Ir al contenido principal

Entradas

Dos parábolas del Reino de Dios

Meditación sobre Mc 4,26-34 El comienzo de la misión de Jesucristo según San Marcos: Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva”. Jesús dedicará no pocas parábolas a revelarnos el misterio del Reino de Dios que Él nos trae y en el que nos invita a entrar. Escuchemos dos de esas parábolas:  Y decía: “El Reino de Dios es como un hombre que arroja la semilla en la tierra, y ya duerma, ya vele, de noche y de día, la semilla germina y crece, sin que él sepa cómo. De sí misma da fruto la tierra; primero la hierba, luego la espiga, en seguida el trigo que llena la espiga; y cuando el fruto está maduro, se mete la hoz, porque la mies está en sazón”. Desde que la semilla cae en tierra ya estamos en el ámbito del Reino de Dios, que tiene en sí mismo la fuerza vital para hacer que la semilla germine y crezca, y que llegue a dar fruto maduro para la si...

Jesús les salió al encuentro

Meditación sobre Mt 28,1-10  En el atardecer del viernes, nos dice el evangelista, Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu. Muerto el Señor, José de Arimatea se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato dio orden de que se le entregase. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue. Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro. Con este horizonte seguimos escuchando a Mateo:  Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Y sobrevino un gran terremoto, pues un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, removió la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias temblaron de miedo ante él y se quedaron como muertos....

A mí me lo hicisteis

Meditación sobre Mt 25,31-46 Justo antes de encaminarse a la Pasión Jesús nos revela lo que va a ser el Juicio Final, el Día que hará entrar a todas las cosas en el orden de la justicia divina. Esta venida de Cristo al final de los tiempos relativiza todo lo mundano y nos lleva a centrarnos en lo esencial.  “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregados delante de Él todos los pueblos, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda”.  Jesucristo es el Señor de la historia. Cuando venga en su gloria como Rey separará en dos grupos a todas las gentes congregadas delante de su Trono. Este separar recorre los Evangelios; así, por ejemplo, en la parábola de la red barredera, en la del trigo y la cizaña, en la de las vírgenes prudentes y las necias, y en tantos otros lugares. Con este sepa...

Se despojó de Sí mismo

Meditación sobre Jn 19,16-24 Después de obligar a los sumos sacerdotes a declarar: “No tenemos más rey que el César” , Pilato les entregó a Jesús para que fuera crucificado. El relato de la Pasión continúa: Tomaron, pues, a Jesús y Él, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad y estaba escrita en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: «El Rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Yo soy Rey de los judíos»”. Pilato respondió: “Lo que he escrito, lo he escrito”.  La profundidad de esta escena la expresa admirablemente el himno de la Carta a los Filipenses cuando, i...

El Reino del Hijo de su Amor

Meditación sobre Col 1,1-20 Desde que se encontró con Jesús camino de Damasco, Pablo tiene clara conciencia de quién es él y de cuál es su misión en la vida. Esa clara conciencia aparece en el comienzo de su Carta: Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo el hermano, a los santos de Colosas, hermanos fieles en Cristo. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre. También en el saludo revela Pablo la muy alta opinión que tiene de los cristianos de Colosas y lo que, en consonancia con esa opinión, pide a Dios para la familia cristiana, hermanos de Cristo e hijos de Dios Padre. Después del saludo, la acción de gracias: Damos gracias sin cesar a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por vosotros en nuestras oraciones, al tener noticia de vuestra fe en Cristo Jesús y de la caridad que tenéis con todos los santos, a causa de la esperanza que os está reservada en los cielos, y acerca de la cual fuisteis ya instruidos por la palabra de la verdad, el Evangeli...