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Conoceréis que Yo soy

Meditación sobre Jn 8,21-30

Jesús está enseñando en el Templo de Jerusalén. Como siempre en se enseñanza, Jesús nos deja una profunda revelación sobre sí mismo:

Jesús les dijo otra vez: “Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde Yo voy, vosotros no podéis ir”. Los judíos se decían: “¿Es que se va a suicidar, pues dice: «Adonde yo voy, vosotros no podéis ir»?” Él les decía: “Vosotros sois de abajo, Yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, Yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados”.

Si no creen que en Jesús está Dios que viene a salvarlos de la esclavitud del pecado –es el sentido del: «Yo Soy» en Éxodo 3,14– no podrán acompañarlo cuando vuelva a la Casa del Padre.

   Tres veces les dice Jesús que morirán en sus pecados. No es una amenaza; es una invitación a la conversión. Jesús no ha venido a condenar sino a salvar; ha sido enviado por Dios para que no muramos en poder del pecado.

   La clave para no morir en nuestros pecados es creer que Jesús es el Salvador. Es lo que manifiesta la expresión: «Yo soy», que hay que entender a la luz de la abundante revelación acerca de su Persona que Jesús nos ha dejado en los Evangelios.

   El Nombre «Yo soy», que Jesús utiliza con frecuencia, es el Nombre divino revelado a Moisés en el episodio de la zarza ardiente cuando Yahveh, que conocía bien la aflicción de su pueblo, bajó para liberarlo de la mano de los egipcios. Este nombre es usado, referido al Dios Salvador, en no pocos pasajes de las Escrituras de Israel. Con este Nombre Jesús, en el contexto de toda la revelación, nos dice que Él es el Hijo Unigénito que el Padre nos ha enviado para salvarnos. Los que se nieguen a creer en Él morirán en sus pecados. No hay otro Salvador. Solo la fe nos da acceso a la Salvación que Jesús nos ha traído.

Entonces le decían: ¿Quién eres tú?

   Jesús les respondió: “Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar de vosotros y juzgar pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a Él es lo que hablo al mundo”.

No comprendieron que les hablaba del Padre.

Jesús lleva mucho tiempo revelando a estos hombres con toda claridad quién es Él. Claro que es un misterio pero, tal como Jesús nos lo revela, es un misterio del que se pueden entender muchas cosas. Es inútil. Estos hombres no entienden nada porque no quieren entender. No sirve la manida excusa de la fe porque, como ya nos ha dicho Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm: “La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado”. El que deja obrar a Dios en su alma llega a la fe en Jesús.

   El Señor no ha venido al mundo a hablar de los judíos ni a juzgarlos. Él ha venido a revelar al mundo todas las verdades que ha oído al Padre que le ha enviado. Jesús nos está revelando desde el principio el misterio de la Santísima Trinidad. Pero los judíos no quieren comprender.

La revelación que nos va a dejar ahora Jesús es especial

Les dijo, pues, Jesús: “Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque Yo hago siempre lo que le agrada a Él”.  

Los judíos le han preguntado acerca de quién es. Jesús les responde: el que hace siempre lo que agrada al Padre que me ha enviado; el que no hace nada por su propia cuenta y habla lo que el Padre le ha enseñado. Y por obediencia amorosa y humilde a su Padre Dios se dejará levantar por esos judíos en la Cruz. Entonces, nos dice, “conoceréis que Yo Soy”. Necesariamente. En la gloria si acogen al Salvador, o en “el fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles” si lo rechazan. Pero todos llegaremos a conocer que Jesús es el Hijo de Dios que el Padre nos ha dado para, como dice San Pablo en la Carta a los Colosenses, librarnos del poder de las tinieblas y trasladarnos al Reino del Hijo de su Amor.

Desde el principio de su misión Jesús no ha hecho otra cosa que decirnos quién es Él e invitarnos a creer en sus palabras. Llegará el día –glorioso día– en el que toda la creación conocerá quién es Jesús, doblará la rodilla ante Él, y confesará que Cristo Jesús es Señor. Y esa confesión dará mucha gloria a Dios, porque manifestará el Amor que el Padre tiene a su Hijo y nos tiene a nosotros.

San Juan termina el relato diciendo:

Al hablar así, muchos creyeron en Él.

En la sinagoga de Cafarnaúm, Jesús nos revela:

“Nadie puede venir a mí si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y Yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos enseñados por Dios». Todo el que escucha al Padre y aprende viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, sino aquel que ha venido de Dios; ése ha visto al Padre”.

Estos muchos que han creído en Jesús son verdaderos israelitas: se han dejado enseñar por Dios, han escuchado al Padre y han aprendido.


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