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A mí me lo hicisteis

Meditación sobre Mt 25,31-46 Justo antes de encaminarse a la Pasión Jesús nos revela lo que va a ser el Juicio Final, el Día que hará entrar a todas las cosas en el orden de la justicia divina. Esta venida de Cristo al final de los tiempos relativiza todo lo mundano y nos lleva a centrarnos en lo esencial.  “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregados delante de Él todos los pueblos, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda”.  Jesucristo es el Señor de la historia. Cuando venga en su gloria como Rey separará en dos grupos a todas las gentes congregadas delante de su Trono. Este separar recorre los Evangelios; así, por ejemplo, en la parábola de la red barredera, en la del trigo y la cizaña, en la de las vírgenes prudentes y las necias, y en tantos otros lugares. Con este sepa...

Se despojó de Sí mismo

Meditación sobre Jn 19,16-24 Después de obligar a los sumos sacerdotes a declarar: “No tenemos más rey que el César” , Pilato les entregó a Jesús para que fuera crucificado. El relato de la Pasión continúa: Tomaron, pues, a Jesús y Él, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad y estaba escrita en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: «El Rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Yo soy Rey de los judíos»”. Pilato respondió: “Lo que he escrito, lo he escrito”.  La profundidad de esta escena la expresa admirablemente el himno de la Carta a los Filipenses cuando, i...

El Reino del Hijo de su Amor

Meditación sobre Col 1,1-20 Desde que se encontró con Jesús camino de Damasco, Pablo tiene clara conciencia de quién es él y de cuál es su misión en la vida. Esa clara conciencia aparece en el comienzo de su Carta: Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo el hermano, a los santos de Colosas, hermanos fieles en Cristo. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre. También en el saludo revela Pablo la muy alta opinión que tiene de los cristianos de Colosas y lo que, en consonancia con esa opinión, pide a Dios para la familia cristiana, hermanos de Cristo e hijos de Dios Padre. Después del saludo, la acción de gracias: Damos gracias sin cesar a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por vosotros en nuestras oraciones, al tener noticia de vuestra fe en Cristo Jesús y de la caridad que tenéis con todos los santos, a causa de la esperanza que os está reservada en los cielos, y acerca de la cual fuisteis ya instruidos por la palabra de la verdad, el Evangeli...

Perdonar de corazón

Meditación sobre Mt 18,21-35  En cierta ocasión se acercó Pedro a Jesús y le preguntó: “Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces?” Dícele Jesús: “No digo Yo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. En la Escritura el número siete hace referencia a algo acabado y perfecto. Setenta veces siete significa: siempre; perdona sin límite. La fórmula elegida por Jesús nos lleva al origen, al canto de Lámec:  Dijo, pues, Lámec a sus mujeres:  “Adá y Selá, oíd mi voz;  mujeres de Lámec,  dad oído a mis palabras.  Por una herida maté a un hombre,  y a un muchacho por un rasguño;  pues Caín será vengado siete veces,  Lámec lo será setenta veces siete” . Este terrible canto es expresión de la venganza –el rechazo radical del perdón– que se va adueñando del mundo a raíz del pecado; esa venganza enloquecida transforma la historia en un gigantesco río de sangre. La Redención es un largo camino desde ...

Cristo Jesús es Señor

Meditación sobre Flp 2,1-11 El Apóstol nos presenta un magnífico cuadro de lo que debe ser la vida de la Iglesia, donde expresa la esperanza que tiene puesta en sus queridos filipenses y la confianza en que colmen su alegría. Así, pues, os conjuro en virtud de toda exhortación en Cristo, de toda persuasión de amor, de toda comunión en el Espíritu, de toda entrañable compasión, que colméis mi alegría, siendo todos del mismo sentir, con un mismo amor, un mismo espíritu, unos mismos sentimientos. Nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás. Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús. Qué importancia da Pablo a la unidad entre los cristianos, esa unidad que no se impone desde fuera sino que es fruto de la comunión en el Espíritu y consecuencia de tratar a todos con los mismos sentimientos de Cristo Jesús.  Ahora, recurr...