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Recibid el Espíritu Santo

Meditación sobre Jn 20,19-31 El primer encuentro de Jesús Resucitado con sus discípulos ocurrió, según San Juan, de esta manera: Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, con las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos cerradas por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con vosotros”. Y dicho esto les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también Yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. Jesús muestra a sus discípulos las heridas de la Cruz. Esas llagas son, en el cuerpo del Resucitado, el testimonio de que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, que con sus heridas hemos sido curados. El Padre ha aceptado la ofrenda que Jesús le ha hecho de su ...

Embajadores de Cristo

Meditación sobre 2 Cor 5,10–21 Un rasgo muy de agradecer en San Pablo es que va siempre a lo esencial: Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba conforme a lo bueno o malo que hizo durante su vida mortal. Por tanto, conscientes del temor del Señor, tratamos de persuadir a los hombres, pues ante Dios estamos al descubierto. La vida mortal tiene una importancia extrema, porque es tiempo para preparar la comparecencia ante el tribunal de Cristo. Hacer el bien es la única inversión rentable en nuestra vida. Las palabras de Pablo llenan el corazón de paz: sé lo que tengo que hacer, y la gracia de Cristo no me va a faltar. Dios me conoce; ante Él estoy al descubierto; si tengo que pedirle perdón se lo pediré cuantas veces sea necesario. Así que, tranquilo y a la tarea, a pasar por este mundo haciendo el bien. Y a no descuidar los actos de contrición.    Las palabras de Pablo llenan el corazón del santo temor del Señor, del único temor digno...

El encuentro con el paralítico

Meditación sobre Mc  2,1-12 El  encuentro de Jesús con un paralítico tuvo una cierta nota de espectáculo. Sucedió en Cafarnaúm, en lo que fue la casa de Jesús durante el tiempo de misión en Galilea. Entró  de nuevo en Cafarnaúm. Al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra. Qué sitio tan privilegiado es Cafarnaúm: allí resonó con particular abundancia la palabra del Verbo Encarnado; cuántas fueron las grandes obras de curación y liberación de demonios que Jesucristo realizó en esta pequeña ciudad. En Cafarnaúm había gente admirable. Vamos a conocer algunos. Es gente a la que no se les pone nada por delante con tal de que su amigo se encuentre con Jesús; gente que nos ha dejado un claro ejemplo de lo que es la verdadera amistad: llevar a nuestros amigos a encontrarse con Jesucristo. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder  prese...

La subida de Jesucristo al Padre

  Meditación sobre Heb 9,11s San Juan nos dice que el encuentro de Jesús Resucitado con María Magdalena fue así: [María] se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré”. Jesús le dice: “María”. Ella se vuelve y le dice en hebreo: “Rabbuní” –que quiere decir: «Maestro»–. Dícele Jesús: “No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras. Jesús da mucha importancia a que todavía no ha subido al Padre. Para llevar a plenitud la obra que Dios le ha encargado realizar, Jesús tiene que subir al Padre. La Carta a los Hebreos nos explica la razón de la Ascensión del Señor.    Est a Car...

El Padre está en mí y Yo en el Padre

  Meditación sobre Jn 10,31-42 El día de la fiesta de la Dedicación, en el Templo, en el pórtico de Salomón, Jesús culmina su revelación diciendo: «Yo y el Padre somos uno». La reacción de los judíos es inmediata: Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: “Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?” Le respondieron los judíos: “No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios”. Jesús no se hace a sí mismo Dios; Jesús revela de muy variados modos que Él es Dios, que no es el mismo. Este es el drama del que escucha las palabras de Jesús: o las escucha con fe y acepta que Jesús es Dios Hijo, o le parecen una blasfemia y, entonces, de acuerdo con la ley de Moisés, debe ser apedreado hasta la muerte.    Jesús desvía la atención de esas gentes hacia sus obras. Lo primero que deja claro es que vienen del Padre. Él ha veni...

Yo y el Padre somos uno

  Meditación sobre Jn 10,22-30 Otra vez está Jesús enseñando en el Templo de Jerusalén. La profunda revelación que vamos a escuchar brota de la pregunta que le hacen los judíos. Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: “¿Hasta cuándo vas tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente”. Es igual cómo se lo diga porque, como no creen en Él, no van a recibir su palabra como Palabra de Dios; las recibirán como palabra de hombre; y la palabra de hombre no nos puede llevar al misterio de Jesús, el Cristo, al misterio del Hijo de Dios.    Pero Jesús no habla solo para ese puñado de judíos que se acercan a Él en el pórtico de Salomón. Eso sería perder el tiempo. Jesús habla para los millones de cristianos que creerán en Él a lo largo de los siglos, y que están deseando acoger sus palabras en la fe como Palabra de Dios. Por eso la poderosa...

Tres invitaciones a la conversión

Meditación sobre Lc 12,54-13,5 Nos dice San Marcos que Jesús comenzó sus años de la vida pública con una revelación y una invitación: Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva” . Solo Jesús nos puede revelar que el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca, porque el tiempo al que se refiere el Señor se cumple con su venida, y Él trae el Reino de Dios. Solo Jesús nos puede invitar a la conversión y a la fe en el Evangelio, porque Él es la Buena Nueva. Hasta que el Padre nos envió a su Hijo, nada era realmente bueno ni realmente nuevo, porque todo estaba marcado con el sello de la muerte eterna. Con este horizonte escuchamos las palabras que Jesús nos dirige algún tiempo después: Decía a las multitudes: “Cuando veis que sale una nube por el poniente, enseguida decís: «Va a llover», y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: «Viene bo...