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Fiel es Dios

 Meditación sobre 1 Cor 1,1-10


El comienzo de la Carta es magnífico. Pablo se presenta con lo que para él es esencial en su vida: la llamada que Dios le ha hecho para ser apóstol de Cristo Jesús; desde que escuchó esa llamada Jesucristo ha llenado su vida, y dar a conocer a Jesucristo su actividad.

   El Apóstol dirige la Carta, no solo a la Iglesia de Dios que está en Corinto, sino a todos los que en cualquier lugar –y, se entiende, en cualquier tiempo– están llamados por Dios a ser santos en Cristo Jesús, e invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Pablo nos dirige la Carta a nosotros. Así tenemos que leerla y meditarla.


Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y Sóstenes, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor suyo y nuestro: gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo.


Desde el principio de la Carta el Apóstol se centra en la unidad de la Iglesia, unidad que, con la gracia y la paz, brota de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo; y de la fidelidad de Dios a la llamada que nos ha hecho a la comunión con su Hijo Jesucristo. Con su llamada Dios, el solo Santo, nos acoge en su santidad, y nos da el poder de llegar a ser santificados en Cristo Jesús; nos llama a ser santos. 


Después del saludo, la acción de gracias por las gracias que los cristianos de Corinto han recibido:


Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús, pues en Él habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento, en la medida en que se ha consolidado entre vosotros el testimonio de Cristo. Así, ya no os falta ningún don de gracia a los que esperáis la Revelación de nuestro Señor Jesucristo. Él os fortalecerá hasta el fin para que seáis irreprensibles en el Día de nuestro Señor Jesucristo. Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro. 


La clave es la fidelidad de Dios, que nos ha llamado a la comunión con su Hijo Jesucristo. Y la gracia de Dios, que nos ha sido otorgada en Cristo Jesús, nos fortalecerá hasta el fin para que seamos irreprensibles en el Día de nuestro Señor Jesucristo. Ahora se trata de vivir esperando su manifestación, haciendo fructificar la gracia con la que hemos sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento. Cómo destaca el misterio de la unidad en la Iglesia de Jesucristo. Qué poderosa revelación nos deja San Pablo. Qué preciosa la última frase de este párrafo. No es extraño que exhorte a los Corintios –y a nosotros todos– a vivir la unidad:


Os exhorto, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio.


Es la décima vez en estas pocas líneas que Pablo invoca el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Me parece que es un modo admirable de dejarnos claro que nuestro Señor Jesucristo es el fundamento de la unidad en la Iglesia; y de invitarnos a que manifestemos nuestra comunión con Él en todas las dimensiones de la vida, teniendo todos un mismo hablar, sin divisiones, unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio. Me parece que nos ayudará extraordinariamente el detenernos en lo que el Apóstol nos revela cada vez que cita a nuestro Señor Jesucristo. 





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