Ir al contenido principal

Acogidos por Cristo

 Meditación sobre Rom 15,1-13


San Pablo, que se acerca ya al final de la Carta, va a invitar a los cristianos de Roma a seguir el ejemplo de Cristo; a seguir ese ejemplo nos invita a todos: 


Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, y no complacernos a nosotros mismos. Que cada uno de nosotros agrade al prójimo buscando su bien y su edificación. Pues tampoco Cristo buscó su propio agrado; antes bien, como dice la Escritura: Los ultrajes de los que te ultrajaban cayeron sobre mí


Estas palabras del Salmo 69 llevaban siglos esperando a Jesucristo, el Hijo de Dios, el único que puede dirigirlas a su Padre con pleno sentido y verdad. Estas palabras alcanzarán su cumplimiento en la Pasión. Con la Resurrección de Cristo, Dios Padre manifiesta que, efectivamente, todo el pecado que el odio del mundo dirigió contra Él ha caído sobre su Hijo hecho hombre, que Jesucristo ha acogido el Pecado y lo ha expiado. Para eso ha venido al mundo. Y Jesús nos invita a seguir sus pasos participando de su expiación, convirtiendo nuestra vida en un sacrificio de reparación, buscando el bien y la edificación de todos. Solo porque el Unigénito de Dios se ha hecho hombre es esto posible. 

   Estas palabras del Salmo, en labios de los hombres que las rezaron a lo largo de los siglos –y en nuestros labios hoy– solo pueden tener un valor devocional y afectivo. Solo Jesús nos puede revelar que el Pecado es un ultraje a Dios con el que solo Él puede cargar. Solo Jesús puede acoger el Pecado, expiarlo en la Cruz, y reconciliarnos con su Padre, dándonos el poder de unirnos a su expiación para llegar a ser hijos de Dios. 

   Que Jesús cargó con nuestros pecados –los ultrajes con los que ultrajamos a Dios– lo expresa admirablemente San Pedro en un himno de su primera Carta:


También Cristo padeció por vosotros, 

dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas. 

(...)

Subiendo al madero, 

Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo, 

a fin de que, muertos a nuestros pecados, vivamos para la justicia; 

y por sus llagas fuisteis sanados.


Qué página tan preciosa. Qué manera tan admirable de expresar el misterio de nuestra Redención, el misterio del amor que Dios nos tiene. Y Cristo nos ha dejado ejemplo para que sigamos sus huellas. Para que nos acojamos unos a otros como también Cristo, cargando con nuestros pecados, nos ha acogido a nosotros para gloria de Dios. 


Ahora Pablo acude al Dios de la paciencia y de la consolación. Lo que le va a pedir para nosotros es asombroso:


Porque todas las cosas que ya están escritas fueron escritas para nuestra enseñanza, con el fin de que mantengamos la esperanza mediante la paciencia y la consolación de las Escrituras. Que el Dios de la paciencia y de la consolación os dé un mismo sentir entre vosotros según Cristo Jesús, para que unánimemente, con una sola voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por esta razón acogeos unos a otros, como también Cristo os acogió a vosotros para gloria de Dios.


Como estaba anunciado en las Escrituras, Cristo Jesús cargó con nuestros pecados para acogernos, reconciliarnos con su Padre Dios, e introducirnos en el canto de alabanza con el que la Iglesia glorifica al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. 

   Por eso San Pablo le pide al Dios de la paciencia y de la consolación que nos dé el tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús para que, unánimemente, con una sola voz, le glorifiquemos. 

   La Creación queda transformada en un templo desde el que se eleva, en Cristo, un canto de alabanza que llega hasta el Trono de Dios. Todas las dimensiones de nuestra vida, hasta las más ordinarias, quedan transformadas en voz para glorificar al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Qué misterio tan bonito asombroso es la Encarnación del Hijo de Dios. 

