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La Venida de Cristo

  Meditación sobre Lc 12,35-48 Jesús nos da muchos consejos. Son consejos escatológicos –no sapienciales– que se ordenan a nuestra salvación, a llevarnos con Él a la casa de su Padre Dios. Y al Señor le da mucha alegría comprobar que obedecemos lo que nos dice que, como en el caso de estas palabras que le vamos a escuchar, cuando vuelve a casa nos encuentra haciendo lo que nos ha pedido. Y no solo una vez sino hasta la tercera vigilia. Y es que Jesús ha venido a hacernos felices a los hombres, y llamarnos a su servicio es la forma, la única forma, de conseguirlo. Escuchemos sus consejos: “Tened ceñidas vuestras cinturas y encendidas las lámparas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encu...

Tres consejos de Jesús

Meditación sobre Mt 7,13-23  Nos acercamos al final del Sermón de la Montaña, el primero de los cinco grandes discursos en los que San Mateo reúne las enseñanzas de Jesús sobre el Reino de Dios. En este final, bajo la perspectiva del Juicio, Jesús nos da tres consejos que señalan las condiciones exigidas para entrar en el Reino de Dios.  “Entrad por la puerta angosta, porque amplia es la puerta y ancho el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la Vida, y qué pocos son los que la encuentran!”. La clave es la puerta. ¿Por qué puerta ha entrado Jesús? Por la puerta de la Cruz, que es entrar por la puerta de la Voluntad de Dios, por la puerta del Amor obediente y humilde a su Padre. Esa es la puerta angosta que conduce a la Vida. No hay otra. Es la única puerta que se abre al estrecho camino en el que encontraremos las pisadas de Cristo que nos llevarán a la Casa del Padre. Qué pena da o...

Presentación de Jesús en el Templo

Meditación sobre Lc 2,21-39 El Hijo de Dios ha venido al mundo para hacer la voluntad del Padre que le ha enviado; para eso cuenta, desde el principio, con la inestimable colaboración de María y José, que le dieron el nombre que Dios había elegido para Él y lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor: Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño le dieron por nombre Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno materno. Y cumplidos los días de la purificación según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está mandado en la Ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor»; y para presentar como ofrenda un par de tórtolas o dos pichones El Hijo de Dios es ahora Hijo de Israel. Ésta gloria no se la podrá quitar nadie al pueblo de Dios. A esta gloria se ordenan todas las innumerables bendiciones que, desde la elección de Abraham, Israel ha recibido de Dios. Con la obediencia de Jesús a su Padre i...

Dios de toda consolación

Meditación sobre 2 Cor 1,1-14 San Pablo abre la Carta a la Iglesia de Dios que está en Corinto con un precioso saludo que se abre a todos los santos que están en toda Acalla. Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya; a vosotros gracia y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo. Pablo tiene clara conciencia de quién es él: apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios; elegido para llevar a todos los cristianos la gracia y la paz de parte de la Santísima Trinidad. Y Pablo tiene clara conciencia de la dignidad de los cristianos elegidos –santos– de Dios. Por eso sólo pide a Dios para ellos bendiciones que permanezcan para la vida eterna, las que sólo de Dios podemos recibir. San Pablo responde a las bendiciones de Dios bendiciendo al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación , del que nos l...

Porque el Padre ama al Hijo

Meditación sobre Jn 5,19-47 Después de terminar el relato de la curación del paralítico de la piscina, el Evangelio continúa: Jesús, pues, tomando la palabra, les decía:     “En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; pues lo que Él hace, eso lo hace del mismo modo el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace, y le mostrará obras mayores que éstas para que vosotros os maravilléis.     Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado.     En verdad, en verdad os digo que el que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado tiene vida eterna, y no viene a juicio sino que de la muerte pasa...

Será grande ante el Señor

Meditación sobre Lc 1,1-25 San Lucas abre su Evangelio con un prólogo que tiene una particular calidad teológica y literaria: Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes,  escribírtelas  por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. E l relato del evangelista, cuya fuente nos dice que está en lo que nos han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra, comienza con el anuncio del nacimiento de Juan. Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote por nombre Zacarías, del turno de Abías, cuya mujer, descendiente de Aarón, se llamaba Isabel. Eran ambos justos ante Dios, y caminaban irreprensibles en todos los mandamientos...

¿Eres tú el que ha de venir?

Meditación sobre Mt 11,2-15  Juan envía a sus discípulos a hacerle a Jesús la pregunta decisiva. La que todo hombre, del modo que solo Dios conoce, le hará en algún momento de su vida. Porque todos oímos hablar de las obras de Cristo, que son obras de justicia y de verdad, de misericordia y de vida, obras que brotan del amor a Dios.  Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: “¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?”     Jesús les respondió: “Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva. Y bienaventurado aquel que no halle escándalo en mí.” El Bautista está desconcertado. Sabe que Dios le ha enviado como precursor para preparar el camino del que ha de venir, pero el modo como ha entendido su misión tiene poco que ver con el comportamiento de Jesús. Juan...