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El marco de la Pasión del Señor

Meditación sobre Lc 21,37-22,6

Justo antes de comenzar el relato de la Pasión del Señor, San Lucas resume los últimos días de su vida pública diciéndonos:

Durante el día enseñaba en el Templo y salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos. Y todo el pueblo madrugaba para ir donde Él y escucharle en el Templo.

Jesús termina su vida pública enseñando en el Templo. Después del Bautismo en el Jordán y de las tentaciones en el desierto, Lucas nos ha dicho:

Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.

Después de años de predicación anunciando la venida del Reino de Dios e invitando a la conversión y a la fe, ahora el Evangelista nos dice que la Pasión de Cristo va a poner su sello a todas sus enseñanzas. Cada una de las palabras de Jesús adquiere su verdadero sentido y su valor redentor sobre el horizonte hermenéutico de la Cruz. Y la Pasión va a llevar a cumplimiento las enseñanzas de Jesús: es la enseñanza nueva y definitiva, la que manifiesta plenamente el misterio que el Hijo de Dios ha venido a revelarnos: el misterio del Amor que la Santísima Trinidad nos tiene.

   Jesús pasa el día enseñando en el Templo y sale a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos. Jesús vive en la oración y lo prepara todo en la oración. Quizá estas noches el Señor las pasó, en medida importante, preparando la Pasión.

Además del pueblo, que acudía muy de mañana al Templo para oírle, otras gentes buscan al Señor. Estos para hacerle desaparecer:

Se acercaba la fiesta de los Ázimos, llamada Pascua. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo hacerle desaparecer, pues temían al pueblo.

Además de estos oficiales de la policía del Templo, reclutados entre los levitas, entran en escena dos personajes siniestros:

Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce; y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de entregárselo. Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero. Él aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregárselo sin que la gente lo advirtiera.

Me parece que San Lucas ha dibujado con mano maestra el marco de la Pasión del Señor. Qué hora tan tenebrosa: entró Satanás en Judas y entró Satanás en el corazón de aquellos representantes del pueblo elegido por Dios para preparar la venida salvadora de Cristo, el Mesías de Israel. La consecuencia será la Pasión y Crucifixión de Jesucristo. Jesús ya lo había anunciado en una polémica con los judíos en el Templo:

“Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre”.

   Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”.

   Jesús les dice: “Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre”.

   Ellos le dijeron: “Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios”.

   Jesús les respondió: “Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque Yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado. ¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi Palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira. Pero a mí, como os digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros puede probar que soy pecador? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios”.

Qué revelación tan poderosa nos deja Jesús; en estas palabras está la clave de todo. A partir de este momento Satanás llevará el gobierno. Gobernado por Satanás, Judas Iscariote se alejó de Jesús y de los Doce y fue a negociar con los príncipes de los sacerdotes sobre el modo de entregar al Señor. Ellos se alegraron. Qué escena tan triste. El Hijo Unigénito de Dios va a ser entregado en manos de los que lo crucificarán. Eso les alegra; y convienen darle dinero al traidor. Desde este momento, Judas buscará la ocasión propicia. Ya está todo decidido. Todo sucede en el ámbito de la fiesta de los Ácimos, que se llama Pascua, la gran fiesta religiosa de Israel. Satanás sigue adelante con su plan.


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