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Mostrando entradas de abril, 2025

Os doy un mandamiento nuevo

  Meditación sobre Jn 13,33-38 Una vez que Judas ha salido del Cenáculo y se ha sumergido en las tinieblas de la noche –claro símbolo en San Juan de las tinieblas del mundo del pecado–, Jesús y sus discípulos se encuentran en un ambiente de intimidad familiar. En ese ambiente empieza Jesús a despedirse de los suyos. Lo hace de un modo extraordinariamente cariñoso: “Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde Yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros”. Jesús sabe exactamente lo que tiene que hacer. Sabe cuál es el camino que Dios quiere que recorra. Jesús obra movido por el amor y la obediencia a su Padre Dios. En el camino que Jesús tiene por delante sus discípulos no le pueden acompañar. Es un camino que tiene que recorrer  Él solo . Estamos en la hora escatológica; no es cuestión de afectos y sentimientos. Ahora nos deja su mandamiento. Qué hora tan decisiva en la histor...

Era de noche

M editación sobre Jn 13,21-32 Estamos en la Última Cena. Jesús, que sabe  que el diablo ya ha sugerido en el corazón de Judas, hijo de Simón, que lo entregue, anuncia a sus discípulos la traición del Iscariote. Lo va a hacer profundamente conmovido. Jesús se conmovió en su espíritu y declaró: “ En verdad en verdad  os digo que uno de vosotros me entregará” .  Los discípulos se miraban unos a otros sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: “Pregúntale de quién está hablando”. Él,  recostándose  sobre el pecho de Jesús, le dice: “Señor, ¿quién es?” Le responde Jesús: “Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar”. Mojando, pues, el bocado, lo toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Con qué delicadeza trata Jesús a Judas Iscariote: lo ha sentado a su mesa, le ha lavado los pies, le ha acogido en esa enseñanza tan preciosa que Jesús pronuncia después de...

Tercer Canto del Siervo

Meditación sobre Is 50,4-10 El Señor Dios. Con esta expresión, que resuena en todas las estrofas, se abre el Canto. El Siervo expresa la obra que el Señor Dios ha hecho en él. El Señor Dios me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Cada mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos. El Señor Dios le ha dado a su Siervo una misión bien determinada: que haga saber al cansado una palabra alentadora. Para eso le da lengua de discípulo y, para eso, cada mañana despierta su oído y le enseña a escuchar como los discípulos.    Una palabra especialmente alentadora es la invitación que Jesús nos dirigió en cierta ocasión: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y Yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Este es el obrar del Señor Dios en su Hijo Jesús.  Tod...

Segundo Canto del Siervo

  Meditación sobre Is 49,1-6 El Señor, que ha manifestado su poder en la Creación y ha mostrado sus designios de Salvación con los hechos realizados en la historia, anuncia una nueva etapa en sus acciones para salvar a los hombres. En esa tarea, desempeñará una función decisiva el Siervo de Dios. Escuchémosle: ¡Escuchadme, islas!  ¡Poned atención, pueblos lejanos!  El Señor me ha llamado desde el seno materno,  desde las entrañas de mi madre  ha pronunciado mi nombre.  Qué importancia tiene, en los Cantos del Siervo, la elección de Dios, la llamada a su Siervo desde el seno materno, el pronunciar su nombre desde las entrañas de su madre. Todo en la vida del Siervo responderá a esta vocación y a la misión que Dios le encarga. El Siervo del Señor invita a las islas a escucharle, a los pueblos lejanos a poner atención.     ¿Por qué esta invitación a escucharle, esa insistencia en que pongamos atención, y la revelación de que Dios le ha eleg...

Primer Canto del Siervo

  Meditación sobre Is 42,1-9 En el Nuevo Testamento, y en la tradición cristiana, la figura del Siervo se ha entendido en sentido mesiánico: Cristo Jesús, Rey y Profeta, es el verdadero Siervo del Señor. Con este horizonte meditamos este Canto. Estas primeras estrofas no pueden ser más profundas ni más bonitas. Solo el Hijo de Dios hecho hombre puede hacer honor a estas palabras, como se manifestará en el Bautismo del Señor. He aquí mi Siervo a quien yo sostengo,  mi elegido en quien se complace mi alma.  He puesto mi Espíritu sobre él:  dictará ley a las naciones. Qué preciosidad. El Siervo del Señor es el elegido al que Dios sostiene; en él se complace su alma y en él ha puesto su Espíritu. El Siervo es el encargado de llevar la ley de Dios a las naciones.    San Mateo nos dice que esta página de las Escrituras de Israel se cumplió el día en que Jesús fue a ser bautizado por Juan en el Jordán: Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrie...

La justicia que viene de Dios

  Meditación sobre Flp 3,7–14 Después de dejar claro que fue intachable en la justicia que deriva de la observación de la Ley de Moisés, Pablo va a dejar claro que esa justicia no sirve para nada; que, cara a la resurrección, solo sirve la justicia que viene de Dios por medio de la fe en Jesucristo:  Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas. Cristo Jesús, y la sublimidad de su conocimiento, es el criterio de juicio de todas las dimensiones de nuestra vida. Él es lo único valioso en nuestra vida. Por Cristo Jesús se pueden perder todas las cosas.    La fe, obra de Dios en nosotros, nos lleva a conocer que Cristo Jesús, nuestro Señor, es el Hijo Unigénito de Dios y es el Hijo del hombre; que en Él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente; que en Cristo está Dios reconciliando al mundo...