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La ley del Espíritu

Meditación sobre Rom 8,1-17 El Apóstol comienza este capítulo, que tiene una importancia particular en la Carta, con una afirmación sobre el combate decisivo. La libertad en Cristo se presenta como vida según el Espíritu. De la esclavitud bajo la Ley, que lleva al pecado y la muerte, los cristianos pasan, mediante el bautismo en Cristo Jesús, a la novedad del Espíritu que es la ley interior, fuente de vida. Así pues, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del Espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte. Pues lo que era imposible a la Ley, reducida a la impotencia de la carne, Dios lo ha hecho posible; enviando a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y a causa del pecado, ha condenado el pecado en la carne, a fin de que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos según la carne, sino según el Espíritu. Qué revelación tan preciosa. El núcleo es, como siempre, el amor que ...

Alégrate, llena de gracia

Meditación sobre Lc 1,26-31 Cuando, después del pecado del origen, Dios se encuentra con la mujer, le pregunta:  ¿Por qué lo has hecho?  Estas palabras expresan la tristeza de Dios, que sabe que lo que Eva ha hecho va a convertir la historia en un gigantesco río de lágrimas. El dolor que llena el corazón de Dios le lleva a compadecerse de nosotros; y la compasión de Dios pone en marcha la Redención. La etapa que se inició con la mirada llena de tristeza a Eva, va a culminar con la palabra que, por medio del ángel Gabriel, Dios dirige a María:  Alégrate, llena de gracia: el Señor  es contigo  Esta palabra expresa  la alegría de Dios. San Lucas lo cuenta así: Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y presentándose a ella, le dijo: “Alégrate, llena de gracia: el Señor  es contigo ”. El...

El encuentro con Zaqueo

Meditación sobre Lc 19,1-10 Jesús camina hacia Jerusalén para vivir la Pasión. Inicia la última etapa: Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y rico. Trataba de ver quién era Jesús pero no podía a causa del gentío, porque era de  pequeña estatura . Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: “Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede  Yo en  tu casa”. El relato deja claro que el interés de Zaqueo por encontrarse con Jesús no es mera curiosidad. ¿Quién ha puesto en el corazón de este hombre ese deseo? En último extremo Dios Padre. El Señor nos lo reveló en la sinagoga de Cafarnaúm, donde también nos dice para qué el Padre nos lleva al encuentro con Jesucristo: “Nadie puede venir a mí si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y  Yo le  resucitaré el último día” . Zaqueo, no solo ...

Vivir según el Espíritu

Meditación sobre Ga 5,13–26 Jesús, enseñando en el Templo de Jerusalén, nos reveló que la libertad que nos hace realmente libres solo nos la puede dar Él: “En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo; y el esclavo no se queda en casa para siempre, mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres”. De la verdadera esclavitud, que es la del pecado, sólo Dios nos puede liberar. Para liberarnos de esa esclavitud ha venido el Hijo de Dios al mundo. Con la libertad de hijos que de Él recibimos podremos quedarnos en la Casa del Padre para siempre. No hay otra libertad real que la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Todo otro planteamiento está marcado con el sello de la esclavitud del pecado. Con este horizonte escuchamos a San Pablo: Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos por amor los unos a los otros. Pues...

El encuentro con la Samaritana

Meditación sobre Jn 4,1-42 El marco del encuentro con la samaritana: Cuando Jesús se enteró de que había llegado a oídos de los fariseos que él hacía más discípulos y bautizaba más que Juan –aunque no era Jesús mismo el que bautizaba, sino sus discípulos–, abandonó Judea y volvió a Galilea. Tenía que pasar por Samaria. Llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Estamos en el ámbito de la historia de los Patriarcas, una historia que, como todo en las Escrituras de Israel, culmina en Jesús. Juan se detiene en dos poderosos símbolos de vida: las aguas vivas y la luz del mediodía. Jesús, fatigado del camino, tiene sed. En este marco que el evangelista ha preparado con cuidado tiene lugar el encuentro con la Samaritana: Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: “Dame de beber”. Pues sus ...

Al llegar la plenitud de los tiempos

Meditación sobre Gal 3,26-4,11 San Pablo nos dice que la larga etapa de la historia de la Salvación dominada por la Promesa que Dios hizo a Abraham culminó con la fe en Cristo Jesús y con el bautismo en Cristo: Pues todos sois hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay diferencia entre judío y griego, ni entre esclavo y libre, ni entre varón y mujer, porque todos vosotros sois uno solo en Cristo Jesús. Si vosotros sois de Cristo sois también  descendencia  de Abrahán, herederos según la Promesa. «Os habéis revestido de Cristo». Qué palabras tan esperanzadoras. La fe en Cristo Jesús, que se perfecciona al ser bautizados en Cristo, nos reviste de Cristo y nos hace hijos de Dios. Ahora todos somos uno solo en Cristo Jesús; ya no hay diferencias entre nosotros.    Todo lo que para el mundo es esencial –causa de tantas divisiones y guerras– es, para el Apóstol, anecdótico. P...

¡Señor, señor, ábrenos!

Meditación sobre Mt 25,1-13 La  parábola que vamos a escuchar deja en el corazón un regusto de tristeza. Pero no hay que olvidar que es una parábola y lo importante es el mensaje, la punta de la parábola que busca clavarse en nuestro corazón: la invitación a velar porque no sabemos el día ni la hora. Todo lo demás está al servicio de esta invitación. Lo que significan los términos necias y prudentes hay que entenderlo, en primer lugar, de la propia parábola y, luego del conjunto de la revelación que nos ha dejado Jesucristo. Esta revelación es el horizonte hermenéutico de todo lo que Jesús nos dice.  El comienzo de la parábola hay que leerlo así: «Sucede con el Reino de los Cielos lo que sucede con diez vírgenes que...». Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes que, con sus lámparas en la mano, salieron al encuentro del esposo.  Cinco  de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas no se proveyeron de aceit...