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Mostrando entradas de noviembre, 2025

La fe de María

Meditación sobre Lc 1,36-45 Nos dice San  Lucas que las últimas palabras que  el ángel Gabriel dirigió a María cuando vino a anunciarle el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios fueron: “Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque  para Dios no hay nada imposible”.   Y la respuesta de María a todo lo que Dios, por medio del ángel, le había revelado y a la invitación que le había hecho de ser madre de Jesús fue: Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Terminada su misión,    el ángel se retiró de su presencia y María, acogiendo la sugerencia del ángel, se encaminó a casa de Isabel: En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno. Isabel quedó l...

Revestíos del Señor Jesucristo

Meditación sobre Rom 13,7-14 San Pablo nos dice cómo tenemos que vivir los cristianos: Dad a cada cual lo que se debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo, ha cumplido plenamente la Ley. En efecto, lo de:  No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás  y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula:  Amarás a tu prójimo como a ti mismo . La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la Ley en su plenitud. Qué palabras tan profundas y tan preciosas. Cómo simplifican la vida del cristiano. San Pablo nos dice que, en nuestra vida, lo único que tiene valor a los ojos de Dios es que vivamos la caridad. Todas las deudas se pueden –y se deben– saldar; todas menos una: la del mutuo amor. Esta deuda, que es la manifestación del mandamiento que contiene todos los otros mandamientos, y que es el cumplimiento...

¡Oh mujer, grande es tu fe!

Meditación sobre Mt 15,21-28 Jesús, enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm, nos revela: “Nadie puede venir a mí si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y  Yo lo  resucitaré el último día".   Lo que mueve al Padre a enviarnos a su Hijo y a llevarnos al encuentro con Él es la compasión: Dios, que no puede padecer, puede compadecer ; y se compadece de su criatura sometida al poder de Satanás y de la muerte. Y la razón última por la que el Dios vivo y dador de vida nos lleva al encuentro con su Hijo es para que Jesús nos resucite el último día. Con el horizonte de las palabras de Jesús vamos a escuchar lo que nos dice San Mateo: Después que Jesús salió de allí, se retiró a la región de Tiro y Sidón. En esto una mujer cananea, venida de aquellos contornos, se puso a gritar diciendo: “¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! Mi hija está poseída cruelmente por el demonio”. Pero Él no le  contestaba palabra . Los discípulos se le acercaron y le rogaron, diciendo: “Desp...

Conoceréis que Yo soy

Meditación sobre Jn 8,21-30 Jesús está enseñando en el Templo de Jerusalén. Como siempre en se enseñanza, Jesús nos deja una profunda revelación sobre sí mismo: Jesús les dijo otra vez: “Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado.  Adonde Yo  voy, vosotros no podéis ir”. Los judíos se decían: “¿Es que se va a suicidar, pues dice: «Adonde yo voy, vosotros no podéis ir»?” Él les decía: “Vosotros sois de abajo, Yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, Yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados”. Si no creen que en Jesús está Dios que viene a salvarlos de la esclavitud del pecado –es el sentido del: «Yo Soy» en Éxodo 3,14– no podrán acompañarlo cuando vuelva a la Casa del Padre.    Tres veces les dice Jesús que morirán en sus pecados.  No es una amenaza; es una invitación a la conversión. Jesús no ha venido a condenar sino a salvar; ha sido enviado ...

Sal y luz

Meditación sobre Mt 5,13-16 Justo después de la enseñanza de l as Bienaventuranzas, que hacen de pórtico a las enseñanzas del Sermón del Monte, el Señor nos dice: “ Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Para nada vale ya sino para ser tirada  fuera  y ser pisoteada por los hombres”. Un primer sentido de las palabras de Jesús brota del hecho de que la sal preserva de la corrupción. E l pecado, que abrió la puerta a la muerte, convirtió la Creación en un gran pudridero. Jesús nos da el poder de ser sal de la tierra. La Carta a los Hebreos lo explica así: ¡Cuánto más la Sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!   La Sangre de Cristo nos da el poder de convertirlo todo en culto al Dios vivo. Un culto que, desde el corazón del mundo del pecado, se eleva  a Dios en una continua alabanza y acci...

Ser discípulo de Jesús

 Meditación sobre Lc 14,25-33 Otra vez Lucas nos presenta a Jesús en camino rodeado de mucha gente que acude a escuchar sus enseñanzas. Es una imagen de lo que va a ser la vida de la Iglesia. Entre esa multitud estamos nosotros, que acompañamos al Señor a lo largo del camino de nuestra vida escuchando sus palabras y procurando guardarlas. Vamos a escuchar las condiciones que Jesús nos pone a los que queremos seguirlo. Caminaba con Él mucha gente, y volviéndose les dijo: “Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Jesús nos dice que para ser discípulo suyo hay que cargar con la propia cruz y seguirlo. ¿A qué se refiere cuando nos habla de llevar cada uno su cruz? Me parece que, para entenderlo –y esta es la clave de esta enseñanza de Jesús– tenemos que irnos al Cenáculo. Jesús, que está a...

¡Oh Dios! Ten compasión de mí

Meditación sobre Lc 18,9-14 Vamos a escuchar una parábola de Jesús sobre la oración. El evangelista deja claro a quien dirige el Señor sus palabras; y qué es lo que pretende: Dijo también esta parábola a algunos que confiaban mucho en sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás. Es una parábola dirigida a los que se tienen por justos y, por eso, confían mucho en sí mismos y desprecian a los demás. Es una parábola que tiene la finalidad de que estas personas se conviertan mientras todavía están a tiempo. ¿A cuánta gente le habrá cambiado la vida esta parábola a lo largo de estos dos mil años de historia de la Iglesia? ¿Cuánta gente, al escucharla, habrá caído en la cuenta que solo Dios es Justo y que solo en Él podemos confiar? ¿Cuánta gente al meditar esta parábola habrá comprendido que Dios no quiere que juzguemos ni despreciemos a nadie, que Dios quiere que queramos y ayudemos a todos? Desde luego las palabras de Jesús dan vértigo. Piensas en la historia de esta pará...

Yo le conozco y guardo su palabra

Meditación sobre Jn 8,48-59 Seguimos en el Templo de Jerusalén. La profunda enseñanza de Jesús se realiza ahora en el marco de la polémica. Jesús acaba de decirles a los judíos unas verdades muy duras. Seguro que lo ha hecho para provocar en ellos la conversión. Jesús ha venido al mundo a salvar. Los judíos le respondieron: “¿No decimos, con razón, que eres samaritano y que tienes un demonio?” Respondió Jesús: “Yo no tengo un demonio; sino que honro a mi Padre, y vosotros me  deshonráis  a mí. Pero  Yo no  busco mi gloria; ya hay quien la busca y juzga. En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi palabra no verá la muerte jamás”. Con un lenguaje solemne, Jesús nos deja una revelación muy poderosa. Él ha venido al mundo a honrar a su Padre y a traernos la palabra de Dios, que es portadora de vida; el que guarda su palabra, el que la escucha y la vive, no verá la muerte jamás. Aquí está la clave de todo. Si la palabra de Jesús es portadora de vida eterna entonces...

El encuentro con María Magdalena

Meditación sobre Jn 20,1-18 Amanece el día que ya no tendrá ocaso. Movida por el amor a Jesús, y con el deseo de prestarle un último servicio, María Magdalena se dirige al sepulcro. El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro, cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús amaba y les dice: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto”. María es la primera persona que lleva a los apóstoles la novedad del sepulcro vacío. Pedro y Juan toman en serio la noticia: Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vend...