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La justicia que viene de Dios

 Meditación sobre Flp 3,7–14


Después de dejar claro que fue intachable en la justicia que deriva de la observación de la Ley de Moisés, Pablo va a dejar claro que esa justicia no sirve para nada; que, cara a la resurrección, solo sirve la justicia que viene de Dios por medio de la fe en Jesucristo: 


Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas.


Cristo Jesús, y la sublimidad de su conocimiento, es el criterio de juicio de todas las dimensiones de nuestra vida. Él es lo único valioso en nuestra vida. Por Cristo Jesús se pueden perder todas las cosas.

   La fe, obra de Dios en nosotros, nos lleva a conocer que Cristo Jesús, nuestro Señor, es el Hijo Unigénito de Dios y es el Hijo del hombre; que en Él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente; que en Cristo está Dios reconciliando al mundo consigo; y que Él nos resucitará el último día. Ante la sublimidad de este conocimiento, todo se puede juzgar como pérdida.


Después del conocimiento de Cristo Jesús, Pablo da un paso más: 


Y las tengo por basura para ganar a Cristo y ser hallado en Él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe. 


Lo único importante es ganar a Cristo y ser hallado en Él, el día que tengamos que dar cuenta a Dios de nuestra vida. Todo lo demás es basura. 

   Esto no puede ser obra de la justicia de Pablo ni de la de ningún otro hombre; no puede ser fruto ni de la que viene de la Ley de Moisés ni de la que viene de ninguna otra ideología o tradición religiosa. Ganar a Cristo y ser hallado en Él, es obra de la justicia que viene de Dios por la fe en Jesucristo.


Pablo da otro paso más:


Y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos, hasta hacerme semejante a Él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos. 


Otra vez el conocer a Cristo, que ahora Pablo va a dejar claro que no es solo un conocimiento intelectual, sino vital, y no de la vida que recibimos de nuestros padres, sino de la vida nueva que recibimos en el Bautismo. 

   Conocer a Jesucristo es conocer el poder de su resurrección participando de ella, es conocer el misterio de su Cruz, viviendo la comunión en sus padecimientos, es conocer el misterio de su muerte, haciéndonos semejantes a Cristo muerto, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos.


Pablo deja claro que este es su proyecto de vida desde que fue alcanzado por Cristo Jesús:


No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. 


¿Cuándo fue San Pablo alcanzado por Cristo Jesús? Me parece que la primera respuesta es: a las puertas de Damasco. Pero esa no es la respuesta definitiva; la respuesta definitiva me parece que es: en la Pasión. En el corazón de la vida y de la enseñanza del Pablo cristiano está siempre la comunión en los padecimientos de Cristo. El Cristo de Pablo es el Cristo de la Pasión; ningún otro. Cristo Jesús alcanzó a Pablo, y nos alcanza a cada uno de nosotros, en su Pasión. Así lo expresa la primera Carta de San Pedro:


También Cristo padeció por vosotros, 

dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas. 

Él no cometió pecado, 

ni en su boca se halló engaño. 

Al ser insultado, no respondía con insultos; 

al ser maltratado, no amenazaba; 

sino que ponía su causa en manos del que juzga con justicia. 

Subiendo al madero, 

Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo, 

a fin de que, muertos a nuestros pecados, vivamos para la justicia; 

y por sus llagas fuisteis sanados. 

Porque erais como ovejas descarriadas, 

pero ahora habéis vuelto al Pastor 

y Guardián de vuestras almas.


En la Pasión, Cristo Jesús alcanza al que quiera volver al Pastor y Guardián de su alma.


Una vez alcanzado por Cristo Jesús, que es la clave de todo, San Pablo nos dice cuál es su vida:


Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús.


Qué parlamento tan precioso. Desde toda la eternidad Dios nos tiene preparado un premio en Cristo Jesús. Y nos llama desde lo alto para que lo alcancemos. El Apóstol escucha esta llamada de Dios y, olvidando lo que dejó atrás, se lanza a lo que está por delante, corriendo hacia el premio que Dios le tiene preparado. Eso es lo único importante en la vida.



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