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Dios es Luz

Meditación sobre 1 Jn 1 La Carta se abre con un poderoso testimonio de la Humanidad de Jesucristo: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca del Verbo de Vida, –pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó–; lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo.  Qué modo tan precioso de anunciar el Misterio de la Encarnación: la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre, se nos ha manifestado. Éste es el testimonio de los apóstoles. Pueden dar testimonio porque han oído, han visto con sus ojos, han contemplado y tocado con sus manos, el Verbo de Vida hecho hombre. Lo que han visto y oído nos l...

Venid y comed

  Meditación sobre Jn 21,1-25 Es el último capítulo del Evangelio de San Juan. Volvemos a Galilea. Volvemos a encontrarnos con el mar de Tiberíades. Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: Voy a pescar. Le contestan ellos: También nosotros vamos contigo. Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.     Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: Muchachos, ¿no tenéis pescado? Le contestaron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: Es el Señor.     Cuando Simón Pedro ...

Mirarán al que traspasaron

  Meditación sobre Jn 19,31-42 Los judíos se siguen manifestando muy puntillosos en lo que hace referencia al cumplimiento de su ley; una ley que es suya, que no es de Dios porque no es portadora de la voluntad de Dios –como la crucifixión de Jesús manifiesta–; una ley por la que no puede llegar la Salvación. La Salvación llega por ese hombre que está colgado en la Cruz. Y por ningún otro camino. Los judíos, como era el día de la preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado –porque aquel sábado era muy solemne–rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y ...

No tenemos más rey que el César

Meditación sobre Jn 19,6-16 San Juan nos acaba de decir:  Volvió a salir Pilato y les dijo: “Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en Él”. Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: “Aquí tenéis al hombre”. Ante el Rey que es Cristo Jesús –aunque la “entronización” de Jesús ha estado movida por el desprecio y la burla– los sumos sacerdotes tienen que tomar la decisión definitiva: o aceptan a Jesús como Mesías Rey o aceptarán por rey al César. No hay otra salida de la situación en la que ellos mismos se han metido acudiendo al procurador romano. Lo que sucedió es, por desgracia, bien conocido. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: “¡Crucifícalo, crucifícalo!” Les dice Pilato: “Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en Él”. Los judíos le replicaron: “Nosotros tenemos una ley y según esa ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios”. Cuando ...

He hablado abiertamente

Meditación sobre Jn 18,12-32 Una vez que detienen a Jesús en Getsemaní comienza el teatro de los juicios. Se puede decir que desde su bautismo en el Jordán la vida del Señor ha sido un largo proceso. Un proceso que comenzó con la investigación de las autoridades de Jerusalén sobre el Bautista en cuanto comenzó a dar su testimonio de Jesucristo. San Juan lo cuenta así: Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: ¿Quién eres tú? Él confesó, y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías? Él dijo: No lo soy. ¿Eres tú el profeta? Respondió: No. Entonces le dijeron: ¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo? El proceso va a culminar ante el Sumo Sacerdote que, con otro tenor literal, le va a hacer la misma pregunta a Jesús. Pero la sentencia estaba dictada desde hacía tiempo: Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de...

¿A quién buscáis?

  Meditación sobre Jn 18,1-13  Jesús termina la oración en el Cenáculo. Ahora va a respaldar sus palabras con la entrega al Padre de su vida por nosotros. Acogiendo el Sacrificio de Cristo y sentándolo a la diestra de su Majestad en las alturas, el Padre está acogiendo su oración. Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron Él y sus discípulos. Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas.  Jesús no se esconde. Que se reunía allí con sus discípulos lo sabía Judas y lo sabía todo el que tenía algún interés en Jesús. Desde luego lo sabían las autoridades judías que desde que Juan Bautista empezó a dar testimonio del Señor lo han acosado con saña. Entonces, ¿qué pinta Judas? Nada. Para el de...

la Palabra que Yo he hablado

  Meditación sobre Jn 12,37-50 A punto de introducirse en el relato de la Pasión del Señor, el evangelista se detiene a considerar por qué Israel ha rechazado a Cristo. Lo hace primero recurriendo al libro de Isaías: Aunque había realizado tan grandes señales delante de ellos, no creían en Él; para que se cumpliera el oráculo pronunciado por el profeta Isaías:  Señor, ¿quién dio crédito a nuestras palabras?  Y el brazo del Señor, ¿a quién se le reveló?  No podían creer, porque también había dicho Isaías:  Ha cegado sus ojos,  ha endurecido su corazón;  para que no vean con los ojos,  ni comprendan con su corazón,  ni se conviertan,  ni Yo los sane .  Isaías dijo esto porque vio su gloria y habló de Él. Sin embargo, aun entre los magistrados, muchos creyeron en Él; pero, por los fariseos, no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. El oráculo no habla de la...