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La lámpara y el candelero

Meditación sobre Mc 4,21-25


En el Cenáculo, a punto de dirigirse al encuentro con la Cruz, Jesús dijo a sus discípulos:


Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.


La Cruz es el candelero desde el que Jesús iluminará el mundo con su amor obediente al Padre. El Padre acogió la ofrenda de su Hijo y nos reconcilió con Él como hijos.


Con este horizonte escuchamos a Jesús: 


Les decía: “¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga”.


Jesús es la lámpara y la Cruz es el candelero. El Crucificado ilumina el mundo revelándonos que Él lo hace todo por amor a su Padre, para llevar a cabo la misión que el Padre le ha encomendado. La Cruz de Cristo nos revela el amor que el Padre nos tiene, y que ese amor es compasivo y misericordioso; y la Cruz manifiesta el amor de Jesús por nosotros hasta el extremo. Cristo en la Cruz ilumina el mundo revelando la maldad del pecado; y revelando el sentido y valor que el sufrimiento unido a su Pasión tiene a los ojos de Dios. Nada de lo que hay en el corazón del hombre quedará oculto a la potencia de revelación de la Luz que es Jesucristo. Por eso la invitación del Señor a que le escuchemos.


Va a insistir en que le escuchemos con atención:


Les decía también: “Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.


La Cruz de Cristo es la medida con la que se nos medirá. Si pasamos por la vida haciéndolo todo por obediencia amorosa a nuestro Padre Dios y queriendo a todos con el amor con el que Jesús nos quiere a nosotros, cuando llegue el día se nos medirá con una medida que no podemos ni sospechar.



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