Ir al contenido principal

Entradas

Cállate y sal de él

Meditación sobre Mc 1,21-28 Jesús ha llamado ya a los primeros –Simón, Andrés, Santiago y Juan–, que lo han dejado todo y le han seguido. Ahora el evangelista habla en plural. En ese plural nos podemos incluir nosotros. Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.  Qué día tan glorioso para la sinagoga de Cafarnaúm. Desde tiempo atrás la sinagoga judía era el lugar donde resonaba la palabra que Dios dirigía a su pueblo por medio de Moisés y los Profetas. Hoy esta sinagoga acoge la Palabra consustancial de Dios, que ha venido al mundo en Jesús de Nazaret. Hoy el sábado y la sinagoga adquieren su verdadero sentido y grandeza; una grandeza que ya nadie les podrá quitar. Vamos a asistir al encuentro de Jesús con un espíritu inmundo. Enseguida vamos a ver que ese espíritu inmundo conoce a Jesús. Por su presencia, por su enseñanza y, quizá, po...

Jesús carga con su Cruz

  Meditación sobre Jn 19,16-24 Tiempo atrás, hablando en Jerusalén sobre quién es el que da testimonio de Él, el Señor nos reveló: “Pero Yo tengo un testimonio mayor que el de Juan, pues las obras que me ha dado mi Padre para que las lleve a cabo, las mismas obras que Yo hago, dan testimonio acerca de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me ha enviado, Él mismo ha dado testimonio de mí”. Con este horizonte nos vamos al relato de la Pasión, donde Pilato, ante la presión de los judíos y de los príncipes de los sacerdotes, entrega a Jesús para que lo crucifiquen. El Procurador Romano, el representante del poder político en este mundo, ha dictado sentencia; ya no hay nada que hacer: Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús y Él, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.  Jesús carga con su Cruz. Ya lo habí...

Buscáis a Jesús Nazareno

Meditación sobre Mc 16,1–8 Pasado el sábado, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y, muy de mañana, al día siguiente del sábado, llegaron al sepulcro cuando ya estaba saliendo el sol. Y se decían unas a otras: “¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?”  Amanece el día que ya no tendrá ocaso, porque la Resurrección de Jesucristo transforma el ámbito de la creación. Qué escena tan preciosa. Estas mujeres, que han acompañado a Jesús desde Galilea, se ponen en camino para prestar un último servicio a su Señor. Qué sorpresa se van a llevar cuando conozcan cuál es el servicio que le prestarán.  Y al mirar vieron que la piedra había sido removida, a pesar de que era muy grande. Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, y se quedaron muy asustadas. Él les dice: “No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno, el Crucificado. Ha Resucitado, no está aquí; mirad el l...

Jesús es sepultado

  Meditación sobre Mc 15,40–47 Una vez que Jesús ha expirado, san Marcos nos invita a fijar la atención en las mujeres de Galilea. Nos da el nombre de algunas de ellas. Pero qué grandes son todas. El agradecimiento las llevó a la fe y al amor. Acompañaron a Jesús en Galilea sirviéndole con sus bienes. Lo han seguido hasta Jerusalén y, en la hora de la Cruz, el evangelista nos dirá:  Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con Él a Jerusalén. Las mujeres de Galilea, junto con la Madre de Jesús y un puñado de discípulos, están en la Pasión representándonos a todos. En ese pequeño grupo se concentra la fe y el amor a Jesucristo de la Iglesia toda; esa fe y ese amor no hará más que crecer a lo largo de los siglos.  Ahora el evangelista se centra en la sepultura de Jesús: Y ya al atardecer, como e...

Muerte de Jesús

Meditación sobre Mc 15,29–39 Jesús ha sido crucificado. En cuanto es clavado en la cruz descarga sobre Él una tormenta de insultos, burlas, ironías, injurias y desprecios: Los que pasaban le injuriaban,moviendo la cabeza y diciendo: “¡Eh! Tú que destruyes el Templo y lo edificas de nuevo en tres días, sálvate a ti mismo, bajando de la cruz” Del mismo modo, los príncipes de los sacerdotes se burlaban entre ellos a una con los escribas y decían: “Salvó a otros, y a sí mismo no puede salvarse. ¡El Cristo, el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos”. Incluso los que estaban crucificados con él le insultaban.   Qué triste que sean estas las últimas palabras que los hombres dirijamos al Redentor, que ha venido al mundo para dar su vida y reconciliarnos con su Padre Dios. Jesús no presta la menor atención a toda esa palabrería que le envuelve. Él vive metido en Dios, y a su Padre se dirige:  Y cuando llegó la hora sexta, toda la tierra se cubrió de tin...

Crucifixión de Jesús

Meditación sobre Mc 15,21-27 Con la coronación de espinas, toda la cohorte de soldados se ha estado burlando de Jesús antes de llevarlo a crucificar. Pero las burlas no han terminado, y hasta que Jesús muera en la Cruz seguirán descargando sobre Él. Es conmovedor llevar los relatos de la Pasión a la oración deteniéndose, de modo especial, en las burlas que Jesús tiene que soportar. Que gran lección de humildad la que nos deja el Señor.  Lo sacaron para crucificarlo. Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. Llevar la cruz de Cristo. Qué gran honor. Así tendríamos que ver nosotros todos los sufrimientos y fatigas de la vida. En lo íntimo del corazón, tendríamos que decirle a Jesús: «gracias, porque me estás dejando llevar un poquito de tu cruz». Nuestra vida se transformaría, y todo llegaría a adquirir su verdadero sentido y valor.     Simón de Cirene acoge la cruz de los hombros de...

Bondad y libertad de Dios

  Meditación sobre Mt 20,1–16 El evangelista nos ha dicho que, en cierta ocasión, se acercó a Jesús un hombre y le preguntó:  “Maestro, ¿qué obra buena debo hacer para alcanzar la vida eterna?”   Jesús le respondió:  “¿Por qué me preguntas sobre lo bueno? Uno solo es el bueno. Pero si quieres entrar en la Vida, guarda los mandamientos” . La conversación continúa, pero nosotros nos detenemos aquí porque el Señor ha dicho lo esencial: solo Dios es bueno. Y porque solo Dios es bueno, guardar sus mandamientos es el único camino para entrar en la Vida.    Jesucristo ha venido al mundo a revelarnos que solo Dios es bueno; y a traernos la bondad de Dios. Eso es la Redención; y ese es el sentido último de las palabras y obras de Jesús, que abren espacio a la bondad de Dios en nuestro mundo.  Con este horizonte escuchamos al Señor hablarnos de la bondad y de la libertad de Dios. Lo hace en una de las parábolas que dedica a revelarnos el misterio del Reino ...