Ir al contenido principal

Entradas

El Sí y el Amén

Meditación sobre 2 Cor 1,18-22 San Lucas, justo después de contarnos el nacimiento de Jesús, nos dice h abía unos pastores por aquellos contornos, que dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche y que se les presentó el Ángel del Señor y les dijo: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. En la segunda Carta a los Corintios San Pablo nos va a decir que ese Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre es la prueba definitiva de la fidelidad de Dios: Jesús, el Hijo, es el gran sí de Dios. ¡Por la fidelidad de Dios! que la palabra que  os dirigimos  no es “sí” y “no”. Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, a quien os predicamos Silvano, Timoteo y yo, no fue “sí” y “no”; en Él no hubo más que “Sí”. Pues todas las promesas hechas por Dios han tenido ...

Dignos de Cristo

Meditación sobre Mt 10,32-42 Mateo abre el capítulo diciéndonos que Jesús, después de llamar  a sus doce discípulos, les dio potestad para expulsar a los espíritus impuros y para curar todas las enfermedades y dolencias; luego los envió en misión apostólica.    Las instrucciones que les dio llenan todo el capítulo. Lo primero que les dice es que no vayan a tierra de gentiles ni entren en ciudad de samaritanos; que se dirijan primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel; y que les prediquen que el Reino de los Cielos está al llegar. Nos centramos en las últimas instrucciones que Jesús les da: “A todo el que me confiese delante de los hombres, también Yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, también Yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”. Jesús nos toma en serio. Y se comportará con nosotros como nosotros nos comportemos  con Él. Si le confesamos, nos confesará; si le neg...

Ricos ante Dios

Meditación sobre Lc 12,13-21 Nos dice San Lucas que, como tantas otras veces, se había reunido una muchedumbre para escuchar la enseñanza de Jesús. Una de estas personas le interrumpe: “Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo”. Jesús le respondió: “Hombre, ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?” Y les dijo: “Mirad y guardaos de toda codicia porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes”. El Señor tiene claro que lo que no pertenece a ese hacer la voluntad del Padre que le ha enviado no le atañe. Con la respuesta a este hombre, Jesús nos dice: céntrate en la misión que Dios te ha encargado; vive desde la voluntad de Dios para ti; desentiéndete  del resto. Solo viviendo desde la voluntad de Dios nuestra vida está asegurada para la eternidad. Jesús nos enseña que lo que no asegura la vida eterna no tiene ningún valor. Y los bienes de este mundo –por muchos que sean– están todos marcados con el sello de la muerte...

Acuérdate de Jesucristo

Meditación sobre  2 Tim 2,8-13 Timoteo fue uno de los más estrechos colaboradores de San Pablo; un hombre que gozó de su completa confianza y al que el Apóstol quería de un modo especial. Pablo le escribe desde la prisión, que esta vez es la antesala de la muerte. A Pablo la muerte no le altera. Él ha sido elegido apóstol de Cristo Jesús, por voluntad de Dios, para anunciar la Promesa de vida que está en Cristo Jesús; eso es lo que ha hecho y está tranquilo. Su confianza en Dios la expresa el Apóstol en una página conmovedora con la que se despide de su amigo: Cuanto a mí, estoy a punto de ser derramado en  libación  y el momento de mi partida es inminente. He combatido  el buen  combate, he llegado a la meta en la carrera, he guardado la fe. Ya me está preparada la corona de la justicia que aquel  Día  me entregará el Señor, justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que aman su Venida. Pablo entiende su vida de apósto...

En casa de Simón y Andrés

Meditación sobre Mc 1,29-34 San Marcos nos dice que Jesús comienza a proclamar el Evangelio de Dios en Galilea anunciando que el tiempo se ha cumplido y que el Reino de Dios está cerca, e invitando a la conversión y a la fe. Un sábado se presenta en la sinagoga de Cafarnaúm y manifiesta la cercanía del Reino de Dios enseñando con autoridad y liberando a un hombre poseído por un espíritu inmundo. La gente queda admirada y la fama de Jesús comienza a extenderse.    Desde la sinagoga se dirige Jesús a la casa de Simón y Andrés, y en esta casa de familia vamos a ser testigos de cómo va creciendo el Reino de Dios en esta privilegiada tierra de Galilea: Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.   Qué admirable relato; qué familiar y qué sencillo todo; Jesús se acerca, toma de la man...

Himno al Amor de Dios

Meditación sobre Rom 8,28-39 El Apóstol va a cerrar este admirable capítulo de su Carta con un himno al Amor de Dios. Pero antes traza una síntesis del plan de salvación dispuesto y actuado por Dios: Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio. Porque a los que de antemano conoció, a ésos los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que Éste sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos los justificó; y a los que justificó, a ésos también los glorificó. Qué comienzo tan precioso. La clave de la vida es amar a Dios, que es corresponder al Amor de Dios. Todo lo que el Apóstol va a decir es cómo interviene Dios para bien de los que le aman. La finalidad del obrar del Padre es nuestra  plena conformidad con la imagen de su Hijo, el primogénito entre muchos hermanos, lo que tendrá lugar con la glorificació...

Ha de saber el mundo que amo al Padre

Meditación sobre Jn 14,27-31 Estamos en el Cenáculo. Jesús, que está a punto de encaminarse al encuentro con la Cruz, se está despidiendo de sus discípulos. Les dice que ellos son la razón por la que tiene que dejarlos. La razón es alucinante, y nos alcanza a cada uno de nosotros: “ En la Casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté Yo estéis también vosotros”. Todo responde al amor que Dios nos tiene y al deseo de tenernos con Él en su Casa para siempre. Jesús siempre nos habla del amor que su Padre nos tiene. La medida de ese amor es que la Pasión y la Cruz es el camino que el Hijo tiene que recorrer para ir a prepararnos un lugar en la Casa de su Padre. Pero volverá a nosotros para llevarnos con Él. Antes de irse, Jesús nos deja su paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni s...