Ir al contenido principal

Entradas

Si alguno quiere venir en pos de mí

Meditación sobre Mt 16,21-28 Cristo Jesús es el Redentor. El Hijo de Dios ha venido al mundo a realizar la obra de la Redención que su Padre le ha encargado. Para eso cargará con nuestros pecados en la Cruz y, al que tenga fe en Él, le resucitará el último día. A esta dimensión del misterio de la Redención se refiere ahora: Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día.  Jesucristo no consentirá que nada ni nadie se interponga entre Dios y Él; que nada ni nadie le aparte de cumplir la voluntad de Dios, de llevar a cabo la Redención: Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: “¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!” Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!” Qué fuertes son las pala...

Parábola del sembrador

Meditación sobre Mc 4,1-20 Del Evangelio de San Marcos:  Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas.  El evangelista nos invita a entrar en esta preciosa escena. En esa muchedumbre, que no ha hecho más que crecer a lo largo de los siglos, estamos todos los que queremos escuchar la enseñanza de Jesús. Marcos nos dice que Jesús enseña por medio de parábolas.     A Jesús le gustan las parábolas; y tiene un arte especial para explicar las cosas más profundas del Reino de Dios con estos relatos sencillos, que no pierden su frescura al pasar de una generación a otra, de una cultura a otra. Las parábolas manifiestan el respeto que Jesús tiene por la libertad de cada uno. La parábola de Jesús no violenta, invita; abre espacio a la libertad personal; el que quiera entrará...

Tres palabras de Jesús

Meditación sobre Jn 6 Jesús, en el Cenáculo, a punto de partir al encuentro con la Cruz nos revela: “No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. El Hijo de Dios ha venido al mundo para ofrecernos su amistad e introducirnos en la intimidad que Él tiene con su Padre. Vamos a escucharle tres palabras en las que nos revela lo que ha oído a su Padre. Las pronunció en la sinagoga de Cafarnaúm. La primera pone el sello a un consejo que da Jesús a los que están con Él:  “Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello”. Ellos le dijeron: ”¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?” Jesús les respondió: “La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado”. Solo el Padre puede llevarnos a conocer a Jesús y a creer en Él. N...

El encuentro con Leví

Meditación sobre Mc 2,13-17 Estamos en Cafarnaúm, ciudad privilegiada en la que Jesús estableció su residencia cuando comenzó a proclamar la Buena Nueva de Dios: Salió de nuevo por la orilla del mar; toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Jesús que enseña y Jesús que pasa y, al pasar, ve e invita. Y la palabra –una sola– de Jesús llega al corazón de Leví, y le revela que seguir al Señor es lo único que puede llenar de sentido su vida y abrirla a la eternidad. Con Jesús todo es sencillo, todo tiene el vigor de lo definitivo.     ¿Qué hubiese sido de este hombre si se hubiera quedado sentado en su oficinita? No es difícil imaginarlo. Pero escuchó la palabra de Jesús y, a partir de ese día, su vida fue alucinante: miembro del grupo de los Doce, convivió íntimamente con Jesús y estuvo presente en los grandes acontecimientos de la Redención; luego...

Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo

Meditación sobre Mt 16,13-23 Con las dos preguntas que le vamos a escuchar, Jesús abre espacio a una poderosa revelación. La primera: Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?” Ellos dijeron: “Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas”. Estos galileos, que llevan tiempo escuchando predicar a Jesús y viendo su compasión con las personas, han sido testigos de los muchos milagros que ha realizado. Con la sabiduría de Israel, conocen que Jesús es un hombre de Dios. Ahora la pregunta decisiva, la que Jesús nos dirige a cada uno y de cuya respuesta depende nuestra vida: Díceles Él: “Y vosotros ¿quién decís que soy Yo?” Simón Pedro contestó: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Replicando Jesús le dijo: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y Yo a mi ve...

El contraste

Meditación sobre Mc 12,38-44  El Salmo 150, que cierra el Salterio, expresa el deseo profundo del Israel fiel:   ¡Aleluya! Alabad a Dios en su santuario,  alabadle en el firmamento de su fuerza. Alabadle por sus grandes hazañas,  alabadle por su inmensa grandeza.  Alabadle con clangor de cuerno,  alabadle con arpa y con cítara.  Alabadle con tamboril y danza,  alabadle con laúd y flauta.  Alabadle con címbalos sonoros,  alabadle con címbalos de aclamación.  ¡Todo cuanto respira alabe a Yahveh! ¡Aleluya! En este precioso Salmo está contenida la vocación de Israel: que en el Templo de Jerusalén y en el Templo de la Creación, todo cuanto respira entone una rica sinfonía de alabanza de Dios. Éste es el servicio que, durante siglos, Israel prestó a todos los pueblos de la tierra; desde el corazón del Israel fiel se elevó hasta el Trono de Dios un canto de alabanza que contenía todo lo verdadero y noble de todas las gentes. Con este ...

Yo estoy con vosotros

  Meditación sobre Mt 28,16-20 San Mateo nos dice que las primeras personas a las que Jesús se apareció en la mañana de la Resurrección fueron María Magdalena y la otra María. Sucedió así:  Jesús les salió al encuentro y les dijo: “¡Dios os guarde!” Y ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron. Entonces les dice Jesús: “No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”. Las mujeres cumplen el encargo. El encuentro en Galilea es la última página del Evangelio de San Mateo. ¿Qué sentimientos llenarían el corazón de Jesús Resucitado al volver a su patria?  Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verlo le adoraron; algunos sin embargo dudaron.     Jesús se acercó a ellos y les habló así: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a...