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La muerte de Jesús

Meditación sobre Lc 23,44-49 San Lucas nos dice que cuando crucificaron a Jesús había una inscripción: «Este es el Rey de los judíos». Muchos de los que estaban allí se burlaron. Una persona, que también cuelga de la cruz, no se burla; se toma la inscripción en serio y le dice al Señor:  “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino” . Jesús –«Yahvé salva»– también se toma en serio a esta persona:  “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” . Cómo supo este hombre quién es Jesús. Eso solo Dios Padre lo sabe. Así nos lo reveló Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm: “Nadie puede venir a mí si no le atrae el Padre que me ha enviado; y Yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos enseñados por Dios». Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí”. Esta es la clave de todo encuentro con Jesús. Y esta es la clave del encuentro entre el Crucificado y este hombre al que la tradición llama «el buen ladrón». Ese encuentro que le da al Señor ...

La Crucifixión

 Meditación sobre Lc 23,32-43 Estamos en el camino del Calvario. Después de narrarnos el encuentro de Jesús con las Hijas de Jerusalén, San Lucas continúa; Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con Él. Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a Él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Dividiendo sus vestidos, echaron suerte sobre ellos. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo es rico en misericordia. En el Corazón de Jesús habita la plenitud de la misericordia divina corporalmente. El Hijo de Dios ha venido al mundo a ejercer el ministerio de la misericordia. Eso es lo primero que hace en cuanto es crucificado en el Calvario. Y allí, entre dos malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda, del Corazón de Cristo brota la oración que envolverá la tierra entera y llegará hasta el Trono de su Padre Dios pidiendo por los que le crucifican –que es pedir por...

Id al mundo entero

Meditación sobre Mc 16,9–20 Marcos termina su Evangelio hablándonos de las dificultades que pusieron los discípulos de Jesús para aceptar que había resucitado. Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no lo creyeron.       Después de esto se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos.   Me parece que a nosotros nos cuesta entender el comportamiento de los Apóstoles porque vivimos sumergidos en el Misterio de la Resurrección de Jesucristo desde niños. Claro que es un Misterio insondable, pero es un Misterio en el que vivimos y que aceptamos sin grandes complicaciones. La situación de los once era muy diferente. L...

Quédate con nosotros

Meditación sobre Lc 24,13-35 Estamos en Jerusalén. Estamos en el primer día de la semana, el día en el que Jesucristo ha Resucitado. Las mujeres de Galilea, que han ido al sepulcro muy de mañana, no hallaron el cuerpo del Señor. También Pedro fue al sepulcro y tampoco encontró nada. Dos de los discípulos del Señor en los que San Lucas se va a centrar se alejan de Jerusalén entristecidos por los acontecimientos y decididos a dejar la Iglesia. Jesús les sale al encuentro: Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban velados para que no le conocieran. Él les dijo: “¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?” Ellos se pararon  con aire  entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: “¿Eres tú el único residente en Jerusalén que...

La gran misericordia de Dios

 Meditación sobre 1 Pe 1,1-9 San Pedro nos escribe esta Carta para ayudarnos a alcanzar la salvación, que es la meta de nuestra fe. Hasta esa hora gloriosa en la que entraremos en nuestra verdadera patria, todos vivimos como extranjeros en la dispersión. Pedro, apóstol de Jesucristo, a los que viven como extranjeros en la dispersión: en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según el previo conocimiento de Dios Padre, con la acción santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su Sangre. A vosotros gracia y paz abundantes. La tierra es de Dios y, aunque el hombre no tiene en ella morada permanente, vivimos ya como elegidos de Dios Padre para, con la acción santificadora del Espíritu, obedecer a Jesucristo y ser rociados con su Sangre. Es la Nueva y Definitiva Alianza en la Sangre de Cristo cuyo fruto es la gracia y paz abundante. La alianza del Sinaí en la sangre de los novillos inmolados como sacrificio fue un tipo. Ahora, un una precios...

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí

 Meditación sobre Lc 23,26-31 Lucas nos acaba de decir que Pilato cedió ante lo que la muchedumbre pedía: soltó a Barrabás –un asesino–  y a Jesús se lo entregó a su voluntad. El relato continúa: Cuando le llevaban echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús.   Con el estilo claro y elegante que le caracteriza, San Lucas nos deja una información que emociona. Un hombre, Simón de Cirene, quizá un campesino, tiene el honor y la extraordinaria dignidad de cargar con la cruz y llevarla detrás de Jesús. Tantísimos cristianos a lo largo de la historia habrán deseado prestarle al Señor este servicio en su Pasión. Qué nobleza debe de tener este hombre a los ojos de Dios. ¿Cómo habrá sido el encuentro de Simón de Cirene con Jesucristo Resucitado?    Simón nos abre un camino, un camino que se recorre haciendo todo el bien que podamos. Un camino en el que no importa si conocemos la persona ...

¡Crucifícalo, crucifícalo!

 Meditación sobre Lc 23,13-25 Pilato, al saber que Jesús era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Este, después de burlarse del Señor, se lo devolvió. El relato de San Lucas continúa: Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo y les dijo: “Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis. Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. Así que le castigaré y le soltaré”.   Ahora es Pilato el que convoca a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo. Ahora, de forma oficial, con la autoridad que le da el ser el Procurador romano y el haber investigado el caso públicamente, Pilato declara que no ha hallado en ese hombre ninguno de los delitos de que le acusan, que nada ha hecho que merezca la muerte. Pero no deja a Jesús en libertad.    El castigo era la fla...