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La fe del centurión

 Meditación sobre Lc 7,1-10 Los Evangelios están cuajados de encuentros de Jesús con muy diversas personas. Habitualmente l a gente se acerca al Señor para pedirle un milagro, una obra buena en la que se manifiesta que en el hombre Jesús habita la plenitud de la divinidad corporalmente. El encuentro de Jesús con el centurión de Cafarnaúm es especial. Escuchemos cómo nos lo cuenta San Lucas: Cuando  hubo  acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde Él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: “Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga”.   Con qué delicadeza y respeto se comportan estos ancianos de los judíos; qué buenas personas debían ser. Con qué confianza le...

La paz esté con vosotros

 Meditación sobre Jn 20,19-23 En el Cenáculo, cuando está a punto de dirigirse al encuentro con la Cruz, Jesús dice a sus discípulos: “Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: «Me voy y volveré a vosotros»”. Jesús ha venido al mundo a darnos su paz; la paz que el mundo no puede dar, pero que tampoco puede quitarnos, porque es la paz con su Padre Dios. Los muchos mártires de la vida de la Iglesia son testigos –es lo que «mártir» significa– de que el mundo no puede quitar a un cristiano la paz que Cristo le ha dejado. Es la paz que Jesús se dispone a ganar en el combate de la Cruz; por eso les ha dicho a sus discípulos:  «Me voy y volveré a vosotros» . Cuando nos haya reconciliado con su Padre Dios como hijos –que es la única verdadera paz, la paz que se abre a la eternidad–, volverá para dejárnosla . Lo hará en el atardecer del día de la Resurrección, en el primer enc...

Perseverar hasta el fin

 Meditación sobre Mt 24,1-14 Jesús nos va a revelar el misterio de su Venida al final de los tiempos. Salió Jesús del Templo y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo. Pero Él les respondió: “¿Veis todo esto? Yo os aseguro que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida”. Jesús ha salido del Templo. Ya no volverá. El Templo de Jerusalén ha cumplido su misión. Pocos años después será destruido. Jesús lo afirma con lenguaje solemne. Es la primera afirmación de Jesús en este discurso escatológico. La ruina del Templo es ya un acontecimiento de la Venida del Salvador. Los discípulos entienden que Jesús ha abierto un tema mucho más amplio que la destrucción del Templo. Por eso la pregunta que le van a hacer: Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a Él en privado sus discípulos, y le dijeron: “Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo”. Los discípulos de Jesús le ...

El Día del Señor

 Meditación sobre 1 Tes 4,13-5,11 Después de la magnífica instrucción que, de parte del Señor Jesús, el Apóstol ha dado a los cristianos de Tesalónica, Pablo continúa: Hermanos, no queremos que estéis en la ignorancia respecto de los muertos, para que no os entristezcáis como los demás, que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús. El corazón del cristianismo es Jesús. No tiene sentido que los cristianos reaccionen  como las gentes que no han acogido a Jesucristo en la fe. De la fe brota la esperanza del cristiano. El corazón del cristianismo es Jesús, y el corazón del misterio de Jesús es su Muerte y Resurrección: Dios ha acogido la ofrenda que su Hijo encarnado le ha hecho de su vida por nosotros y le ha resucitado. Si morimos en Jesús, también Dios nos resucitará y nos llevará con Él. Ahora la clave en nuestra vida es morir en Cristo, que es la plenitud de vivir en Cristo....

Hacer el bien en sábado

 Meditación sobre Mt 12, 9-21 Estamos en sábado. Jesús acaba de revelar que   Él, el Hijo del Hombre, es señor del sábado. Ahora nos va a revelar en qué consiste su realeza: Cuando salió de allí, entró en su sinagoga donde había un hombre que tenía una mano seca. Y le interrogaban para  acusarlo : “¿Es lícito curar en sábado?” Él les respondió: “¿Quién de vosotros, si tiene una oveja y el sábado se le cae dentro de un hoyo no la agarra y la saca? Pues cuánto más vale un hombre que una oveja. Por tanto, es lícito hacer el bien en sábado”. Entonces le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Y la extendió y quedó sana como la otra. Al salir, los fariseos se pusieron de acuerdo contra Él, para ver cómo perderle. Estos fariseos que acosan a Jesús dan pena. Ni les importa el hombre lisiado, ni el sábado, ni la Ley, ni la sinagoga. Nada de lo que debería ser grande y santo para ellos, empezando por el hombre, les importa. Solo les importan sus luchas mezquinas de poder. Y estos fari...

Llamados a la santidad

 Meditación sobre 1 Tes 4,1-12 Pablo acaba de recibir la buena noticia que Timoteo le ha traído acerca de la fe y la caridad de los de Tesalónica, fe y caridad que van creciendo con paso firme. Con este horizonte escuchamos al Apóstol: Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús a que viváis como conviene que viváis para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros, y a que  progreséis  más. Sabéis, en efecto, las instrucciones que os dimos de parte del Señor Jesús. Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación.   Qué párrafo tan magnífico. San Pablo ha recibido del Señor Jesús la revelación, que solo el Hijo puede conocer, que nuestra santificación es la voluntad de Dios. Por eso el Apóstol nos ruega y nos exhorta, en el Señor Jesús, a que vivamos como conviene para agradar a Dios. Y nos dice que seamos conscientes de que el vivir agradando a Dios no tiene límite; siempre se puede crecer en santidad. Que vivamos así es la esperanz...

Los nombres de Jesucristo

Meditación sobre Ap 1,1-8 El  libro del Apocalipsis se abre diciendo: Revelación de Jesucristo, que Dios le ha comunicado para revelar a sus siervos lo que va a suceder pronto. Y Él la manifestó, enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, quien  ha atestiguado todo lo que vio: la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Bienaventurado el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella; porque el tiempo está cerca. La revelación que Juan se dispone a escribir a la Iglesia tiene su origen en Dios, que se la comunica a Jesucristo. Este la manifiesta, por medio de su ángel, a su siervo Juan, y esta revelación concluye su camino en la asamblea litúrgica, donde es leída en voz alta. Todos los que escuchan y guardan las palabras de esta profecía son bienaventurados. Esta es la primera bienaventuranza de las siete –número de plenitud– que contiene el Apocalipsis. Es muy significativo que la primera bienaventuranza sea acoger la palab...