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Mostrando entradas de marzo, 2025

¿Qué Dios hay como Tú?

  Meditación sobre Miq 7 ¿Para qué nos ha enviado Dios a su Hijo? ¿Para qué ha venido el Hijo de Dios al mundo? Jesús nos va a responder a esta doble pregunta: primero nos dirá a qué no ha venido; luego, cuando nos dice a qué ha venido, sus palabras son escalofriantes: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él”. En estas palabras de Cristo, en las que deja claro que lo único realmente importante en nuestra vida es la relación personal con Él, culmina lo que el oráculo de Miqueas, el último de los cuatro grandes profetas escritores del siglo VIII, ya nos había anticipado: No creáis al prójimo,  no confiéis en el amigo;  guarda las puertas de tu boca  hasta de la que se acuesta en tu regazo.  Porque el hijo ultraja al padre,  la hija se alza contra su madre,...

Mujer, ahí tienes a tu hijo

  Meditación sobre Jn 19,25-30 Nos dice San Juan:  Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca». Para que se cumpliera la Escritura: «Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica». Y esto es lo que hicieron los soldados. El Crucificado ya está completamente despojado. El Espíritu Santo nos dice que todo ha sido para que cumpliese el designio de Dios. También para que se cumpla la Escritura va a tener lugar el encuentro entre Jesús y su Madre:  Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María mujer de Clopás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”....

Yo soy el buen Pastor

  Meditación sobre Jn 10,11-21 Para revelarnos el amor de Dios por su pueblo, los profetas de Israel utilizan diversas imágenes. Todas son preciosas. Una de las mas frecuentes es la imagen del pastor y su rebaño. A este horizonte pertenece este oráculo que nos ha dejado el profeta Ezequiel en el capítulo 34. Magnífico capítulo: Porque así dice el Señor Yahveh: “Aquí estoy Yo; Yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré Yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas. Las sacaré de en medio de los pueblos, las reuniré de los países, y las llevaré de nuevo a su suelo. Las pastorearé por los montes de Israel, por los barrancos y por todos los poblados de esta tierra. Las apacentaré en buenos pastos, y su majada estará en los montes de la excelsa Israel. Allí reposarán en buena majada; y pacerán pingües pastos por los montes de ...

Juan es su nombre

  Meditación sobre Lc 1,57-66 Después del relato de la visitación de María a Isabel, San Lucas nos dice: Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella.   Qué acontecimiento tan asombroso. En unas montañas perdidas de la tierra de Judea, se manifiesta la misericordia de Dios en una mujer de pueblo y, fruto de esta misericordia, Isabel dará a luz  y la alegría envolverá toda aquella gente.     Inspirado por el Espíritu Santo, el evangelista comprende que la concepción y el alumbramiento del niño Juan, el que será llamado el Bautista, es una gran misericordia que el Señor ha hecho a su madre Isabel. ¿Solo a Isabel? No. A todos. Esta gran misericordia la ha hecho Dios a todos los cristianos, que debemos tantísimo a este hombre grande ante el Señor que es Juan; y esta gran misericordia la ha hecho Dios a todos los hombres que, a lo larg...

María y el Salmo Primero

  Meditación sobre el Salmo 1 En el momento de la Anunciación María, Hija excelsa de Sión, recibe el saludo del ángel como representante de la humanidad, llamada a dar su consentimiento a la Encarnación del Hijo de Dios. Como Hija de Sión, María es la Virgen de la alianza que Dios establece con la humanidad entera. Con cuánto oración ha debido preparar la Virgen ese acontecimiento. María rezaba con la oración de Israel y, seguro que con frecuencia lo hacía con los Salmos. Los Salmos son la escuela en la que el Espíritu Santo va preparando a María para que llegue a ser la Madre del Hijo de Dios. María, meditando los Salmos, se fue dejando preparar para la misión que Dios le tenía reservada.  Vamos a considerar algún aspecto de la oración de la Hija de Sión al rezar el Salmo primero. Y vamos a hacerlo procurando unirnos a la oración de nuestra Madre. Empecemos escuchando con atención la primera palabra del Salmo, que es la primera palabra del Salterio: «¡Bienaventurado!». Es com...

Himno a la caridad

  Meditación sobre 1 Cor 13,1-13 En el Cenáculo, cuando está a punto de encaminarse hacia la Cruz para manifestar que nos ama hasta el extremo, Jesús nos dice:  “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como Yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros”. El amor de Jesús nos transforma el corazón: nos hace capaces de amarnos unos a otros con el amor con el que Él nos ama. Eso es la caridad. La caridad es el mandamiento nuevo que el Hijo de Dios ha venido a traernos; el sello, el único sello, que nos identifica como discípulos de Cristo.  A la caridad dedica San Pablo un himno de una belleza y profundidad particular. Después de tratar de los dones espirituales en el único cuerpo de Cristo, el Apóstol nos dice: Aspirad a los carismas mejores. Sin embargo, todavía os voy a mostrar un camino más excelente. Ese camino más excelente que los carismas mejores es la caridad: Aunque habla...

Hacer lo que el Señor nos dice

  Meditación sobre Lc 6,43–49 Llegamos al final del Discurso en el llano. El Señor nos va a revelar el misterio del corazón del hombre: “No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni tampoco árbol malo que dé buen fruto. Pues cada árbol se conoce por su fruto; no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas del zarzal. El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno, y el malo de su mal tesoro saca lo malo: porque de la abundancia del corazón habla su boca”. El mensaje es claro: cada árbol se conoce por su fruto . Y aplicarlo a nuestra vida es sencillo: el hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno . ¿Y quién ha puesto lo bueno en el corazón de ese hombre para que pueda sacarlo? Dios Padre, porque solo Dios es bueno. Así se lo dijo Jesús a cierto personaje distinguido que le preguntó:  “Maestro bueno, ¿qué puedo hacer para heredar la vida eterna?” Le respondió Jesús: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno solo: Dios”. Solo Dios es buen...