   Cumpliendo las Escrituras Jesucristo les da su verdadero sentido. Por eso son fuente de paciencia y de consolación, y nos ayudan, de un modo especial, a mantener la esperanza de que llegará un día en que unánimemente, con una sola voz, glorificaremos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Plenamente. Para siempre. Cumpliendo las Escrituras, Jesucristo deja claro que Él no obra desde sí mismo, sino que obra desde Dios, que es el autor de la Escritura; y obra para complacer a su Padre Dios.


Después de acudir al Dios de la paciencia y de la consolación, ahora el Apóstol va a dirigirse al Dios de la esperanza. Qué arte tiene San Pablo para los nombres de Dios:


Digo, en efecto, que Cristo se hizo servidor de los que están circuncidados para mostrar la fidelidad de Dios, para ratificar las promesas hechas a los padres, y para que los gentiles glorificaran a Dios por su misericordia, conforme está escrito: Por eso te alabaré a ti entre los gentiles, y cantaré en honor de tu nombre. Y de nuevo, dice: Alegraos, naciones, con su pueblo. Y también: Alabad al Señor, todas las naciones, y ensalzadle todos los pueblos. Y también Isaías dice: Aparecerá la raíz de Jesé y el que surge para gobernar las naciones. En él esperarán las naciones. Que el Dios de la esperanza os colme de toda alegría y paz en la fe, para que abundéis en la esperanza con la fuerza del Espíritu Santo.


Qué importancia tiene que Pablo nos revele que Cristo se ha hecho servidor de los que están circuncidados, mostrando así la fidelidad de Dios; y, con un triple «para», nos explica la razón. Luego lo reafirma con las citas de las Escrituras, en las que ya estaba anunciado que todo se ordena a la alabanza de Dios. 

   Los gentiles, que no pertenecemos al pueblo de la Alianza descubrimos, al ser acogidos por Cristo y hechos capaces de vivir alabando a Dios, el misterio de la misericordia de Dios. Y lo hacemos de un modo propio, conscientes de que no somos acreedores a ningún título de pertenencia al pueblo de Dios; que todo es don de la misericordia de Dios. Y el Dios de la esperanza nos colmará de toda alegría y paz en la fe, para que abundemos en la esperanza con la fuerza del Espíritu Santo.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Si el Hijo os da la libertad

Meditación sobre Jn 8,31-36 Jesús está enseñando en el Templo. Lo que nos va a revelar en unas pocas palabras es completamente asombroso : Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en Él: “Si permanecéis en mi Palabra seréis verdaderamente mis discípulos, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.    Ellos le respondieron: “Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: «Seréis libres»?”    Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis verdaderamente libres”. Jesús habla de la libertad que solo Él, el Hijo, puede darnos: es la libertad de la gloria de los hijos de Dios: la libertad que nos hace verdaderamente libres, nos libera de la esclavitud del pecado y nos abre las puertas de la Casa del Padre para siempre. Para darnos esa libertad ha ...

Padre, ha llegado la Hora

Meditación sobre Jn 17,1-5 Justo después de la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, pocos días antes de la Pasión, San Juan nos dice: Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: “Señor, queremos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Qué bien expresada está lo que va a constituir la misión de los apóstoles de Jesús en la Iglesia: llevar a gente de toda procedencia al encuentro con Jesús. Jesús les respondió: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”. Ha llegado la hora que la creación esperaba desde el pecado del origen; la hora para la que el Hijo de Dios ha venido al mundo; la hora de la fecundidad. Ha llegado también la hora de la angustia del alma de Jesús: “Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy ...

Servid al Señor

  Meditación sobre Rom 12,9-21 San Pablo comienza la parte de la epístola que dedica a la conducta del cristiano con una revelación muy poderosa. Para entender las palabras del Apóstol, tenemos que escuchar antes el diálogo que nos ha dejado San Juan entre Jesús y la mujer samaritana. Primero habla la samaritana:  Le dijo la mujer: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron a Dios en este monte, y vosotros decís que el lugar donde se debe adorar está en Jerusalén”.     Le respondió Jesús: “Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación procede de los judíos. Pero llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre busca. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y en verdad”. Los adoradores que ...