por la puerta de la Cruz, que es entrar por la puerta de la Voluntad de Dios, por la puerta del Amor obediente y humilde a su Padre. Esa es la puerta angosta que conduce a la Vida. No hay otra. Es la única puerta que se abre al estrecho camino en el que encontraremos las pisadas de Cristo que nos llevarán a la Casa del Padre. Qué pena da o...

Presentación de Jesús en el Templo

Meditación sobre Lc 2,21-39 El Hijo de Dios ha venido al mundo para hacer la voluntad del Padre que le ha enviado; para eso cuenta, desde el principio, con la inestimable colaboración de María y José, que le dieron el nombre que Dios había elegido para Él y lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor: Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño le dieron por nombre Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno materno. Y cumplidos los días de la purificación según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está mandado en la Ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor»; y para presentar como ofrenda un par de tórtolas o dos pichones El Hijo de Dios es ahora Hijo de Israel. Ésta gloria no se la podrá quitar nadie al pueblo de Dios. A esta gloria se ordenan todas las innumerables bendiciones que, desde la elección de Abraham, Israel ha recibido de Dios. Con la obediencia de Jesús a su Padre i...