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No tenemos más rey que el César

Meditación sobre Jn 19,6-16 San Juan nos acaba de decir:  Volvió a salir Pilato y les dijo: “Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en Él”. Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: “Aquí tenéis al hombre”. Ante el Rey que es Cristo Jesús –aunque la “entronización” de Jesús ha estado movida por el desprecio y la burla– los sumos sacerdotes tienen que tomar la decisión definitiva: o aceptan a Jesús como Mesías Rey o aceptarán por rey al César. No hay otra salida de la situación en la que ellos mismos se han metido acudiendo al procurador romano. Lo que sucedió es, por desgracia, bien conocido. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: “¡Crucifícalo, crucifícalo!” Les dice Pilato: “Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en Él”. Los judíos le replicaron: “Nosotros tenemos una ley y según esa ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios”. Cuando ...

He hablado abiertamente

Meditación sobre Jn 18,12-32 Una vez que detienen a Jesús en Getsemaní comienza el teatro de los juicios. Se puede decir que desde su bautismo en el Jordán la vida del Señor ha sido un largo proceso. Un proceso que comenzó con la investigación de las autoridades de Jerusalén sobre el Bautista en cuanto comenzó a dar su testimonio de Jesucristo. San Juan lo cuenta así: Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: ¿Quién eres tú? Él confesó, y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías? Él dijo: No lo soy. ¿Eres tú el profeta? Respondió: No. Entonces le dijeron: ¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo? El proceso va a culminar ante el Sumo Sacerdote que, con otro tenor literal, le va a hacer la misma pregunta a Jesús. Pero la sentencia estaba dictada desde hacía tiempo: Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de...

¿A quién buscáis?

  Meditación sobre Jn 18,1-13  Jesús termina la oración en el Cenáculo. Ahora va a respaldar sus palabras con la entrega al Padre de su vida por nosotros. Acogiendo el Sacrificio de Cristo y sentándolo a la diestra de su Majestad en las alturas, el Padre está acogiendo su oración. Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron Él y sus discípulos. Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas.  Jesús no se esconde. Que se reunía allí con sus discípulos lo sabía Judas y lo sabía todo el que tenía algún interés en Jesús. Desde luego lo sabían las autoridades judías que desde que Juan Bautista empezó a dar testimonio del Señor lo han acosado con saña. Entonces, ¿qué pinta Judas? Nada. Para el de...

Confiad, Yo he vencido al mundo

Meditación sobre Jn 16,16-33 Termina la larga conversación de Jesús con sus discípulos en el Cenáculo. El Señor tiene por delante la muerte y la Resurrección. Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver. Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: ¿Qué es eso que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’ y ‘Me voy al Padre’? Y decían: ¿Qué es ese ‘poco’? No sabemos lo que quiere decir.      Jesús comprendió que querían preguntarle y les dijo: ¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: ‘Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver’? En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombr...

la Palabra que Yo he hablado

  Meditación sobre Jn 12,37-50 A punto de introducirse en el relato de la Pasión del Señor, el evangelista se detiene a considerar por qué Israel ha rechazado a Cristo. Lo hace primero recurriendo al libro de Isaías: Aunque había realizado tan grandes señales delante de ellos, no creían en Él; para que se cumpliera el oráculo pronunciado por el profeta Isaías:  Señor, ¿quién dio crédito a nuestras palabras?  Y el brazo del Señor, ¿a quién se le reveló?  No podían creer, porque también había dicho Isaías:  Ha cegado sus ojos,  ha endurecido su corazón;  para que no vean con los ojos,  ni comprendan con su corazón,  ni se conviertan,  ni Yo los sane .  Isaías dijo esto porque vio su gloria y habló de Él. Sin embargo, aun entre los magistrados, muchos creyeron en Él; pero, por los fariseos, no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. El oráculo no habla de la...

Entrada mesiánica en Jerusalén

  Meditación sobre Jn 12,12-19 Después del prólogo con el que abre su evangelio, San Juan nos dice:  Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: ¿Quién eres tú? Él confesó, y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo . El Bautista tiene claro que a las autoridades judías sólo les interesa saber si él se tiene por el Mesías. No, no es el Mesías, pero sí es el que dará testimonio del Ungido: Juan dio testimonio diciendo: He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: “Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios . Jesús el Mesías, el Hijo de David al que se refiere el ángel Gabriel el día de la Anunciación: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a con...

Conviene que muera un hombre

Meditación sobre Jn 11,46-57 Después de la jornada en Betania, donde Jesús ha revelado que la gloria de Dios es la vida del hombre, el evangelista nos lleva ahora a Jerusalén. Va a ser un día triste de esta ciudad que tanta importancia ha tenido en la primera Alianza. Todo comienza con algunos testigos de lo sucedido en Betania. San Juan había terminado diciendo: Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él. Y continúa: Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: “¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación”. Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: “Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no ...